Trance (2013)

ImageDanny Boyle es un buen director. Tiene un estilo definido y es responsable de películas que se han convertido en hitos del cine contemporáneo, como Trainspotting o 28 Days Later. Sin embargo, su trabajo no alcanza el nivel de otros directores de su generación, como David Fincher, Paul Thomas Anderson o los hermanos Coen. Son visualmente llamativas, y sus premisas son muy interesantes, pero parecen cojear en el resto de sus elementos. Lamentablemente este pensamiento queda reforzado con su nueva película, Trance.

En las subastas de obras de arte siempre está la amenaza de sufrir un robo. Dado que se trata de eventos donde se venden objetos de enorme valor cultural y económico, las subastas llaman la atención de personas que están dispuestas a hacer casi cualquier cosa por obtener una de esas pinturas. Simon (James McAvoy) forma parte de un equipo de seguridad que trabaja en estas subastas, y su trabajo consiste en llevar la pintura a una bóveda especial en caso que se produzca un robo. Sin embargo, los complejos mecanismos de seguridad del evento no fueron suficientes para detener a un grupo de delincuentes que logra apoderarse de la pintura Vuelo de brujas, del español Francisco de Goya. Durante el robo, Simon recibe un fuerte golpe en la cabeza, lo que le provoca una contusión y una leve pérdida de memoria.

Es aquí cuando se explica que Simon no fue víctima del robo, sino que formaba parte de las personas que lo llevaron a cabo; un informante. El problema es que no cumplió íntegramente con su tarea, ya que cuando el líder del grupo, Marck (Vincent Cassel), abrió la funda de la pintura solo encontró el marco. Solo Simon sabe el paradero del lienzo, y producto del golpe que recibió no es capaz de recordar dónde la dejó. Dado que se trata de una pintura de valor incalculable, Marck opta por una medida poco ortodoxa y decide llevar a Simon a un especialista para que lo ayude a recordar a través de sesiones de hipnotismo. La especialista se llama Elizabeth (Rosario Dawson), y rápidamente descubre algo sospechoso en su nuevo paciente.

Utilizando el hipnotismo y la mente humana como elementos principales, este thriller psicológico salta numerosas veces entre realidad e inconsciente. Las sesiones de hipnotismo a las que es sometido Simon van revelando poco a poco sus recuerdos y motivaciones, así como un constante temor hacia Franck y sus hombres. Pero estas revelaciones solo son parte de una red mucho mayor de secretos y mentiras, en las que están implicados la mayoría de sus personajes. Además, debido a la capacidad de Elizabeth para influir en la mente de Simon, existe una constante duda respecto a si los recuerdos que se muestran son reales o no.

Este juego entre recuerdos implantados y personajes que no son lo que parecen recuerda bastante a la película Memento (2000), donde uno debe ir de la mano con el protagonista tratando de descubrir las verdaderas motivaciones de los personajes que lo rodean. En Trance la situación es similar, pero a diferencia de la película de Nolan el tamaño de la conspiración es demasiado grande y su naturaleza muy compleja, desmoronándose hacia el final. Sin mencionar que un dato al que se hace referencia en una de las escenas (para no revelar nada esencial solo diré que está relacionado con el número “5”) hace muy poco probable lo que ocurre entre los personajes.

Ni siquiera en el aspecto visual esta película destaca por sobre otras cintas de Danny Boyle. Si bien se recurre a técnicas vistosas en varias de las escenas –sobre todo en las que constituyen recuerdos de Simon-, la sensación que queda es la de una preeminencia de la forma por sobre el fondo. De hecho, algunas de estas técnicas visuales son totalmente innecesarias, como aquella que simula un efecto de vértigo cuando Simon mira hacia abajo desde la azotea de un edificio. El plano solo dura un par de segundos, y es algo completamente superficial, ya que el énfasis de la escena está en la conversación que tiene Elizabeth con el protagonista.

Sin ser una mala película, el problema de Trance es que descansa casi exclusivamente en los giros de su trama; en revelaciones que son demasiado artificiosas y poco creíbles para ser tomadas en serio. Además no parece muy meritorio hacer una película donde la mayor parte del tiempo se muestra a los personajes explicando los elementos confusos de la trama. Al final, una de las principales razones para verla es la presencia de Rosario Dawson.

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3 pensamientos en “Trance (2013)

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