The Wolf of Wall Street (2013)

ImageDe forma similar a Woody Allen, el director Matin Scorsese no ha pasado por un buen período durante los últimos años. Si bien ha hecho buenas películas como The Aviator (2004) o The Departed (2006), están lejos del nivel que demostró décadas atrás. Incluso cuando ganó su esquivo Óscar como mejor director por The Departed, varios críticos reconocieron que era una obra menor dentro de su gran filmografía, por lo que el premio se limitó a saldar una deuda que se arrastraba hacía años. Pero como pasó con Allen, jamás se debe subestimar a los grandes cineastas, quienes en cualquier momento pueden hacer que el público recuerde por qué forman parte del Olimpo del cine mundial.

Con su última cinta, The Wolf of Wall Street (El lobo de Wall Street), Martin Scorsese ha recuperado la chispa y energía que parecía haberse esfumado, gracias a un relato que hace recordar su época de gloria. Existe un cierto consenso en que el período de genialidad de Scorsese se fue difuminando a mediados de los años 90, siendo su última gran película Casino (1995). Y es precisamente esta película, junto con Goodfellas (1990), las que sirven como influencia para el estilo utilizado en The Wolf of Wall Street. En estas tres películas el protagonista es un antihéroe que movido por el dinero hace todo lo que esté  a su alcance –sin que le legalidad de los métodos sea un obstáculo- para obtener mayores riquezas.

La película es protagonizada por Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), un joven que llega a finales de los años 80 a Wall Street para convertirse en corredor de bolsa. Sin embargo, tras adquirir su licencia de corredor todo se desploma cuando el lunes negro de 1987 desmorona los mercados de valores y le es imposible encontrar trabajo en los círculos más tradicionales. Pero esto no detiene a Belfort, quien comienza a trabajar en una agencia de valores muy informal y fuera de la ley, pero cuyas jugosas comisiones lo terminan convenciendo de empezar desde abajo. Al poco tiempo, el protagonista abre su propia agencia junto a un grupo de amigos, y gracias a su capacidad para convencer a los clientes se va encumbrando como uno de los corredores más adinerados y llamativos del mercado.

Belfort se convierte en una verdadera máquina de ganar dinero, a través de métodos fraudulentos e ilegales. Gracias a su labia, el protagonista es capaz de transmitir su entusiasmo a todos sus empleados, lo que hace de su compañía un lugar similar a una selva, donde el sexo, las drogas y el dinero corren por partes iguales. Al poco tiempo, Belfort se ha casado con una hermosa mujer llamada Naomi (Margot Robbie), se compra una enorme casa, y gana más dinero del que puede gastar. Pero no todo es tan perfecto en su vida, ya que sus métodos no tardan en llegar a oídos del FBI, donde el agente Patrick Denham (Kyle Chandler) se comprometerá a atraparlo a él y a sus socios.

De todas las películas de Scorsese que he visto, esta es sin duda la más salvaje y excesiva. La cinta está llena de escenas donde se muestra a personajes consumiendo las más diversas drogas y en múltiples actos sexuales, lo que explica la restricción para menores de 18 años que tiene en Chile. La energía que exuda la película solo es comparable a trabajos del director como Goodfellas o Casino, cintas de las cuales extrae varios elementos. Como señalé anteriormente, la figura del antihéroe es similar en las tres, y en todas ellas el dinero tiene un rol fundamental. De hecho con Goodfellas comparte además el arco del protagonista, mostrando su ascenso al éxito, su llegada a la cúspide, y su caída debido a los excesos. En las tres también se puede ver cómo la relación que el protagonista tiene con su esposa se desmorona a la par con el imperio que ha creado, en una tragedia familiar que se encuentra muy presente en la filmografía de Scorsese.

Como estamos ante un personaje que se vale de métodos ilegales para obtener lo que quiere, se presenta el desafío de no hacerlo demasiado repelente, para que el espectador se interese por lo que ocurre con él y con las personas que lo rodean. Es por eso que el director opta por la misma estrategia utilizada en Goodfellas y Casino, otorgándole a la narración en off un rol esencial. Gracias a que el protagonista se dirige directamente al espectador con su narración, Scorsese logra una conexión de complicidad entre ambos, haciéndonos parte del mundo en el que vive Belfort. La narración nos convierte en un miembro más de su compañía, por lo que nos reímos con lo que el resto de los personajes hace y nos mostramos contrarios a la idea de que el protagonista sea atrapado por el FBI.

Esta capacidad de Scorsese para generar empatía respecto de personajes que son moralmente reprochables no ha estado exenta de controversias. Algunas personas han dicho que sus películas glorifican la vida criminal, al resaltar los frutos que genera. Pero este tipo de críticas demuestran simplemente la miopía de quienes las realizan, dado que en el cine de Scorsese existen elementos redentores o punitivos que afectan a los protagonistas. Es cierto que durante la primera mitad de la película el ascenso de Belfort es mostrado como un proceso lleno de diversión y éxito, pero la cinta no tarda en mostrar las secuelas de sus actos, sobre todo en lo relativo a las drogas. En una de las escenas, por ejemplo, se muestra al protagonista ingiriendo una gran cantidad de pastillas, las cuales al hacer efecto lo dejan con su cuerpo momentáneamente paralizado. Los esfuerzos de Belfort por llegar a su casa pese a esta situación parte de forma cómica, pero la escena es alargada por el director para convertir esas risas en desconcierto y posteriormente en preocupación.

Al tratar temas complejos como los narrados en The Wolf of Wall Street, el cineasta deja de lado el camino excesivamente moralista, optando por que sea el propio espectador quien saque sus conclusiones. Scorsese nos presenta la vida de esta persona, las decisiones que tomó, y las ganancias y perjuicios que  derivaron de ellas. No es necesario que nos diga explícitamente “esto es malo”, ya que se infiere de las cosas que el protagonista pierde al final de la película. De hecho, el optimismo con el que es narrada la época de gloria de los protagonistas de Goodfellas, Casino y The Wolf of Wall Street, sirve para acentuar el sentimiento de pérdida cuando sus mundos se desmoronan posteriormente. Las escenas donde Belfort es feliz con su nueva esposa y con las cosas que ha comprado, las cuales están llenas de música y sonrisas, reflejan la euforia que estaba viviendo el personaje en aquel momento, por lo que el golpe de perder todo eso se vuelve mucho más doloroso en comparación.

En esta película, el contraste es incluso mayor, dado que el tono escogido es mucho más distendido que en Goodfellas y Casino. Acá estamos ante una comedia, donde los excesos de los personajes dan paso a momentos de un humor negro bastante efectivo. El ritmo frenético de la cinta y las libertades narrativas que se toma (como intercalar escenas de la película con comerciales de televisión o videos de una boda, así como un chistoso diálogo mental que se produce entre el protagonista y un par de personajes) sirven para transmitir la energía de Belfort. Leonardo DiCaprio hace un gran trabajo como el protagonista, sacando a relucir una –hasta ahora- desconocida capacidad para el humor físico. Además, hace tiempo que no se veía al actor tan comprometido con alguno de sus personajes. La fuerza que emplea en los discursos motivacionales lo acercan a la figura de un verdadero predicador, y de hecho la reacción de los empleados no difiere de la que se puede observar en un templo evangélico, al levantar las manos y cerrar los ojos mientras la persona que está adelante los está evangelizando. El resto de los actores también está a la altura, destacando Jonah Hill, quien confirma su talento para la comedia, y llegando a eclipsar a DiCaprio en algunas escenas.  También merecen una mención especial Margot Robbie, Matthew McConaughey, Jon Bernthal y sobre todo Rob Reiner, quien interpreta al padre del protagonista.

Existen algunas deficiencias en la película, pero no afectan demasiado el resultado final. El cambio de personalidad de Belfort, por ejemplo, se hace algo brusco, ya que basta una escena junto a Matthew McConaughey para que el tímido joven que acaba de llegar a Wall Street se transforme en un depredador con traje y corbata. Además, hay algunas escenas que se alargan más de lo necesario, en las cuales se nota que los actores improvisaron algunas líneas de diálogo y fueron incapaces de concluir el momento de forma más fluida. Pese a estos problemas, The Wolf of Wall Street es una gran película, que sin ser una de las mejores cintas de Scorsese, está llena de aquella energía que el cineasta tuvo en su momento más sobresaliente.

De las reflexiones que se pueden extraer de la película, la que más me quedó dando vueltas es que pese a lo reprochable que puede ser la conducta del protagonista, cualquier otra persona podría haber hecho lo mismo con tal de ganar dinero. La cinta parte diciendo que Belfort ve el dinero como una adicción, y en la última escena se aclara que él no es el único adicto en esta sociedad. Lo que el protagonista busca es obtener la mayor cantidad de dinero para alcanzar un cierto estatus. Pero la forma en la que obtendrá las ganancias no debe exigir demasiado esfuerzo, ya que la idea es diferenciarse de las personas comunes y corrientes. Belfort no quiere ser una persona ordinaria. O, como diría Henry Hill en Goodfellas, un schnook. El personaje no es solamente una representación del verdadero corredor de bolsa en cuya vida está basada la película, sino también un arquetipo del hombre exitoso del mundo capitalista. Pese a su inmoral forma de ganar dinero, Belfort es visto por varias personas como un modelo a seguir, y eso es lo que nos termina advirtiendo la cinta.

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4 pensamientos en “The Wolf of Wall Street (2013)

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