Barrio universitario (2013)

ImageEl club de la comedia lleva ya varios años en la televisión. Empezó en el canal ViaX, bajo el nombre Sociedad de Cómicos Anónimos (SCA), y posteriormente se trasladó a Chilevisión, donde alcanzó la fama. Si bien a algunas personas no les gusta el tipo de humor que se muestra en el programa, no se puede negar que sus monólogos y sketchs tienen una importante base de fanáticos, lo que les ha permitido permanecer todo este tiempo en horario prime. Y es precisamente esta popularidad lo que posibilitó que sus miembros pudieran hacer y protagonizar su propia película: Barrio universitario.

El problema es que este cambio de formato no es nada fácil, ya que aquellas fórmulas que funcionaron en la televisión no necesariamente van a tener el mismo efecto en una película hecha y derecha. El primer y mayor obstáculo lo constituye la estructura misma del programa. Un capítulo cualquiera de El club de la comedia está compuesto por una serie de sketchs y monólogos breves que se suceden unos a otros, lo que si bien puede ser replicado en una película, no tendría mayor mérito ya que solo sería un capítulo de larga duración. Desechada esa opción, lo que queda consistiría en escribir una historia que pueda abarcar a lo menos 90 minutos, que tenga un cierto número de personajes identificables y una trama que posea un inicio, un desarrollo y un final.

La historia escogida por Fabrizio Copano y Pedro Ruminot, guionistas de la película, gira en torno al mundo universitario, siendo su protagonista un joven llamado Miguel (interpretado por el propio Copano), quien estudia en el decadente instituto Michael J. Fox junto a sus amigos Dallas (Sergio Freire), Dakota (Pedro Ruminot) y Guata (Rodrigo Salinas). Un día, mientras intenta escapar del mechoneo, Miguel entra a la pudiente universidad que está cerca de su instituto. Allí conoce a una joven llamada Isadora (Juanita Ringeling), quien le explica que dentro de algunos días se va a realizar un concurso de robótica llamado “Un robot para Chile”, cuyo premio consiste en un viaje a Silicon Valley.

Miguel decide entrar al concurso junto a sus amigos para poder conocer mejor a Isadora e intentar conquistarla. Sin embargo, sus conocimientos en robótica son nulos, y sus amigos no son de gran ayuda. Aunque cuenta con el apoyo de un profesor del instituto (Luis Dubó), el grupo de personajes descubrirá que la tarea es más difícil de lo que pensaban, debido principalmente a la gran diferencia de recursos que existe entre ellos y los demás concursantes. Será este abismo social el que deberá enfrentar Miguel para poder lograr el amor de Isadora, cuidando de no perder la amistad con sus compañeros de instituto.

Aunque la película logra tener una trama y unos personajes identificables, el resto de sus elementos cojea bastante. El desarrollo de la historia, por ejemplo, no es del todo fluido, y se notan ciertos aspectos que hacen recordar a la estructura del programa de televisión. Algunas de las escenas pueden funcionar muy bien como sketchs de El club de la comedia, pero no logran aportar mucho al aspecto global de la trama. Lo que falla, por lo tanto, es el hilo conductor que debe unir todos estos segmentos. Uno nota que Copano y Ruminot se esforzaron por darle a la película una cierta fluidez, pero el resultado todavía refleja las fórmulas y estructura del programa de televisión.

Pero no todo es malo. La película se encarga de mostrar una crítica bastante dura a la desigualdad que existe en Chile, sobre todo en materia de educación. Esto no es de extrañar, ya que los miembros de El club de la comedia fueron muy activos durante las movilizaciones estudiantiles del 2011, yendo a varios liceos a actuar de forma gratuita. En la película se ríen de forma directa de las diferencias de recursos que hay entre educación pública y privada, optando claramente por una defensa de la primera. Así como Pedro Peirano en su cómic Chancho cero enfrentó a los alumnos de la escuela de lobotomía con los adinerados estudiantes de la facultad de economía, en Barrio universitario la rivalidad se da entre Miguel y sus amigos del instituto Michael J. Fox y los alumnos cuicos de la universidad donde estudia Isadora. Lamentablemente este punto positivo no logra mejorar el resto de la cinta.

Si bien Fabrizio Copano hace una tarea regular como el protagonista de la película, sufre de un problema bastante habitual del cine chileno: sus diálogos no resultan naturales. Las palabras que usa suenan artificiales y le quitan espontaneidad a sus líneas. En una escena Miguel acompaña a Isadora a su casa y durante el camino habla de su vida en Talcahuano. Esta conversación está escrita como algo que uno podría escuchar en un monólogo del mismo Copano, ya que en ella  su personaje hace una serie de observaciones acerca de lo pobre que era su colegio, todo esto con un tono casi idéntico al que utiliza en sus presentaciones de stand-up comedy. Al hacer esto se olvida que el contexto de ambas situaciones es distinto, y lo que puede parecer gracioso arriba de un escenario no necesariamente resultará natural en una conversación entre dos personas.

Tal vez el problema más grande de la película es que sus personajes no son lo suficientemente fuertes. Son casi herramientas utilizadas para representar los chistes que tiene el guion. Lo que hace que películas como Shaun of the Dead, Superbad, Safety Not Guaranteed o 21 Jump Street sean buenas no es tanto el humor que tienen, sino que se encargan de desarrollar a sus personajes de tal manera que uno les llega a tener afecto y se preocupa por ellos. En Barrio universitario se nota un esfuerzo por tratar temas como el amor o la amistad, pero no hay suficientes momentos en los que sus personajes demuestren estos sentimientos. ¿Cómo saber si unos personajes están bien hechos? Cuando son capaces de interactuar entre ellos y la relación que se da es interesante por sí sola, sin la necesidad de incluir elementos externos. En la película no se logra una química como esta, y todas las interacciones entre los personajes son solo una excusa para hacer chistes. Está bien que sea una comedia, pero no hay que tenerle miedo al desarrollo de personajes.

Fui a ver Barrio universitario con una buena disposición, con ganas de reírme, pero sinceramente el resultado fue muy irregular. Durante los primeros minutos de la película se muestra un plano secuencia muy bien hecho, el cual requería una coordinación precisa entre el camarógrafo y los actores, llegando incluso a utilizar una grúa para hacer un plano general del barrio República (momento en el que aparece el título de la película). Este comienzo demuestra un gran cuidado por parte del director Esteban Vidal, lo que me entusiasmó bastante, ya que lo diferenciaba de productos como Que pena tu vida. Pero a medida que pasaban los minutos comenzaron a aparecer las falencias del guion, los diálogos poco naturales y algunas sobreactuaciones, las que me fueron borrando poco a poco el entusiasmo.

Es complejo hablar del humor, ya que es algo que puede variar de forma radical según cada persona. A algunos les puede gustar el humor negro, a otros les puede gustar el slapstick, no es algo absoluto y claramente no existe una fórmula mágica. Por eso en esta columna decidí no escribir cosas como “es fome” o “no me causó gracia”, ya que tal vez no soy su público objetivo. Mientras veía la película un grupo de personas que estaba en la sala se rió con cada uno de los chistes y se notaba que no se aburrieron. Bien por ellos, aunque también se rieron con los trailers de Grown Ups 2 y Scary Movie 5 que mostraron al comienzo de la función.

PD: ¿Cuándo le van a dar un buen personaje a Felipe Avello? Es uno de los comediantes más talentosos del país, con una capacidad increíble para la irreverencia y la improvisación, pero en cada película que aparece su talento parece no estar bien aprovechado. El premio de consuelo es que se incluyeron algunos guiños al podcast Tierra 2.

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