El reemplazante

Image¿Qué tan importante es la educación para nuestro país? Parece que no mucho. Es cierto que la Constitución reconoce el derecho a la educación como uno de los derechos fundamentales que tanto Estado como particulares deben respetar y promover, pero su eficacia es casi nula. No son más que palabras en un papel. Un ejemplo de esto es que la acción de protección, uno de los principales mecanismos establecidos para garantizar el cumplimiento de los derechos fundamentales, no protege el derecho a la educación, sino que solamente la denominada “libertad de enseñanza”, que permite “abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales”. Es decir, se antepone la figura de los educadores a la de los estudiantes.

Las movilizaciones surgidas el año pasado en Chile sirvieron para fijar las miradas en este derecho, otorgándole la importancia que siempre debió tener. Consignas como el fin al lucro en la educación universitaria o la gratuidad y mejor calidad de la educación llenaron los noticiarios y redes sociales. Lo que el movimiento estudiantil ha tratado de hacer es demostrarle a la sociedad que el problema de la educación no depende de una nueva mano de pintura, sino que es un problema estructural, que se ha mantenido durante décadas en colegios y universidades. Temas como la implementación de una jornada escolar completa o el otorgamiento de créditos universitarios no tocan el fondo del asunto, que dice relación con una grave falta de esperanza. Los estudiantes chilenos, especialmente es los sectores más marginales, son conscientes de que su esfuerzo no es suficiente para tener un mejor futuro, ya que el sistema mismo les priva de mejores medios. La educación chilena se limita a mantener las mismas desigualdades sociales que actualmente existen.

Es este sentimiento de frustración uno de los elementos que hacen de El reemplazante una serie cruda, real y cercana. Nacida antes de las movilizaciones del año 2011, la serie narra la historia de Carlos Valdivia (Iván Álvarez de Araya), un exitoso ejecutivo que trabajaba en Sanhattan, pero que debido a un error en una de sus predicciones bursátiles provoca grandes pérdidas a su empresa. Tras cumplir una condena en la cárcel, Carlos no tiene donde ir, ya que sus antiguos socios de negocios no confían en él. Es aquí donde aparece su padre, Dionisio, quien le consigue un puesto como profesor reemplazante en el colegio donde él y su hermano trabajan. El colegio se encuentra en un barrio de escasos recursos, un barrio donde él mismo creció, pero del cual había “escapado” cuando tuvo la oportunidad. Ahora, años después, está obligado a volver a esas calles para empezar de nuevo. Su primera experiencia como profesor es desastrosa, debiendo lidiar con la indiferencia y burla de sus alumnos. Aunque en un principio piensa en rendirse y dejar el trabajo, Carlos es convencido de seguir haciendo clases, tratando de comprender a sus alumnos y ayudarlos a cumplir sus objetivos.

Tomando la falta de oportunidades como eje central, la serie explora la vida de sus personajes y el ambiente en el que viven. Poco a poco, Carlos (o “Charlie”, como lo bautizan sus alumnos) se da cuenta que sus alumnos están prácticamente condenados a continuar viviendo en las mismas condiciones en que se encuentran, limitados al destino que les otorga el lugar en el que nacieron. Usando su propia experiencia como ejemplo, Charlie intenta enseñarles que si bien las condiciones son difíciles, el esfuerzo y trabajo pueden llevarlos a salir adelante. Pero los alumnos se muestran desconfiados. ¿Por qué creer que esta vez sí funcionará y podrán lograr sus anhelos? Lamentablemente los jóvenes tienen razón y las condiciones hacen que el camino se ponga cuesta arriba: el colegio en el que estudian no posee los recursos necesarios, los profesores no se encuentran suficientemente capacitados ni pasan toda la materia necesaria, y el sostenedor del establecimiento no está interesado en nada más que beneficiarse económicamente. De los alumnos del colegio que dan la psu, sólo unos pocos logran el puntaje necesario para entrar en alguna universidad, por lo que muchos le recomiendan a Charlie que deje de esforzarse en vano.

La historia que cuenta El reemplazante funciona porque sus personajes son creíbles, no meras caricaturas. Estos personajes nos importan, y por lo mismo los acompañamos en las decisiones que toman, sufriendo por sus desgracias y compartiendo sus alegrías. El gran mérito de la serie es no solo centrarse en los personajes adultos, sino también en los adolescentes, que son las verdaderas víctimas del modelo educativo chileno. Flavia, Maicol, Lalo, Zafrada, Ariel, Jenny, Cathy, todos ellos reflejan la rabia y desconfianza de quienes han recibido falsas esperanzas y una ilusión de progreso. Las mismas que surgen de un sistema que se basa en el “chorreo” y no en verdaderas medidas que tiendan a la equidad.

El reemplazante demuestra que la labor de los profesores en el futuro de sus alumnos es de gran relevancia. El trabajo de ellos no se limita a pasar tal o cual materia, sino a preparar a sus alumnos para que enfrenten de mejor manera los desafíos que el mundo les arroje. Charlie se da cuenta de esto y poco a poco comienza a forjar lazos con sus alumnos y con el entorno del cual había huido años atrás. Comienza a darse cuenta que el dinero no es lo único que debe influir en las decisiones que vaya a tomar, y es consciente de la enorme responsabilidad que tiene como formador de estos adolescentes. Sus esfuerzos llegan incluso hasta los padres de los alumnos y a la misma dirección del colegio, con el objetivo de poder crear un preuniversitario para que los jóvenes aprendan materia que en las horas normales de clases simplemente no recibirían.

Uno de los grandes defectos que tienen las películas y series nacionales son sus diálogos, los que suenan falsos y poco espontáneos en las bocas de actores que se esfuerzan sin éxito en alcanzar la esencia de lo que están diciendo. Esto no ocurre en El reemplazante, donde sus personajes –sobre todo los estudiantes- se desenvuelven de forma natural con diálogos que buscan transmitir lo justo y necesario, sin recurrir a expresiones poco naturales. Sí, hay harta puteada y modismos que pueden molestar a ciertas personas, pero la serie no se trata de caerle bien a todo el mundo, sino de reflejar una realidad que se ha intentado esconder por mucho tiempo. El efecto de los diálogos se potencia con las muy buenas actuaciones del reparto, especialmente de Sebastián Ayala (Maicol), Roberto Farías (Pancho), Karla Melo (Flavia) y Sergio Hernández (Dionisio).

Tampoco se puede ignorar el gran trabajo de los creadores de la serie en el aspecto visual, con una muy buena fotografía y trabajo de cámara (utilizando cámara al hombro para darle un mayor realismo, sin caer en el exceso de la “cámara temblorosa” que está tan de moda en algunas películas), locaciones reales de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, e incluso en detalles como el vestuario de los personajes, que logra transmitir ciertos datos acerca de sus personalidades.

Otro aspecto importante de El reemplazante es que tiene un rol fundamental como forjadora de un tipo de obra audiovisual nueva para nuestro país, que es la serie de televisión. Desde el surgimiento de los primeros canales de televisión, Chile ha sido principalmente un consumidor de teleseries. Éstas se han caracterizado por tramas simples y personajes que se dividen en buenos y malos, ignorando que la vida está llena de matices y ambigüedades. Como el objetivo de estos trabajos es lograr la mayor audiencia posible, el guion es fácil de abordar y sus personajes están casi siempre basados en estereotipos reconocibles. Series como El reemplazante, Los archivos del cardenal y Los 80 han introducido una nueva forma de ver los trabajos de ficción en la televisión, centrándose en el desarrollo de sus personajes, haciéndolos complejos y no meros arquetipos, y tocando temas que e ideas que requieren ser analizados por el espectador.

¿Qué es lo que queda pendiente? El reemplazante no está exento de problemas, pero es preciso aclarar que estos no radican en los guionistas, directores o actores de la serie, sino que en elementos ajenos a ellos. El financiamiento del proyecto dependió principalmente de fondos concursables entregados por el Consejo Nacional de Televisión, sin los cuales no habría sido posible concretar la serie. Este problema es más frustrante al ver cómo otras producciones (realitys, programas de concurso, programas juveniles) reciben más plata por parte de los canales ya que generan más utilidades. ¿De eso se trata la televisión? ¿De potenciar aquello que es más rentable? Es cierto que los canales deben obtener utilidades para sobrevivir, pero basar casi toda su parrilla programática en este elemento es simplificar un problema esencial: lograr el equilibrio entre incentivo económico y el acceso de la sociedad a la cultura. Lo peor es que TVN la ubicó en un horario muy malo, en el que es difícil que tenga una gran audiencia. No obstante esto, El reemplazante ha logrado un importante número de seguidores, lo que otorga un poco de esperanza sobre este panorama tan negativo.

Hace algunos días se informó que El reemplazante tendrá una segunda temporada, lo que es muy positivo tomando en cuenta las posibilidades de la serie. Como ya dije, uno de sus pilares son sus personajes, por lo que esta nueva temporada es una gran oportunidad para seguir desarrollándolos. Sería interesante poder ver nuevos detalles de sus vidas, sobre todo de los personajes secundarios como Ariel, Jenny o Zafrada. Aunque sus historias fueron tratadas en esta primera temporada, tienen un gran potencial para ser profundizadas.

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2 pensamientos en “El reemplazante

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