La grande bellezza (2013)

ImageEn 1960, el director italiano Federico Fellini estrenó La dolce vita, una de sus películas más importantes. La cinta, que ganó la Palma de Oro en el festival de Cannes, muestra una dura crítica a la clase alta italiana, la cual es representada como un grupo de personas frívolas e ignorantes. Aunque han pasado más de cincuenta años desde aquel estreno, la situación de la aristocracia italiana parece mantenerse igual, e incluso peor, como se demuestra en la cinta La grande bellezza (La gran belleza), de Paolo Sorrentino.

La película de Sorrentino es protagonizada por Jep Gambardella (Toni Servillo), un escritor que acaba de cumplir 65 años. El personaje se desempeña como entrevistador de un famoso periódico de Italia, aunque su verdadera fama proviene de una novela que publicó hace cuarenta años, que se convirtió en el primer y único libro que escribió. Jep es un asiduo asistente de las fiestas que se celebran en el círculo más exclusivo de la burguesía, siendo conocido por artistas, políticos y religiosos. Pese a su popularidad y a sus recursos económicos, el protagonista se muestra ausente en estas fiestas, con una omnipresente mirada de tristeza en su rostro. La situación se agrava cuando descubre que una antigua novia, quizás el único amor que alguna vez tuvo, acaba de fallecer.

Aunque están ambientadas en épocas separadas por más de medio siglo, las similitudes de La dolce vita y La grande bellezza son fáciles de identificar. Uno hasta podría decir que Jep Gambardella es una versión mayor de Marcello Rubini, el protagonista del filme de Fellini. Ambos son escritores que viven en Roma y cuyas vidas se desarrollan mayoritariamente en la noche, en fiestas donde asisten artistas y personalidades de la clase alta. Aunque son conocidos dentro de estos círculos, ambos personajes parecen deambular de fiesta en fiesta tratando de buscar algo más trascendente. Los lujos que los rodean no parecen satisfacer una necesidad que todavía no identifican, y el estar rodeados de gente superficial no ayuda demasiado.

Pero si bien sus preocupaciones son similares, hay algunos aspectos en los que se diferencian, los que derivan principalmente de la diferencia de edad que existe entre Jep y Marcello. Es por eso que el protagonista de La grande bellezza parece ser una versión de mayor edad que el de La dolce vita. Ambos buscan darle un significado superior a sus vidas, pero mientras Marcello parece estar haciendo planes a futuro, Jep fija sus reflexiones en el pasado. Con sus 65 años recién cumplidos, Jep tiene poco tiempo para rehacer su vida, lo que queda reflejado especialmente en la noticia de que una de sus antiguas novias, Elisa, ha fallecido. El protagonista descubre que ella tenía un diario, en el que confesó haber amado a un solo hombre durante su vida: a Jep. Sin esposa ni hijos, y con amigos mayoritariamente nominales, el protagonista recibe esta noticia con pesar. ¿Cómo habría sido su vida en compañía de Elisa? Tal vez no hubiese tenido tantos lujos ni asistido a muchas fiestas, pero lo más probable es que la recompensa habría sido más provechosa.

Así, La grande bellezza se convierte en un relato de tinte existencialista, en el que su protagonista trata de encontrar una respuesta a  qué es lo realmente importante en la vida. Las críticas que la película lanza a la clase alta italiana no se hacen esperar, y aprovecha la situación de Jep para crear un contraste entre la falsa alegría de las fiestas con el pesar del protagonista. El guion además se encuentra lleno de sarcasmo y mordacidad, sobre todo en el diálogo de Jep. En más de alguna ocasión se enfrenta a otros personajes para hacerles ver lo absurdo de sus vidas y la fragilidad de los principios sobre los que descansan. Pero las críticas no solo se limitan a la burguesía de Italia, sino que se extienden a la misma iglesia católica. O más bien a aquellos sacerdotes que se preocupan más de los placeres mundanos que de lo realmente espiritual.

La ciudad de Roma tiene un rol fundamental en la cinta. La pugna entre su arquitectura centenaria, esculturas y ruinas que recuerdan un pasado glorioso, con los elementos modernos que intentan hacerse paso, sirven como telón de fondo a las reflexiones de Jep. La fotografía a cargo de Luca Bigazzi ensalza lo imponente de estos edificios y la frialdad de los materiales con los que están hechos. El silencio que se produce en los pasillos de estas enormes mansiones genera un ambiente propicio para los dilemas existenciales por los que transita el protagonista.

Las grandes similitudes entre la película de Fellini y La grande bellezza demuestran que las preocupaciones que existían hace cincuenta años permanecen vigentes en la sociedad contemporánea. Las distracciones que entrega el materialismo persisten en nuestras vidas y nos alejan de aquello que es realmente relevante. Jep Gambardella no ha escrito un libro en décadas ya que no ha sido capaz de encontrar “la gran belleza”, aquella sensación de gozo que no está en lo ostentoso, sino que en los aspectos más simples de la vida.

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