The World’s End (2013)

the-worlds-end-posterDe todas las películas que se estrenaron este año, creo que la que más esperaba era The World’s End, la última parte de la trilogía creada por Edgar Wright, Simon Pegg y Nick Frost. Mi primer acercamiento a este trío británico fue a través de un DVD de la cinta Shaun of the Dead (2004), que arrendamos con mi amigo Paolo cuando estábamos en enseñanza media. El tipo de humor que se mostraba en aquella película nos transformó instantáneamente en seguidores de sus trabajos, lo que nos llevó a ver Spaced, la serie de televisión que habían hecho antes de Shaun, y la película Hot Fuzz (2007), que estrenaron como segunda parte de esta saga cinematográfica.

Todos estos trabajos -incluyendo algunos que han realizado de forma separada (Scott Pilgrim vs. The World [2010], Paul [2011])- reflejan un cariño por la cultura popular en sus vertientes más nerd, así como un tipo de comedia que escapa de lo descerebradas que pueden ser las cintas hollywoodenses. Estas películas se destacan por su inteligencia e ingenio, evitando siempre caer en un intelectualismo pretencioso. La espera por la última parte de la “trilogía del Cornetto” se alargó bastante, tomando en cuenta que entre Shaun of the Dead y Hot Fuzz pasaron solo tres años, plazo que llegó al doble entre la segunda y la tercera película. Dudo que la película llegue a cines chilenos, por lo que me conformé con esperar a que saliera en algún formato casero. No deja de ser curioso que mi relación con esta trilogía comenzara con un DVD que arrendamos con el Paolo en Blockbuster, tienda que esta semana cerró sus puertas para siempre. La nostalgia que se siente ante este hecho, la añoranza de aquel pasado con menos responsabilidades y preocupaciones, parece ser el estado de ánimo perfecto para ver una historia como la de The World’s End.

La película es protagonizada por Gary King (Simon Pegg), un hombre extrovertido e irresponsable que quiere reunirse con sus amigos de la infancia –Andy Knightley (Nick Frost), Oliver Chamberlain (Martin Freeman), Steven Prince (Paddy Considine) y Peter Page (Eddie Marsan)- y viajar a su pueblo natal para poder repetir una hazaña que quedó inconclusa. Hace veinte años, tras graduarse del colegio, los personajes emprendieron un recorrido por doce pubs del pueblo Newton Haven, con el objetivo de beber cerveza en cada uno de ellos, todo esto en una sola noche. Sin embargo, el grupo no logró finalizar el trayecto, lo que ha estado molestando al protagonista durante todos estos años. Aunque no estaban seguros en un principio, los personajes son finalmente convencidos por Gary de volver al pueblo y completar la hazaña. Pero como esta es una película de Edgar Wright, la situación no permanecerá tranquila durante mucho tiempo, ya que Gray y sus amigos descubrirán que algo muy extraño ha ocurrido con los habitantes del pueblo.

A diferencia de las dos películas anteriores, en The World’s End los roles interpretados por Simon Pegg y Nick Frost han sido intercambiados. Si bien en cada película interpretan a individuos diferentes, en Shaun of the Dead y Hot Fuzz se puede notar una cierta continuidad en la personalidad de cada uno. Así, Pegg asumía el rol del protagonista serio (Shaun, Nicholas Angel), mientras que Frost daba vida a un personaje más inmaduro e irresponsable (Ed, Danny Butterman). En esta tercera parte los roles cambian, ya que Pegg se encarga de interpretar al personaje irreflexivo, y Frost actúa como uno más prudente. Es interesante verlos en una dinámica distinta, sobre todo porque son dos actores talentosos y logran que se vea como una relación genuina, producto además de que ambos son amigos desde hace varios años.

Gary King es un personaje que vive en el pasado. Maneja el mismo auto que tenía hace veinte años, escucha la misma música (guarda un cassette que uno de sus amigos le había grabado cuando estaban en el colegio), utiliza las mismas expresiones que cuando era joven (“lets Boo-Boo”), usa el mismo estilo de ropa, y pasa rememorando los buenos viejos tiempos. El problema es que mientras él se quedaba aferrado al pasado, el resto del mundo cambiaba a gran velocidad. Sus amigos tienen trabajos muy formales, tienen sus propias familias y están llenos de responsabilidades. Gary parece haber quedado en el camino, aislado en una sociedad que le es ajeno. Esto también está reflejado en su llegada a Newton Haven, donde espera ser recibido como una celebridad, pero los habitantes del pueblo ni siquiera saben quién es. Posteriormente se explica que hay otra razón para esto, pero de todas maneras sirve para ejemplificar la situación de Gary en este nuevo mundo.

De las películas que conforman esta trilogía, The World’s End parece ser la más profunda, al tocar temas de gran complejidad. Aunque en las otras dos también existe un desarrollo de los personajes y algunos momentos emotivos, en esta tercera parte los temas explorados son más trascendentes. A medida que la historia avanza, nos damos cuenta que la actitud de Gary no es simple inmadurez, sino que una forma de evadir sus verdaderos problemas.  Su adicción a las drogas y al alcohol es una forma de evasión, de escapar de sus fantasmas. ¿Por qué el personaje hace todo lo posible por completar un recorrido que para el resto de sus amigos parece ser irrelevante?  Porque al volver al pasado está intentando corregir los errores que fueron cambiando su vida desde un panorama optimista que tenía en la juventud a la oscura situación que vive en la actualidad. Esa noche que ocurrió hace veinte años era el punto de partida de la vida del protagonista, un punto de partida que quedó inconcluso y que él ve como la razón de todos sus problemas. La aventura que Gary busca concretar con sus amigos es el deseo que muchos de nosotros hemos tenido más de alguna vez: poder corregir aquello que no pudimos hacer en su momento.

Cuando vi por primera vez esta película, me pareció que el aspecto emotivo/dramático estuvo muy bien logrado, llegando incluso a superar a los elementos humorísticos, que no estuvieron a la altura de las cintas anteriores. Pero tras verla por segunda vez, puedo decir que mi conclusión estaba solo parcialmente en lo correcto. Esta trilogía se caracteriza por tener dos niveles de entretenimiento: uno que podríamos llamar directo o superficial, y otro más sutil o detallista. El primero está conformado por todos esos chistes que uno nota la primera vez que ve la película, como la escena de Shaun of the Dead donde los personajes le pegan a un zombie al ritmo de “Don’t Stop me Now” de Queen, o la versión de Romeo y Julieta que aparece en Hot Fuzz. En el segundo nivel se encuentran todos aquellos detalles y referencias que no se captan a la primera, pero que uno va notando cada vez que se repite alguna de las películas. Una influencia clara de este tipo de entretenimiento se puede encontrar en Back to the Future (1985), película que mejora cada vez que uno la ve, gracias a detalles como el nombre del centro comercial que cambia cuando Marty McFly pasa a derribar un pino en 1955.

The World’s End sigue con esta idea de utilizar estos dos niveles de entretenimiento a lo largo de la película, pero la efectividad del primer nivel no alcanza la calidad de sus predecesoras. La cinta posee un gran número de detalles que se captan cuando uno se repite la película, como las referencias a la época medieval o a películas como Invasion of the Body Snatchers (1978). Otro aspecto interesante que se notan con mayor atención es el foreshadowing, es decir, aquellos detalles que entregan pistas acerca de lo que ocurrirá más adelante en la historia. La propia película comienza con un foreshadowing, en aquella narración que hace Gary King de su experiencia que vivió hace veinte años, cuyos hechos vuelven a repetirse –a grandes rasgos- cuando regresa a Newton Haven. Estas pistas también están presentes en el nombre de los pubs que visitan, los cuales presagian lo que ocurrirá en ellos (“The Mermaid” y la aparición de unos personajes femeninos que intentan seducir al grupo de amigos, “The Trusty Servant” y el reencuentro de Gary con su traficante de drogas, etc.). Hasta el título de la cinta puede verse como una pista de lo que va a ocurrir al final de la misma.

Si bien la película funciona en este nivel, permitiendo que el espectador pueda repetírsela y encontrar nuevos detalles que se perdió la primera vez, la situación no es tan satisfactoria en relación al humor más directo. Lo que me gusta tanto de Shaun of the Dead y Hot Fuzz es que funcionan en ambos niveles, haciendo que uno se ría a carcajadas y se sorprenda con los elementos que va descubriendo posteriormente. En esta tercera parte las risas parecen ser menos espontáneas, transformándose en sonrisas o en expresiones de asombro más que en carcajadas. Sí, hay chistes muy graciosos, que son tan memorables como los de Shaun of the Dead o Hot Fuzz, pero no son tan numerosos como los que aparecen en esas cintas. Mención especial merecen las escenas de peleas, sobre todo aquella donde Gary King participa del enfrentamiento mientras intenta tomarse su cerveza.

Que The World’s End no provoque tantas risas como las películas anteriores no debe ser visto como un retroceso ni debe defraudar a los seguidores de este trío británico. Como mencioné antes, el enfoque de la película es distinto al de sus predecesoras, por lo que la respuesta quizás deba buscarse allí. Puede que la película no haya tropezado en su tarea de hacer reír, sino que simplemente haya optado por otro objetivo. Los personajes siguen siendo tan interesantes como siempre, las situaciones que deben enfrentar son delirantes, y lo que es más importante, la cinta cumple con su labor de entretener al espectador.

Ahora que la “trilogía del Cornetto” está completa, podemos analizarla de forma más general, como un todo. Aunque cada cinta presenta una historia y personajes diferentes, no es difícil encontrar los elementos que conectan a las tres películas, ya que hay algunos bastante evidentes. La dirección está a cargo de Edgar Wright, los guiones fueron escritos por Wright y Simon Pegg, los roles principales son interpretados por Pegg y Nick Frost, mientras que la producción está a cargo de Nira Park, Tim Bevan y Eric Fellner. Hay algunos actores recurrentes en la trilogía, ya sea que interpreten a personajes secundarios (Martin Freeman, Bill Nighy, Michael Smiley, Rafe Spall) o a personajes que casi no tienen diálogos (la actriz que interpreta a Bloody Mary y los actores gemelos que aparecen en Shaun of the Dead). Hay también algunos chistes que se repiten, como las escenas donde el personaje de Simon Pegg intenta saltar una valla, y ciertos elementos visuales que aparecen en cada una de las películas, como las secuencias con un montaje frenético que homenajea a Evil Dead II (1987) y a Army of Darkness (1992). De hecho, el nombre de la trilogía proviene de un detalle sin demasiada importancia: que en cada parte de la saga aparezca un helado Cornetto de diferente sabor.

Pero todos estos puntos mencionados son más bien superficiales. Son curiosidades que sirven para pasar el rato, pero son incapaces de entregar una respuesta clara sobre la verdadera conexión de las películas. Si uno se fija bien, las tres películas están construidas sobre los mismos pilares fundamentales: Los personajes que protagonizan estas historias son un grupo reducido de personas (amigos, novios, familiares) que deben enfrentar una amenaza representada por una masa de seres/entes que los superan en número y buscan convertirlos, hacerlos parte de su “círculo”. Ya sea que se trate de un ataque zombie, de una secta o de una invasión de androides alienígenas, su objetivo es que los personajes se unan a ellos. Para esto, los deben despojar de aquellos aspectos que los hacen seres individuales y libres. La amenaza a la que deben hacer frente los personajes de Pegg y Frost está representada como una muchedumbre uniforme, donde sus miembros carecen de características individuales. Todos ellos parecen actuar de la misma manera y tienen los mismos objetivos.

Esto parece ser una analogía de cómo se sienten –o sentían- los realizadores de la trilogía ante el resto de la sociedad. Wright, Pegg y Frost tienen unos gustos muy particulares, que pueden ser definidos como geek. En la mayoría de sus trabajos, no solo en estas tres películas, existen referencias al cine, los videojuegos y los cómics que los han obsesionado e influenciado durante sus vidas. Alguien podría pensar que no hay nada especial en esto, ya que a muchas personas les pueden gustar los videojuegos o los cómics, pero en el caso de este trío británico el gusto no es algo simplemente temporal o relativo. Su afición por todas estas áreas de la cultura popular los ha formado como personas, y forma parte esencial de sus vidas. Este tipo de obsesión no es muy bien vista por el resto de la sociedad, por lo que no es difícil imaginar que los tres hayan formado parte de un grupo minoritario, recibiendo miradas de reproche o siendo invitados a “”madurar”. Esta trilogía, por lo tanto, representa una lucha por mantener aquello que los hace únicos, particulares, haciendo todo lo posible por no caer en la monotonía de la masa.

Es como esa cita de Simon Pegg que está dando vueltas por internet:

“Ser un geek consiste en ser honesto acerca de lo que te gusta y no tener miedo de demostrar ese afecto. Significa no tener que fingir ser indiferente acerca de lo mucho que te gusta algo. Es básicamente una licencia para exteriorizarlo orgullosamente en un nivel cuasi infantil en vez de comportarse como un supuesto adulto. Ser un geek es algo extremadamente liberador”.

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3 pensamientos en “The World’s End (2013)

  1. Esta es la que más me gusta de la trilogía, no la que más me ha hecho reír, pq esa fue Shaun of the Dead, pero de todas maneras, esta historia se te queda más por el desarrollo de personajes y de que ninguna manera pierde la escencia de la trilogía pero que si se aleja un poquito para contar una historia más profunda.

    Espero que sigan haciendo películas, yo las seguiré bajando, pq nunca se dignarán a darlas en el cine acá xd

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