The Butler (2013)

ImageEstamos en medio de la temporada de premios del cine estadounidense, una época en la que el lobby se apodera de Hollywood y personas como Harvey Weinstein demuestran todo su poder. Pero a diferencia de años anteriores, las películas producidas por The Weinstein Company no han tenido demasiada repercusión, no tanta como los años en que cintas como The King’s Speech (2010) y The Artist (2011) recibieron innumerables –e inmerecidos- premios. De las películas protagonizadas por aquella compañía, la más olvidada fue The Butler (El mayordomo), la nueva película de Lee Daniels, que no recibió ninguna nominación en los premios Óscar.

Entre las razones que se han dado para este olvido por parte de la Academia, se ha mencionado la fecha de estreno de la película, que llegó a cines estadounidenses algunos meses antes que las películas nominadas. Esto la habría afectado ya que el resto de las cintas estaban más frescas en la memoria de los votantes. Pero una razón como esta no tiene demasiado sustento. Si la película es buena, su fecha de estreno no tiene demasiada relevancia. Además, no tengo el conocimiento suficiente para establecer la razón del olvido de The Butler por parte de las premiaciones, sino más bien por qué como película no funciona.

La película es protagonizada por Cecil Gaines (Forest Whitaker), un exesclavo que deja su vida en las plantaciones para iniciar un camino como hombre libre. Debido a su experiencia como esclavo de casa, Cecil se dedica a trabajar como mayordomo en un hotel, donde un día es notado por una persona que trabaja en la Casa Blanca. El protagonista recibe una oferta de empleo para trabajar como mayordomo en la sede de gobierno estadounidense, debido principalmente a su imparcialidad política y a que se limita a servir a sus superiores con la obediencia que el cargo requiere. Cecil acepta el trabajo, el cual llevará a cabo durante décadas, viendo cómo pasan frente a sus ojos varios presidentes y sus familias.

The Butler es, en términos coloquiales, carnada de Óscar (Oscar bait), una película diseñada especialmente para ser tomada en cuenta por los premios Óscar y otros galardones cinematográficos de Estados Unidos. Estas cintas son por lo general dramas que tienen un tinte histórico, están basadas en hechos reales, cuentan con un reparto de lujo, con actores que se someten a cambios físicos o a capas y capas de maquillaje, y que poseen un mensaje políticamente correcto que debe inspirar a los espectadores pero sin ser demasiado desafiante.

La película cumple con todos estos requisitos, al presentarnos una historia basada parcialmente en hechos reales, que muestra sucesos ocurridos a lo largo del siglo XX desde la perspectiva de sus personajes, en una historia que abarca varias décadas (y, por lo tanto, requiere de maquillaje para poder reflejar el paso del tiempo en su protagonista). El mensaje también queda claro desde el comienzo. Su protagonista es un mayordomo negro que trabaja en el lugar donde se toman las decisiones más importantes de la nación estadounidense, en una época donde el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos cobra más y más fuerza. Pero, ¿es una buena película? Aunque The Butler cumple con las exigencias requeridas para recibir innumerables galardones, hay algo que impide que sea memorable. Pese a lo poderosa que es su premisa, el resultado final es débil e insípido.

La cinta de Lee Daniels carece de personalidad, ya que la mayoría de sus elementos reflejan el deseo de llamar la atención de los premios más que de narrar una historia que conecte con el espectador. Aspectos como la narración del protagonista, los violines lacrimosos, y el desfile de figuras históricas que vemos pasar por la pantalla, parecen las decisiones de un ejecutivo más que las de un artista. Además, la cinta no tiene sutilezas, y todos sus mensajes son entregados a través del diálogo de los personajes, sin dejar dobles lecturas ni desafíos para la audiencia. Incluso una película tan brutal como 12 Years a Slave (2013) posee más astucia que esta cinta. La escena donde Solomon Northup intenta evitar morir ahorcado, la que se alarga para mostrar la indefensión del personaje y la angustia del momento, posee una comprensión del lenguaje cinematográfico que Daniels ni siquiera roza en The Butler.

Una de las primeras imágenes que vemos en la película es a dos afroamericanos colgados, mientras una bandera estadounidense flamea a lo lejos, todo lo cual es acompañado por un texto que dice “la oscuridad no puede acabar con la oscuridad, solo la luz puede hacerlo”. En The Butler todo está frente a nuestras narices. No hay insinuaciones, ni subtexto, ni ambigüedades. E irónicamente, en los aspectos donde la película podría haber utilizado este lenguaje directo, opta por no hacerlo para no caer en lo políticamente incorrecto. Aunque la historia tiene como contexto las décadas de lucha por la igualdad entre blancos y negros, la cinta se limita a hacer un recorrido bastante superficial por esta época. Claro, se muestra a Martin Luther King y las protestas realizadas por los afroamericanos para desafiar las distinciones raciales que se hacían en aquel tiempo, se mencionan a las Panteras Negras y a Malcolm X, pero todo esto parece insustancial. Las apariciones de los presidentes estadounidenses apenas tiene mayor profundidad que los mostrados en Forrest Gump (1994), y eso que en aquella cinta el tono predominante era la comedia.

Pero no todo es malo. Hay elementos positivos en la película. El paralelo que se hace entre el protagonista y su hijo es interesante, aunque la falta de sutileza la termine afectando. Cecil fue un esclavo que pasa desde trabajar de forma obligada en las plantaciones, en pésimas condiciones, a servirles obedientemente a hombres blancos acaudalados. Aunque es jurídicamente un hombre libre, el protagonista continúa estando en un segundo plano, en un país donde las personas de su raza no gozan de los mismos derechos que el resto, y en un trabajo que consiste en pasar desapercibido para sus jefes. Esta injusticia es notada por su hijo mayor, Louis (David Oyelowo), quien comienza a leer  y a aprender sobre la lucha que sus pares están llevando a cabo en las calles.

Mientras Cecil trabaja y perpetúa un sistema injusto, su hijo protesta y es arrestado intentando cambiar la situación. Esto genera varios conflictos entre padre e hijo, y levanta unas interesantes preguntas acerca de los dos tipos de comportamiento que surgieron durante aquella época en Estados Unidos. La de afroamericanos que se limitaban a realizar su trabajo, para no perder las pocas garantías que adquirieron después de ser sometidos a una institución tan cruel como la esclavitud, y la actitud de aquellos afroamericanos que vieron la abolición de la esclavitud como un primer paso, y que no iban a quedarse callados hasta que no gozaran de los mismos derechos que el resto de las personas.

La película también cuenta con buenas actuaciones por parte de su elenco. Forest Whitaker hace un muy buen trabajo como el protagonista, con el desafío que representa mostrar su evolución a través de un período tan largo de tiempo. También es necesario destacar a Oprah Winfrey, que interpreta a la esposa de Cecil. No es la primera vez que actúa, pero todavía sorprende el talento que tiene como actriz, llegando a convencer de que no estamos frente a una de las mujeres más adineradas de Hollywood. El tercer pilar de la película es David Oyelowo, que a través del personaje de Louis es capaz de hacerle frente a Whitaker y a Oprah en las escenas donde los tres comparten pantalla. Respecto del resto de los actores, también hacen un buen trabajo, aunque no tan destacado como las ya mencionados. Sin embargo, hay algo que llega a desconcentrar bastante, y es la presencia de tantas celebridades. Es difícil sumergirse en la historia cuando vemos a Mariah Carey, Lenny Kravitz y Robin Williams. La ilusión de que estamos viendo a personas reales se pierde entre tantas estrellas.

Si uno aprecia la película como un todo, se puede decir que técnicamente no es mala. Fallida, sí, pero no mala. Pero lo que impide que The Butler se convierta en una gran película es su falta de honestidad. Más que tratarse de una cinta que busca contar la historia de este mayordomo que fue testigo directo de los cambios más importantes ocurridos en su país, la película refleja los intentos de un estudio por obtener la aprobación de un cierto grupo de personas pertenecientes a la industria cinematográfica. Incluso los productores de películas como Transformers (2007) son más sinceros, ya que dejan en claro que lo único que quieren es dinero. Pero en el caso de The Weinstein Company, todo su lobby por tratar de obtener premios solo demuestra un interés por recibir un falso reconocimiento artístico.

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Un pensamiento en “The Butler (2013)

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