Man of Steel (2013)

ImageNo es ninguna novedad que las películas sobre superhéroes reciben, por lo general, una gran atención por parte del público. Basta con revisar los éxitos de taquilla de la última década y notar la relevante presencia de estas cintas. Como dueños de la gallina de los huevos de oro, las compañías a cargo de estas películas no se conforman con hacer dos o más cintas basadas en el mismo superhéroe, sino que adoptaron además la estrategia del “reboot” o “reinicio”. Cuando una de sus franquicias llega al punto en el que se hace cada vez más difícil añadir nuevas partes a la saga sin caer en lo repetitivo, los estudios deciden reiniciarla, contando nuevamente la historia de su personaje principal, manteniendo a grandes rasgos sus características pero modificando aquellos elementos que no funcionaron en el primer intento. Así ha ocurrido con Batman (Batman Begins, 2005), Hulk (The Incredible Hulk, 2008) o Spider-Man (The Amazing Spider-Man, 2012), sumándose este año a la tendencia el superhéroe por antonomasia: Superman.

Después de una muy irregular Superman Returns (2006), la historia cinematográfica de Superman parecía haber llegado a un punto muerto. La única opción viable para recuperar la popularidad que había gozado el personaje a manos de Richard Donner en 1978 parecía ser un borrón y cuenta nueva; contar su ya mítica historia desde el principio. El impulso que necesitaba la idea vino, paradójicamente, del éxito económico que estaban logrando las películas de Marvel, principal competidora de DC. Inspirada por la estrategia a largo plazo que utilizó Marvel para dar forma a The Avengers, DC decidió revivir a su personaje más conocido, aquel que hace más de siete décadas definió el concepto de lo que hoy entendemos por “superhéroe”.  La película, titulada Man of Steel (El hombre de acero), estuvo a cargo del director Zack Snyder, responsable de trabajos como 300, Watchmen y Sucker Punch, sobre quien recayó la no sencilla labor de darle un nuevo aire a Superman.

El origen del personaje que se muestra en la película no varía de la versión que uno ya conoce. En un planeta llamado Krypton nace Kal-El, hijo de Jor-El (Russel Crowe) y Lara Lor-Van (Ayelet Zurer), quienes ante la inminente destrucción del planeta en el que habitan deciden enviar a su único hijo a la Tierra. La nave en la que viaja aterriza en Kansas, donde Kal-El es adoptado por una pareja de granjeros llamados Martha (Diane Lane) y Jonathan Kent (Kevin Costner). Llamado Clark por sus nuevos padres, el niño no tarda en darse cuenta que posee habilidades muy distintas a los del resto de las personas; su fuerza y sentidos fueron fortalecidos enormemente gracias a la radiación solar que recibió al crecer en nuestro planeta. Ante sus preguntas, Jonathan decide contarle a Clark cómo llegó a la Tierra, y le advierte que debe mantener en secreto su verdadera capacidad, ya que no está seguro de que el resto de la humanidad esté preparada para alguien como él.

Siguiendo los consejos de su padre adoptivo, Clark intenta vivir como un joven normal, pero en más de una ocasión recurre a sus habilidades para salvar a personas que lo necesitan. Ya adulto, Clark (Henry Cavill) salva a una reportera llamada Lois Lane (Amy Adams), quien pese a descubrir su verdadera identidad jura guardar el secreto. Pero su identidad será su menor preocupación una vez que aparece un grupo de kryptonianos liderados por un general llamado Zod (Michael Shannon), quien había liderado un fallido golpe de Estado en su planeta natal. El plan de Zod consiste en crear una nueva Krypton, usando como cimiento al planeta Tierra. Es ante esta amenaza a la humanidad que Kal-El decide dejar de esconderse y se enfrenta a los invasores.

Uno de los aciertos de la película consiste en tratar el tema de la marginación de Superman respecto al resto de la humanidad. A través de diversos flashbacks se muestra cómo fue la niñez y juventud de Clark en Kansas, lidiando con una situación que no comprende del todo. El miedo de las personas a aquello que no comprenden lo obliga a mantener en secreto sus verdaderas habilidades, y lo llevan a tener que convertirse en un nómade que viaja de pueblo en pueblo, intentando pasar desapercibido. Pero poco a poco irá comprendiendo que esta situación que lo hace distinto al resto puede llegar a ser beneficiosa, ya que le permite ayudar a aquellos que lo necesitan. Más que una amenaza o un monstruo, Kal-El es un salvador.

Y la elección de esta palabra no es arbitraria. Es cosa de revisar la historia de Superman en los cómics para descubrir importantes referencias bíblicas, especialmente a Moisés y Jesús. Al igual que Moisés, Kal-El es salvado por sus padres, quienes lo embarcan en una nave/cesta que lo lleva a un lugar donde es adoptado y criado por otras personas (terrícolas/egipcios). Y como Jesús, permanece en el completo anonimato hasta la adultez, cuando se convierte en un mensajero de la justicia y en el salvador de la humanidad. Man of Steel reconoce estas citas mesiánicas e incluso las potencia, mencionando por ejemplo que Clark Kent tiene 33 años. De hecho, en una de las escenas de la cinta, donde se menciona el rol de Kal-El como salvador de la Tierra, el personaje sale de una nave espacial con sus piernas juntas y sus brazos extendidos, imagen que hace recordar a una cruz. ¿Hay una forma más clara de reconocer el paralelo entre estos personajes?

Aunque el director Zack Snyder no se ha caracterizado en sus anteriores trabajos por momentos que requieren de mayor emotividad, en Man of Steel logra transmitir de forma satisfactoria este tipo de escenas. El mérito, eso sí, radica principalmente en los actores, sobre todo en Kevin Costner y Diane Lane, quienes interpretan a los padres adoptivos de Clark Kent. Temas como la marginación de Kal-El no habrían tenido la misma fuerza si no hubiese sido por la actuación de Costner o Lane. El resto de los actores logra un buen trabajo, y pese a la gran presión que significa la ya clásica interpretación de Christopher Reeve, Henry Cavill logra convertirse en un Superman que cumple con lo exigido. Pero donde Man of Steel es especialmente superada por las antiguas películas del superhéroe es en la música. La banda sonora de Hans Zimmer logra complementar las escenas de acción y le entrega a la cinta un aire épico, incluso ceremonioso, pero no es ni por si acaso tan memorable e icónica como la música que compuso John Williams en 1978.

Uno de los puntos que menos me gustó de la película fue su exceso de destrucción en las escenas de acción. La tecnología disponible en la actualidad es claramente superior a la que existía hace treinta años, y Man of Steel no escatimó en recursos para que esto quedara claro. Es como si los responsables de la película hubiesen decidido tomar todas las escenas de acción que faltaron en Superman Returns y las multiplicaron por diez mil. El resultado son unas secuencias de pelea espectaculares, donde los múltiples enfrentamientos entre Superman y los kryptonianos parecen sacados de una versión en carne y hueso de Dragon Ball Z. Los cuerpos son arrojados de un lado a otro, llegando a crear cráteres en el suelo y atravesando edificios como si se tratara de una maqueta hecha de cartulina. Es tal el poder de estos personajes que llegan a crear ondas expansivas de energía cuando reciben algún golpe. El problema es que entre tanto edificio destruido uno empieza a cansarse y aparecen algunas preguntas que cuestionan la lógica de este universo. ¿Cuántas personas murieron en esta pelea? ¿La docena de edificios que se derrumban en la película estaban desocupados? ¿Por qué ninguno de los periodistas del Daily Planet resultó herido si estaban en el medio de esta destrucción?

Esto es preocupante si uno piensa que al ver películas de superhéroes todo espectador debe realizar algunas concesiones, como ajustar sus niveles de credulidad para aceptar que lo que se muestra en la pantalla no es tan imposible como parece, ya que está al servicio del entretenimiento. Lo que pasa con el último tercio de Man of Steel es que es tan exageradamente destructivo que uno llega al punto de desconcentrarse por este tipo de preguntas. Lo que estoy tratando de explicar tal vez se entienda mejor comparando las escenas de acción con las que aparecen en The Avengers, donde la destrucción de Nueva York es grave, pero no llega a los niveles apocalípticos de la película de Snyder. De esta manera, al ver la película de Joss Whedon uno solo se preocupa de disfrutar las escenas de acción, sin tener que preocuparse de otros detalles.

A pesar de lo desconcentrantes que pueden llegar a ser estas escenas, Man of Steel logra cumplir con su objetivo. La película es una buena adaptación del mito de Superman, tratando temas muy interesantes relativos al personaje y logrando una buena cuota de emotividad.

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6 pensamientos en “Man of Steel (2013)

  1. Me pasó lo mismo que con Los Vengadores, siento que se tomaron la película demasiado serio. En el caso de Los Vengadores sentí la película larga, que se tomaban mucho tiempo en un trama que no era para nada complejo, lo mismo ocurre aquí; el comienzo de la película parece más una fanfarronería visual que otra cosa. innecesariamente larga para mi gusto; y ese es el problema que genera para mi la película, el manejo de los tiempos; se toman demasiado tiempo para algunas cosas irrelevantes y para otras absolutamente nada. Las escenas de acción me parecieron cansinas al igual que las de Los Vengadores, sinceramente después de tanta explosión y destrucción en cierto punto uno llega a perder el interés.

    No me pareció ni tan buena ni tan mala, pero como mencionaste ahí, las peleas en velocidad estaban dignas para Dragonball Z, lamentablemente nos tocó DB Evolution -_-

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