In Bruges (2008)

inbrugesMartin McDonagh es un director que promete mucho. No le bastó con ganar un premio Óscar por su cortometraje Six Shooter (2004), sino que además dirigió una de las mejores películas del año pasado. In Bruges (conocida en español como Escondidos en Brujas) es una cinta que se basa en un buen guión y grandes actuaciones para poder transmitir las emociones de sus personajes y lograr que estos generen una  conexión especial con los espectadores. Con un poco de humor negro, diálogos interesantes y una historia bien estructurada, la película logra destacar del promedio y se eleva junto a otros títulos del 2008 que nos hacen pensar que el cine no está tan mal como uno creía.

Los protagonistas son Ray (Colin Farrell) y Ken (Brendan Gleeson), dos asesinos a sueldo que deben huir a Bélgica -específicamente a la ciudad de Brujas- mientras esperan las instrucciones de su jefe, Harry (Ralph Fiennes). Las personalidades de ambos personajes no pueden ser más disímiles, y esto se ve reflejado en su percepción de la misma ciudad, la cual con su arquitectura gótica adquiere  protagonismo con cada minuto que pasa. Las calles y edificios históricos de Brujas sirven como escenario para las conversaciones que estos dos sicarios tienen acerca de la vida, la muerte y la redención.

McDonagh no sólo dirigió la película, sino que además escribió el guión de la misma. Influenciado por el trabajo de Quentin Tarantino -lo cual se puede notar en las conversaciones que tienen los personajes y el humor negro que rodea a la cinta-, el director británico logra narrar la historia de una manera muy fluida, aprovechando cada escena para ir modelándola. Los elementos que conforman la película se van relacionando unos con otros, uniendo a diversos personajes o momentos de la trama. Todo esto es acompañado por la genial música de Carter Burwell, quien logra resaltar los sentimientos de tristeza y soledad de los actores. Sus melodías en piano son perfectas como telón de fondo para las caminatas que estos tienen por la ciudad.

Si tuviera que elegir lo mejor de la película, serían los personajes. Es notable el trabajo de Colin Farrell y Brendan Gleeson interpretando a sus respectivos personajes. La credibilidad de sus actuaciones nos hacen ver a Ray y Ken no sólo como unos simples asesinos a sueldo, sino como verdaderas personas, con sus virtudes y defectos. En este sentido el guión ayuda bastante, ya que consiste en un gran estudio de sus personalidades, sin limitarse a mostrar aspectos superficiales o caricaturas. Las diferencias entre ambos personajes tienen mucho que ver con su experiencia, con las cosas que han vivido. Esto obviamente influye la manera en que ven la vida, y determina cómo se desenvuelven en el mundo.

El personaje de Colin Farrell, por ejemplo, tras experimentar un traumático accidente, ve todo de una manera pesimista y poco esperanzadora. A lo largo de la película se le ve cargando con una pesada piedra, la cual lo lleva incluso a pensar en el suicidio. A pesar de ser un asesino a sueldo, Ray queda muy afectado tras matar a un niño por accidente, y sólo piensa en la manera de pagar por su pecado. A su sentimiento de culpa se suma el miedo al posible castigo que recibirá por su acto. En una escena los personajes examinan El juicio final, un tríptico del pintor Hieronymus Bosch (“el Bosco”) donde se encuentra representada la segunda venida de Jesucristo a la tierra y el juicio que realiza a los seres humanos dependiendo de sus actos. La obra del pintor se transforma en un tema recurrente de la cinta, otorgándole además una brillante estética a sus escenas finales.

Ken, por su parte, es un hombre que se dedica a este tipo de trabajo como manera de agradecer a su jefe. Sin familia ni nada que perder, el personaje de Brendan Gleeson es un ser solitario que deambula por la vida tratando de aferrarse a algo que le de cierto sentido. Ken se ve a si mismo como alguien que no puede dar vuelta atrás, y que está atrapado en el camino que escogió. Cuando descubre el verdadero motivo por el cual fueron enviados a Brujas, decide hacer una última buena acción, tratando de salvar la vida de su compañero y dándole una segunda oportunidad. El tercer personaje más importante de la película es Harry, el jefe de los sicarios. Vengativo, y con una particular manera de ver la justicia, decide matar a Ray como castigo por lo que hizo. Harry considera que existe una especie de código moral que las personas deben seguir, el cual no admite excepciones -aunque esto tendrá sus efectos en la última escena de la película.

In Bruges no es buena sólo por sus elementos técnicos. A las actuaciones y guión se suman los temas que trata la historia y cómo estos se complementan. La película sirve como base para la carrera de Martin McDonagh, quien gracias a este trabajo se ha ganado la atención de aquellos que disfrutamos con el cine.

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Brendan Gleeson (fondo) y Colin Farrell en una escena de In Bruges.

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