Upstream Color (2013)

upstream-color-posterRevisando los estrenos de la semana, ninguna de las películas me llamó suficientemente la atención como para ir al cine. Scary MoVie es la quinta parte de una franquicia que ya no sabe qué hacer para ser chistosa; White House Down es un intento de Roland Emmerich por hacer una película de Die Hard en la casa blanca, con el triple de explosiones; e Iglú es otra cinta chilena que tiene como protagonista a un personaje perturbado y complejo. Es por eso que decidí ver y escribir acerca de alguna película independiente que tuviera como garantía la aprobación de la crítica y los espectadores. En otras palabras, quería irme a la segura. La cinta escogida fue Upstream Color, una película que dista mucho de ser convencional.

La enorme presencia de Hollywood en la industria cinematográfica ha hecho que como espectadores estemos acostumbrados a un determinado tipo de películas. Y no me refiero solo a los temas que se van repitiendo en los blockbusters, sino también a la forma en que las historias están contadas. Este tipo de cine, denominado “clásico”, recurre a elementos tradicionales con el objetivo de facilitar la comprensión por parte del espectador. Así, la estructura narrativa reposa en un desarrollo lineal, mientras que en el aspecto visual se pretende crear una representación fiel de la realidad. Al ver una de estas películas la sensación es similar a estar observando a través de una ventana; somos simples testigos de lo que está ocurriendo en un determinado tiempo y lugar.

Upstream Color, por el contrario, se centra en un estilo más alternativo, dejando de lado los elementos que caracterizan al cine clásico y centrándose más en la ambigüedad. Aunque uno puede identificar a grandes rasgos una trama, la película no le otorga una gran relevancia. La historia es más o menos así: una mujer llamada Kris (Amy Seimetz) es forzada por un hombre (Thiago Martins) a ingerir una extraña larva. El insecto provoca que Kris caiga en una especie de estado hipnótico, lo que permite que el hombre la pueda controlar a su voluntad y se apropie de todo su dinero. Tras el robo, Kris recupera la cordura, pero queda en un estado de gran fragilidad mental, lo que la hace desvariar de vez en cuando. Meses después comienza una amistad y posterior relación sentimental con Jeff (Shane Carruth), un hombre al que conoce en el metro y que parece servirle de apoyo. Sin embargo, la relación entre ambos se verá dificultada por las secuelas de la experiencia de Kris.

Así explicada, la sinopsis de la película no parece salir de lo normal en términos narrativos (pese a lo extraña que puede ser la premisa), pero esto es solo una ilusión. Solamente el primer tercio de la película parece tener una estructura más o menos tradicional, al mostrar cómo la protagonista es hipnotizada a través de este particular mecanismo, pero el resto de la cinta escapa de este estilo. Durante gran parte de la hora siguiente solo vemos a los personajes deambulando por la ciudad, conversando cosas que no tienen mucha coherencia o simplemente mirando al vacío. En vez seguir un orden del tipo inicio, desarrollo y desenlace, Upstream Color intercala momentos mundanos de la vida de Kris (en su trabajo, comiendo con Jeff, nadando en una piscina) con escenas en las que un anónimo granjero y compositor (Andrew Sensenig) registra sonidos en el campo. El montaje, más que obedecer a aspectos narrativos, se guía por una asociación de sensaciones o momentos que tienen alguna similitud entre sí.

De esta forma la película se acerca más al estilo de trabajos como The Tree of Life (2011) de Terrence Malick o a Spring Breakers (2013) de Harmony Korine, donde la narración ocupa un segundo o tercer lugar por debajo de los conceptos y sensaciones que se pretende transmitir. En una escena se puede mostrar a un personaje haciendo algo (mirando una impresora, por ejemplo) y luego se cambia de forma súbita a otro lugar y a otro personaje que está haciendo algo diferente pero en cierta manera relacionado (usar una máquina de coser o grabar el sonido de un río). Esta libertad narrativa hace que el espectador no se centre tanto en qué está ocurriendo sino en cómo está ocurriendo. Así, nuestra atención se centrará en aspectos más visuales o conceptuales, transformando esto en una experiencia sensorial. El problema es que en Upstream Color no es mucho lo que queda para analizar.

Es cierto que en términos visuales la película es muy llamativa, con una iluminación que a ratos parece de ensueño. Pero en un aspecto conceptual la cinta no parece decir mucho, y la libertad que se toma al momento de contar la trama solo genera más confusión. Al ver The Tree of Life, por ejemplo, uno no solo puede examinar la belleza de sus imágenes, sino también algunas preguntas e ideas que van surgiendo en el espectador: cuál es nuestro lugar en el universo, cuál el sentido de la vida, en qué consiste la idea de trascendencia, etc. En Upstream Color, en cambio, la única pregunta que me hice mientras la veía fue “¿ah?”.

El director de la película es Shane Carruth, quien además es su guionista, compositor, editor y protagonista. Al estar tan involucrado en el proceso creativo de la cinta, Carruth parece aplicar de forma extrema la teoría de autor, según la cual las películas poseen cierto estilo y elementos que las caracterizan de trabajos realizados por otros cineastas. Esta teoría surgió en Francia con la revista Cahiers du Cinéma, donde críticos como Francois Truffaut sostenían que la labor del director le otorga a las películas una cierta impronta, un estilo en particular. Con el número de labores que Carruth desempeña en la cinta, no se puede negar que la película termina reflejando un cierto sello personal. La duda es si este sello transmite alguna idea o es simplemente un ejercicio experimental.

Leyendo algunas críticas en internet descubrí que no soy el único que no fue capaz de entender lo que la película quería decir (si es que quería decir algo en absoluto). La diferencia es que mientras a mi me pareció algo negativo, a la mayoría de los críticos les gustó la confusión que genera la cinta. Quizás algún día mi apreciación por la película cambiará y podré ver lo cautivante de su falta de sentido. Pero por el momento solo me parece un caso similar al cuento El traje nuevo del emperador, donde el temor a la ignorancia lleva a las personas a ver lo que en realidad no existe.

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2 pensamientos en “Upstream Color (2013)

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