Synecdoche, New York (2008)

synecdocheEsta película me tomó por sorpresa. Al enterarme que fue escrita y dirigida por Charlie Kaufman -responsable del guión de Eternal Sunshine of the Spotless Mind-, la busqué inmediatamente, sin leer antes alguna sinopsis o crítica. Es difícil escribir sobre ella ya que cuando terminé de verla no sabía qué decir; mi cabeza estaba llena de pensamientos, pero no sabía cómo unirlos y formar algo coherente con ellos. Debí verla una segunda vez para poder entenderla, disfrutarla. Los temas que toca son muy interesantes, y es definitivamente una cinta que no dejará a nadie indiferente. Las interpretaciones obviamente varían según la persona que la vea, por lo que esta entrada refleja mi visión sobre la película (para poder explicarla tendré que contar el final, por lo que está de más avisar que la entrada tiene varios spoilers).

La cinta es protagonizada por Caden Cotard (Philip Seymour Hoffman), un director de teatro que bordea los 40 años. Todo comienza con un día como cualquier otro, pero pequeños detalles nos van sugiriendo que algo grande va a ocurrir. La relación de Cotard con Adele (Catherine Keener), su esposa, está deteriorada; tras años de matrimonio, Adele siente que la química entre ambos no es la misma, y decide viajar junto a su hija Olive a Alemania donde tendría una exposición de arte. El protagonista no entiende cómo su esposa decidió viajar sin él, y a este sentimiento se unen sus constantes malestares físicos y pensamientos acerca de la muerte. El resto de la película muestra la decadencia de Cotard, tanto física como emocionalmente, dando un panorama bastante desalentador.

Desde el principio la película nos entrega ciertos elementos que salen de lo que podemos llamar “normal”. Son pequeños atisbos de lo que nos mostrarán las escenas venideras. Los últimos minutos tienen vital importancia para poder comprender lo que hemos visto durante las 2 horas que dura la cinta; nos ayuda a hilar los momentos e ideas sueltas que surgieron en nuestras cabezas, pero que por alguna razón no pudimos comprender del todo. Muchas situaciones en la película rozan lo absurdo, ya que intentan demostrarnos que lo que vemos no es real.

Sabemos, tras verla por primera vez, que la historia no debía tomarse como algo literal, pero es ahí donde surgen las preguntas: ¿Fue todo un sueño de Cotard? ¿Es una especie de metáfora? ¿Estaba muerto? Como dije al principio de la entrada, las interpretaciones dependerán de cada persona; sin embargo, la más acogida y lógica es que Caden Cotard estaba muerto. Basta poner atención en lo que dice Millicent Weems (Dianne West) al momento de explicar la obra que el protagonista estaba preparando:

Caden Cotard es un hombre que ya está muerto. Vive en un mundo partido entre el delirio y el fracaso, y el tiempo está concentrado, confundido cronológicamente. Hasta hace muy poco él intentó valientemente encontrarle un sentido a su situación. Pero ahora se ha convertido en piedra.

Kaufman intenta a través de varios medios explicarnos lo que estamos viendo, pero es necesario ver más de una vez la película para poder comprenderla. No es raro que en las escenas finales ciertos personajes, como Weems, digan cosas como estas, rompiendo con la llamada “cuarta pared”.

Efectivamente, Caden Cotard estaba muerto. La película se transforma entonces en una especie de visión o alucinación que el protagonista experimenta al momento de fallecer. En esta, el subconsciente de Cotard le muestra sus más íntimos deseos y temores, reflejados en los mismos personajes. Dado que todo se encuentra en la mente de Cotard, los personajes pasan a ser un reflejo de la mente del protagonista. Por lo tanto, lo desalentador y pesimista de muchos momentos corresponden a sus propios pensamientos; la muerte de su hija, el abandono de su mujer, las pésimas experiencias amorosas que tiene, todo es producto de su subconsciente, el cual toma estos temores y les va dando forma.

El mensaje de la película se encuentra claramente ligado al existencialismo. Nos muestra lo fugaz que es nuestra presencia en el mundo y cómo muchas veces no la aprovechamos. Las constantes enfermedades que padece Caden Cotard son un reflejo del miedo que el protagonista tenía de morir, miedo que a fin de cuentas termina por ocupar gran parte de su vida y le impide desempeñarse de una mejor manera con su familia y amigos. La alucinación que experimenta Cotard durante la película tiene como fin darle a entender que muchas cosas en su vida fueron desaprovechadas por su cautela y temor injustificados.

Synecdoche, New York es, entonces, una película que nos llama a aprovechar nuestras vidas, a apreciar cada minuto que estamos en el mundo. Nos llama además a preocuparnos por las personas que tenemos cerca, a quienes muchas veces no les decimos lo que sentimos por temor a ser rechazados. Pero si no lo hacemos ahora, ¿cuándo? Puede que al principio la cinta nos parezca bastante pesimista y terminemos con un nudo en la garganta cuando aparezcan los créditos finales, pero es necesario ver más allá de ciertas escenas y centrarnos en su verdadero mensaje.

Para terminar, cito a uno de los personajes secundarios que sorpresivamente se transforma en uno de los elementos clave de la película:

Todo es más complicado de lo que crees. Sólo ves un décimo de lo que es la verdad. Existen millones de pequeñas cuerdas dependientes de cada decisión que tomas.
Puedes destruir tu vida cada vez que eliges. Pero, tal vez, pasen veinte años sin que lo sepas, y quizás nunca puedas detectar qué lo causó. Y sólo tendrías una oportunidad para lograrlo.
Sólo haz un intento y piensa en tu propio divorcio. Y te dirán que no existe el destino, pero existe, es el que tú construyes.
Y aunque el mundo continue por eras, y eras, tú sólo estás aquí por una fracción de fracción de un segundo. La mayor parte del tiempo la pasarás muerto, o nonato. Pero mientras estés con vida esperas en vano -derrochando años- una llamada telefónica, o una carta, o una mirada de algo o de alguien para hacerlo bien. Y nunca llega… o “parece que”, pero no es en serio.
Entonces, gastas tu tiempo penando vagamente, o con una vaga esperanza por algo bueno que se supone vendrá. Algo que te haga sentir conectado. Algo que te haga sentir completo. Algo que te haga sentir amado.

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4 pensamientos en “Synecdoche, New York (2008)

  1. Pingback: The Congress (2013) | sin sentido

  2. Pingback: Anomalisa (2015) – sin sentido

  3. Yo… nunca imaginé que estaba muerto. Me encantó la historia y creí entenderla pero aún quedaban muchos vacíos que no lograba llenar con algunas escenas que no entendía.
    Claro, le veo mucho sentido a lo que dices y eso cambia el punto de vista de la historia.
    Y parece que si es así.
    Qué tristeza.

  4. Pingback: mother! (2017) – sin sentido

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