Saving Mr. Banks (2013)

ImageLos estudios Disney siempre han tratado de vender la idea de magia, la idea de ser un lugar donde los sueños se hacen realidad. Al comienzo de sus VHS, además de los avances de otras películas del estudio, se mostraba un comercial de Disney World, y estaba hecho de tal manera que cualquier niño que lo viera terminaba deseando poder viajar allá. Y hasta el día de hoy es una de las cosas que quiero hacer. Pero una cosa es lo que se quiere vender y otra lo que realmente es. Lo mismo ocurre con su fundador, Walt Disney, que en sus apariciones en la televisión era presentado como un hombre jovial que interactuaba con sus personajes y vivía en un mundo de fantasía.

Si uno examina la biografía de Disney, notará que no está exenta de controversias. En 1941, por ejemplo, los animadores de su estudio hicieron una huelga demandando mejores condiciones laborales. La huelga tuvo como detonante el despido de un grupo de animadores que buscaban crear un sindicato, entre los que se encontraba Art Babbit, uno de los artistas más importantes de la compañía. También son conocidos los rumores de racismo y antisemitismo que fueron atribuidos a Disney, los que se basan en escenas de algunas de sus películas animadas. Tampoco se pueden desconocer los esfuerzos de la compañía por reforzar la regulación sobre propiedad intelectual, con el fin de gozar de las ganancias de sus creaciones prácticamente a perpetuidad. Incluso el hecho de tener un estudio con su propio nombre, además de parques de diversiones y merchandising reflejan algo de megalomanía en la personalidad del empresario.

No estoy diciendo que Walt Disney o sus creaciones deban ser representados como unos monstruos, al estilo de Escape from Tomorrow (2013). Como toda persona, Disney tenía virtudes y defectos, y estos deben estar reflejados en las películas que intenten narrar su vida. Presentarlo como un ser que se limita a ser bondadoso y sonriente es subestimarlo, ya que se está negando su complejidad como ser humano. Lamentablemente, ese es el camino que sigue Saving Mr. Banks (El sueño de Walt), una película que solo toma en cuenta la imagen pública de Disney, aquella imagen que él creó de forma muy cuidada a lo largo de los años.

La cinta muestra a Pamela Travers (Emma Thompson), la escritora británica que inventó a Mary Poppins. Travers ha estado los últimos veinte años rechazando las propuestas de Walt Disney (Tom Hanks) de llevar su obra a la pantalla grande, pero sus dificultades económicas finalmente la obligan a viajar a Los Ángeles para echarle un vistazo al proyecto. La principal condición de la escritora es que todos los elementos de la película deberán ser aprobados por ella, y en caso de no estar contenta con el resultado, no le entregará los derechos de su obra al estudio. La sobreprotección de la autora con su libro hará que el trabajo en torno a la adaptación sea muy complicado, ya que el guionista Don DaGradi (Bradley Whitford) y los músicos Robert (B.J. Novak) y Richard Sherman (Jason Schwartzman) deberán aguantar todas las observaciones y críticas que Travers hará a lo largo del proceso.

La historia de la película gira en torno a una fórmula bastante simplista: el contraste que existe entre el personaje de Travers y los estadounidenses que trabajan en la adaptación de su libro. La escritora es representada a través del típico arquetipo británico, es decir, como una persona muy formal, que no quiere divertirse y que desprecia todo aquello que sea chabacano. La cinta busca generar momentos cómicos con la idea del “pez fuera del agua” (“fish out of water”), que consiste en mostrar a un personaje en un contexto al que no está acostumbrado, lo que lo obligará a adaptarse o a hacer prevalecer sus ideas. El problema es que durante la primera mitad de la película los personajes no son más que caricaturas que obedecen a un par de características superficiales que no son suficientes para hacerlos creíbles.

El personaje de Walt Disney tampoco escapa de esta caricaturización, siendo mostrado casi como un santo. Ni siquiera el Gandhi de Ben Kingsley fue mostrado de forma tan bondadosa como el Disney de Hanks. El empresario es representado como una persona excesivamente alegre y optimista, que parece estar diseñado para sonreír y ver el lado positivo de todas las cosas. El problema no es atribuible a Tom Hanks, que hace un muy buen trabajo con el material que está a su alcance. El problema es que esta versión de Disney es algo totalmente esperable de una película producida por su propio estudio. Si la cinta fue financiada por la compañía fundada por el propio protagonista, es muy difícil que la versión del personaje sea más arriesgada que eso.

De estas escenas, los mejores momentos provienen de las interacciones entre Travers y los músicos y guionista de la futura película. Aunque si uno lo piensa de forma detenida, este encanto proviene de las canciones de la película Mary Poppins (1964) más que de los méritos propios de esta cinta.

La película también recurre a un gran número de flashbacks que narran la infancia de Travers en Australia junto a su familia. Aunque la idea es buena (darle profundidad al personaje y mostrar los elementos que inspiraron la creación de su libro), estas escenas son deficientes en su ejecución. La forma en que están filmadas hace que la cursilería de Walt Disney parezca poca cosa. Filmadas con una predominancia del color dorado, al atardecer, parecen las escenas de un comercial o de un telefilme meloso más que de una película seria. Además, el número de los flashbacks parece excesivo, y no resultan tan interesantes como los momentos ambientados en Los Ángeles.

Los momentos más destacables de la película tienen lugar en su segunda mitad. Durante estos minutos se explora el gran tema de la cinta, que es la relación entre Travers y su padre. Esto también permite unirlo a otras relaciones parentales, como la de Walt Disney con su propio padre, o la del chofer de Travers (Paul Giamatti) con su hija. Es recién en estos momentos que uno se da cuenta de la forma en que la infancia de la escritora contribuyó a crear los elementos de su libro más famoso. Mi escena favorita de la película es la que tiene lugar en el estreno de Mary Poppins, cuando los invitados están en la alfombra roja. Es un momento bastante simple, pero es en aquella sencillez donde radica su valor.

El cambio que se produce entre la primera y la segunda mitad de la película no es solo de tono. Es cierto que la primera mitad se caracteriza por una atmósfera de comedia liviana y que la segunda mitad se encarga de agregar elementos más dramáticos y desarrollar a sus personajes, pero la diferencia también está en la calidad de una y otra. La primera mitad de la película es bastante deficiente, mientras que la segunda es por lo menos interesante. Aunque Saving Mr. Banks cuenta con actuaciones muy buenas de Emma Thompson y Tom Hanks, el resultado como un todo deja harto que desear. Existen algunos destellos de calidad que quedan en la memoria, e incluso se logra crear un momento muy emotivo hacia el final, pero el resto de sus elementos simplemente no funcionan.

La película descansa demasiado sobre la imagen que Disney creó sobre sí, más que en la persona que realmente era, lo que le resta credibilidad a la cinta. Cuando contaba la historia de la creación de Mickey Mouse, Disney decía que la idea surgió cuando iba viajando en tren hacia Hollywood, luego de haber perdido los derechos del personaje Oswald the Lucky Rabbit. La idea, según él, llegó de repente, y así fue como nació uno de los personajes más reconocibles del siglo XX. Pero esta historia tiene más de fantasía que de realidad, ya que omite el rol que tuvo el animador Ub Iwerks como cocreador del ratón, y que fue Iwerks quien se encargó de hacer por sí mismo el primer cortometraje del personaje. Quizás discrepancias como estas nos pueden ayudar a entender de mejor manera una película como Saving Mr. Banks, que coincidentemente fue titulada El sueño de Walt en Chile.

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