The Act of Killing (2012)

ImageThe Act of Killing es un documental que no dejará indiferente a ningún espectador. Con solo ver su tráiler supe que tenía que ver el documental, ya que su premisa era tan extraña que parecía difícil que una historia como esta no fuese ficticia. Pero si algo nos ha enseñado la historia es que en términos de crueldad el ser humano es insuperable. La cosa es así: En 1965 el gobierno de Indonesia fue derrocado a través de un golpe de Estado liderado por militares, quienes contaron con apoyo de Estados Unidos. El nuevo gobierno llevó a cabo el secuestro, tortura y asesinato sistemático de todas aquellas personas que eran consideradas comunistas, ya que según los militares representaban una amenaza para la seguridad de la nación.

Estas tareas fueron llevadas a cabo por organizaciones paramilitares e incluso por gangsters indonesios. Uno de estos gangsters, Anwar Congo, fue uno de los más temidos durante aquella época, y es precisamente él quien protagoniza este documental. El director Joshua Oppenheimer no solo entrevista a Anwar acerca de sus asesinatos y los métodos que utilizaba, sino que le facilita a él y a algunos de sus antiguos compañeros los medios necesarios para que filmen una película en la que representen los actos que cometieron. Es decir, se les entrega libertad para que expliquen según su punto de vista lo que ocurrió durante aquella época.

Lo que más llama la atención acerca de esto no es solo la crueldad de las muertes y secuestros, sino la forma en la que los responsables hablan de ellos. En las entrevistas no se percibe arrepentimiento por parte de estas personas, sino que nostalgia, incluso orgullo. En Indonesia, a diferencia de Chile y otros países que sufrieron dictaduras militares, no se llevó a cabo un proceso de transición a la democracia ni se condenaron estos crímenes de lesa humanidad. El silencio del Estado de Indonesia durante los años siguientes solo sirvió para justificar este tipo de actos, por lo que los responsables están convencidos de que sus actos no son reprochables. Lo que es peor es que estas creencias son compartidas por una parte importante de la población, lo que explica que la agrupación paramilitar que llevó a cabo tales masacres tenga un rol muy relevante dentro de la sociedad.

Oppenheimer aprovecha la soltura con la que los entrevistados hablan de sus actuaciones para crear un extraño relato en el que se mezcla violencia, impunidad y crueldad. En una de las escenas, por ejemplo, uno de los entrevistados explica que no está de acuerdo con tratados internacionales como el Convenio de Ginebra, ya que según él definiciones como “crimen de guerra” son hechas por los ganadores. Como él forma parte de los ganadores, puede hacer la definición que le plazca. Al ser interrogado sobre la importancia de investigar lo que pasó en esa época, el entrevistado dice que reabrir casos como aquel en el que participó solo provoca conflictos. Aunque una explicación como esta puede sonar absurda y lejana, no dista mucho de la utilizada por los militares que cometieron violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet.

Si bien el documental trata un caso extremo como el de Indonesia, aún así sirve para examinar otras dictaduras militares, especialmente las de Chile y el resto de América Latina. Los elementos esenciales coinciden en uno y otro caso. Ambos golpes de Estado fueron facilitados por la intervención de Estados Unidos; en ambas dictaduras se persiguieron a personas por su ideología política; en ambas se les sometió a torturas y procedimientos que no cumplían con los requisitos mínimos de un debido proceso; y en ambas se recurrió al asesinato para exterminar una supuesta amenaza a la seguridad nacional. Y si bien en Chile este tipo de crímenes fueron juzgados una vez finalizada la dictadura, aún existen vestigios de aquella época y personas que nunca respondieron por su rol durante esos años.

Otro elemento importante en el documental es el cine, el cual es examinado en relación a su importancia comunicacional. Este aspecto no solo está representado por la película que el protagonista y sus amigos están filmando, en la cual buscan expresar la forma en la que ellos mismos vivieron la masacre ocurrida en los años 60, sino también en la forma en que el cine influyó en la sociedad indonesia. Anwar, por ejemplo, basaba sus métodos para asesinar a los prisioneros a través de lo que veía en películas de gangsters. La fuerza del cine como herramienta comunicacional fue incluso aprovechada por el mismo gobierno militar, que intentó generar miedo y odio hacia los comunistas a través de propaganda política que era mostrada de forma obligatoria a los niños indonesios.

Este documental está lleno de escenas memorables que lo convierten en un filme que hay que ver sí o sí. Los testimonios de los victimarios se complementan muy bien con la representación que ellos mismos hacen de sus crímenes, lo que entrega una pequeña ventana hacia la mente de estas personas. Uno de los momentos más potentes del documental es aquel en que se muestra a Anwar actuando en una de las escenas de la película, interpretando a una víctima de tortura. Por primera vez en su vida se pone en el lugar de las personas que mató. Y si bien es solo una representación, llega a sentir en carne propia una porción del miedo de sus víctimas.

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3 pensamientos en “The Act of Killing (2012)

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