Proyecto de ley de cine chileno

Durante los últimos 10 años se han estrenado aproximadamente 250 películas chilenas. De esas, ¿cuántas hemos visto? Con esa pregunta comienza el video que busca apoyar un proyecto de ley que pretende garantizar una mayor presencia de películas nacionales en las salas de cine del país. En el video participan actores como Bélgica Castro, Gloria Münchmeyer, Alejandro Trejo, Daniel Muñoz y Amparo Noguera, quienes nos llaman a exigir una mejor regulación y cobertura del cine chileno.

¿Cuál es el verdadero alcance de este proyecto de ley? A continuación algunos datos que buscan facilitar su análisis:

  • El proyecto de ley fue ingresado a la Cámara de Diputados el 11 de octubre de 2012, recibiendo el número de boletín 8620-24. Los diputados que impulsan el proyecto forman parte de diversos partidos políticos, desde el Partido Socialista (Marcelo Díaz, Marcelo Schilling, Alfonso de Urresti) hasta la Unión Demócrata Independiente (María José Hoffman, Claudia Nogueira).
  • Su objetivo es modificar la ley 19.981, denominada Ley de Fomento Audiovisual, la cual fue promulgada el año 2004. La modificación consistiría en agregar un nuevo capítulo en aquella ley, titulado “De las cuotas de pantalla y la media de continuidad”, el cual consta de nueve artículos.
  • El objetivo de la ley 19.981 consiste en “el desarrollo, fomento, difusión, protección y preservación de las obras audiovisuales nacionales y de la industria audiovisual”. Con la ley se creó el Consejo del Arte y la Industria Audiovisual, que a través del fondo de fomento audiovisual busca ayudar en el financiamiento de proyectos o programas audiovisuales chilenos.
  • A pesar de esta ayuda económica, muchas de las películas nacionales duran poco tiempo en las salas de cine, debido a la fuerte competencia de las cintas extranjeras. El proyecto de ley de cine chileno pretende equilibrar la situación, estableciendo cuotas de pantalla que deben ser respetadas por las salas de cine ubicadas en nuestro país. Estos cines estarán obligados a incluir un porcentaje mínimo de películas chilenas o latinoamericanas dentro de su cartelera, que corresponderá a una tercera parte del total de películas de producción distinta exhibidas durante el semestre anterior. Es decir, si durante un semestre se exhibieron 300 películas de producción distinta (a la chilena o latinoamericana), en el semestre siguiente deberán exhibir como mínimo 100 películas chilenas o latinoamericanas.
  • Además de la cuota de pantalla recién explicada, en el proyecto se menciona una “media de continuidad“, en base a la cual se determinará si una película chilena continúa o no una semana más en cartelera. La media de continuidad varía según la capacidad de asistentes que tenga la sala y a si nos encontramos en una temporada baja o alta, pero en todos los casos se trata de un porcentaje bastante bajo de asistencia (entre un 8 y 18 por ciento de ocupación). Al cumplirse este porcentaje de asistencia, los exhibidores están obligados a mantener la película durante una semana más.
  • Las reglas establecidas por el proyecto de ley no se aplican a “los exhibidores audiovisuales sin fines de lucro, los que exhiban obras audiovisuales gratuitamente, los que exhiban obras audiovisuales solamente seis días a la semana o veinte días al mes y aquellos que funcionen ocasionalmente, es decir, no más allá de sesenta días
    dentro de un año calendario”.
  • La infracción de las reglas establecidas en el proyecto de ley consiste en una multa a beneficio fiscal, que va desde 200 hasta 600 UTM si la infracción es reiterada.

Aunque estamos en presencia de un proyecto de ley que recién está comenzando su tramitación, vale la pena examinar sus disposiciones, sobre todo por el apoyo mediático que está recibiendo y por el tema que busca regular. El proyecto intenta corregir un problema que es bastante evidente: la falta de competitividad comercial de las películas nacionales. De las veinte y tantas cintas chilenas estrenadas al año, no son más de tres o cuatro las que son vistas por un número relevante de espectadores. El año 2012, por ejemplo, la atención se centró en cintas como Qué pena tu familia, No y Stefan v/s Kramer, mientras que el resto de las producciones se conformaron con ser exhibidas por un circuito más independiente.

No se trata de un tema de calidad de las películas, ya que cada vez son más las noticias sobre cintas nacionales que obtienen premios en festivales de cine a lo largo del mundo. El problema radica más bien en la difícil tarea de competir contra una industria tan grande como la estadounidense, que goza de una enorme presencia en el mundo. El proyecto busca aminorar esta desigualdad de fuerzas, otorgándole más herramientas a la industria nacional y latinoamericana.

¿Pero por qué razón el Estado debería entrometerse en la economía? ¿No va en contra del libre mercado? Claro, quienes adoran la libertad de mercado pueden ver con desconfianza este tipo de medidas, ya que atentarían contra el correcto funcionamiento del modelo económico que ellos profesan con tanto fervor. Pero debemos entender que lo que está en juego es un bien cultural, que no necesariamente debe someterse a las reglas de la oferta y la demanda, ya que constituye un bien de mayor importancia. Este pensamiento explica por ejemplo los beneficios tributarios de que gozan instituciones como museos o bibliotecas, a las cuales se les otorgan facilidades económicas para cumplir con la misión de fomentar la cultura dentro de la sociedad. Este proyecto de ley opera sobre la misma lógica. Se entiende que la industria cinematográfica chilena posee un valor cultural tal que debe ser protegida y promovida.

A mi parecer el fomento del cine chileno es algo necesario, sobre todo por las desiguales condiciones en que debe competir contra la industria de Estados Unidos. Hay casos especiales como Stefan v/s Kramer o Sexo con amor, donde el cine nacional ha logrado incluso superar en número de espectadores a las superproducciones de Hollywood, pero ocurren cada ciertos años. Si un importante número de películas chilenas son financiadas con dineros estatales parece natural que el resultado esté a disposición de quien quiera verlo, ¿cierto? Esto se dificulta si las películas solo duran una semana en cartelera, ya que son reemplazadas por cintas extranjeras que llaman más la atención del público y resultan más rentables para los exhibidores.

Sin embargo, al pensar en el tema surge un duda. ¿En qué se diferencia este proyecto de ley de aquel que pretende obligar a tocar un cierto porcentaje de canciones chilenas en las radios? Dicho proyecto -que sigue en tramitación en el Congreso- recibió varias críticas en su momento, siendo tildado de “conservador” y “naturalista”. ¿Por qué este proyecto de ley sobre el cine chileno debería ser diferente? La verdad es que las críticas hacia ese proyecto de ley no se centraron en la idea misma de aminorar la desigual competencia entre las dos industrias, sino más bien en la forma en que pretendía hacerlo. Uno de los argumentos era que el proyecto atentaba contra la libertad de expresión y la libertad editorial de las radios, mientras que otros apuntaban a la idea de que la radio no es el único medio de difusión de la música chilena.

No creo que el primer argumento sea aplicable al proyecto de ley de cine chileno, ya que los exhibidores no organizan su cartelera basados en una línea editorial, sino que en aspectos simplemente comerciales. Las películas que están más tiempo en cartelera son las que llevan más espectadores. En realidad la idea de una línea editorial solo se da en aquellas salas de cine independientes o pertenecientes a universidades, donde se realizan ciclos de cine sobre algún determinado periodo o director. La mayoría de estos exhibidores, como ya se señaló, no estarían sujetos a las reglas del proyecto de ley.

Tal vez el punto más importante sea el segundo, que dice relación con la existencia de otros medios de difusión. Así como se busca promover una mayor presencia de películas chilenas en las salas comerciales, ¿no debería también permitirse su acceso a través de otros canales? Es cierto que la exhibición en cines constituye una relevante fuente de ingresos para quienes buscan recuperar el dinero con el que se financió una película, pero si el objetivo del proyecto de ley dice relación más con la difusión que con la obtención de ingresos económicos se habrían incluido regulaciones relativas a internet o a su venta en DVD o Blu-Ray. Proyectos como Cinepata.com demuestran que los directores nacionales son capaces de explorar alternativas a la difusión tradicional de sus obras, llegando así a un mayor número de espectadores.

Las buenas intenciones de este proyecto de ley deben ir de la mano con una regulación eficiente, que impida situaciones como la de Argentina, donde el número de películas nacionales estrenadas está casi a la par con el de producciones extranjeras, pero que por problemas en su difusión solo unas pocas son realmente vistas por los espectadores, mientras que el resto pasa sin pena ni gloria por las salas de cine.

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