The Conjuring (2013)

ImageNo es una buena época para el cine de terror estadounidense. La repetición excesiva de ciertas fórmulas ha dado lugar a películas de muy baja calidad, que solo se diferencian entre sí por elementos mínimos. Es por eso que se agradece el trabajo de directores como James Wan, quien demuestra tener el conocimiento y las habilidades necesarias para desligarse de las cintas de terror genéricas que solo buscan recaudar dinero fácil. Es cierto que al dirigir Saw (2004) dio origen a una de las franquicias repetitivas que ha desgastado a este género cinematográfico, pero durante los años siguientes ha demostrado un gran avance en la calidad de sus trabajos, lo que queda reflejado en su nueva cinta, The Conjuring (El conjuro).

La película muestra a una pareja de demonólogos, Lorraine y Ed Warren (Vera Farmiga y Patrick Wilson), quienes estudian sucesos paranormales a lo largo de Estados Unidos. A pesar del escepticismo de sus críticos, la pareja ha tenido una carrera exitosa resolviendo este tipo de casos, lo que les permite hacer conferencias donde explican sus procedimientos. Sin embargo, los Warren deberán enfrentarse a uno de sus trabajos más difíciles, cuando una mujer llamada Carolyn Perron (Lili Taylor) les solicita su ayuda. La mujer se acaba de mudar a una casa de campo junto a su marido Roger (Ron Livingston) y sus cinco hijas. La familia no tardó en darse cuenta que la casa era el escenario de varios sucesos paranormales, los que poco a poco se van haciendo más violentos. Pese a la falta de entusiasmo de Ed, Lorraine decide ayudarla a descubrir qué está atormentando a su familia e intentar detenerlo.

Como varias cintas sobre sucesos paranormales, The Conjuring echa mano a una serie de lugares comunes que han sido explorados con anterioridad en otros trabajos: la familia que se muda a una casa que guarda un oscuro pasado; la niña que dice tener un nuevo amigo imaginario pero que resulta ser un espíritu; el sótano de la casa, que actúa como fuente de los sucesos paranormales; la investigación que lleva a los personajes a descubrir los crímenes cometidos en aquel lugar; el escepticismo inicial del padre, que le quita importancia a los ruidos que se escuchan en la casa; entre otros. Pero lo que podría haber resultado en otra cinta sobre casas embrujadas, en manos de James Wan se convierte en una efectiva historia que genera sustos genuinos. De hecho, el director se da el lujo de limitar uno de estos lugares comunes (la investigación histórica de lo que ocurrió en la casa) a una sola escena, evitando así una tediosa secuencia en alguna biblioteca revisando antiguos titulares de periódicos. Otro de los aspectos positivos es que el elemento del escepticismo no se hace aburrido como en otras películas. Esto se logra principalmente gracias a los Warren, quienes al ser expertos en sucesos paranormales permiten que la historia tenga un ritmo más fluido.

El gran riesgo al momento de filmar una película de terror hoy en día consiste en caer en la repetida fórmula del susto estruendoso. Ese que ocurre de repente, sin aviso alguno y que apunta a una mera respuesta automática por parte del espectador. Lo que estoy criticando no es su utilización per se, sino que su abuso, ya que demuestra falta de talento por parte del director. Incompetencia. Más que películas parecen versiones extendidas de esos video de Youtube donde de repente aparece una cara gritando. En The Conjuring se deja de lado este tipo de terror y se opta por la tensión, por ir construyendo poco a poco el miedo. Si, en algunas escenas se recurre al estruendo como método para asustar, pero son momentos aislados; excepciones en el mar de tensión que se ha ido extendiendo con el pasar de los minutos. La cinta sigue un desarrollo coherente, partiendo con crujidos en la madera y golpes en las puertas, dando paso a manifestaciones más notorias de los espíritus que están en el lugar.

En la película hay unos momentos muy efectivos que se logran gracias a esta tensión, al miedo que sentimos por lo que puede ocurrirle a los personajes. Dos de las escenas más terroríficas surgieron de algo bastante sencillo: un juego que realizan las hijas de Carolyn. Este juego es una variación de la gallinita ciega y el escondite, y consiste en que la persona con los ojos vendados debe encontrar a los demás jugadores guiándose solo por sus aplausos. En una de las escenas de la película Carolyn juega junto a su hija menor, siendo las únicas personas que están en la casa. La escena construye el miedo gracias a la idea de que Carolyn no puede ver lo que está ocurriendo, y no sabe si los aplausos que sigue los está haciendo su hija o no. En la segunda escena Carolyn se encuentra en el sótano, sin otra iluminación que la proporcionada por unos fósforos. El inconveniente es que estos duran muy poco, por lo que debe encender uno tras otro para no quedar a oscuras. Mientras hace esto, escucha los aplausos de alguien (o algo) que le indican que no está sola allí abajo. La secuencia está compuesta solo por dos tipos de planos: uno que muestra la cara nerviosa de Carolyn, y otro que toma su punto de vista, mostrando solamente su mano y el fósforo encendido, intentando iluminar el sótano. En las dos escenas mencionadas el susto que se produce al final es sencillo, no necesitan mostrar demasiado.

La estrategia de recurrir a la sugerencia y a la tensión está muy bien condensada en la última escena de la película. Sin caer en spoilers, se puede decir que la efectividad de dicha escena radica en el miedo por algo que no vemos, pero que puede aparecer en cualquier momento. Es decir, el miedo se encuentra exclusivamente en nuestras mentes, en lo que acabamos de experimentar en el resto de la película y que nos lleva a mirar con desconfianza la pantalla. Son escenas como esta, de una sencillez abrumadora, las que permiten reconocer a un buen director del género del terror.

Aunque Wan aún no está al nivel de otro director contemporáneo como Ti West (The House of the Devil, The Innkeepers), uno puede notar el avance que ha logrado con sus películas. A pesar de los lugares comunes que se notan en la trama, The Conjuring se levanta por sobre el promedio gracias a su ejecución. En esta cinta ocurre precisamente lo opuesto a su anterior película, Insidious (2010). Mientras la trama de aquella película tenía elementos interesantes y novedosos, su punto débil estaba en la ejecución, sobre todo en su tercer acto, donde los sucesos pasaban a rozar lo absurdo. En The Conjuring el problema de la ejecución está resuelto, pero los problemas están ahora en algunos elementos de la trama. Solo queda esperar que en sus próximas películas logre encontrar el equilibrio que hace falta.

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5 pensamientos en “The Conjuring (2013)

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