Al midan (2013)

ImageEl año 2011, la revista Time escogió al protestante como la “persona del año”. La elección fue producto del surgimiento de manifestaciones a lo largo del mundo, incluidos el movimiento Occupy en Estados Unidos, el de los indignados en España, y también las protestas estudiantiles en Chile. Pero las mayores y más fuertes protestas no se produjeron en estas naciones, sino que en lugares como Siria, Túnez y Egipto, en la denominada Primavera Árabe. La cinta Al midan (The Square), que forma parte de los documentales nominados a los premios Óscar del presente año, se encarga de retratar las manifestaciones ocurridas en Egipto, mostrando no solo la esperanza que levantaron entre la población, sino también los conflictos y dudas que surgieron a partir de ellas.

La directora Jehane Noujaim comenzó a filmar los sucesos de Egipto en 2011, durante un periodo que abarcó dos años. El documental sigue las vidas de un grupo de egipcios, quienes tienen ciertas diferencias ideológicas, pero que participan de forma activa en el movimiento que está ocurriendo en su país. Entre ellos se encuentran Khalid Abdalla, un actor nacido en el Reino Unido, pero cuyas raíces egipcias lo llevan a formar parte de las protestas de esta nación africana; Ahmed Hassan, un joven que ve la revolución como la única forma de crear un Egipto más justo para sus habitantes; y Magdy Ashour, un musulmán perteneciente a los Hermanos Musulmanes, una organización religiosa que ha sufrido una constante persecución durante el gobierno del dictador Hosni Mubarak.

Todos estos personajes participaron en las protestas guiados por el deseo de derrocar a Mubarak, cuyo gobierno se había extendido durante décadas de corrupción y arbitrariedad. Sin embargo, la cinta nos muestra que la renuncia de Mubarak fue solo el punto de partida en este capítulo de la historia egipcia. La dimisión del dictador levantó varias dudas, como el rol que tendrían los militares a partir de aquel momento, o quién gobernaría el país a partir de entonces. Tras estas primeras protestas, los Hermanos Musulmanes surgieron como la principal fuerza para ocupar el gobierno de Egipto, lo que provocó suspicacia dentro de los revolucionarios, que temían que un gobierno musulmán terminara siendo peor que el de Mubarak.

Guiados por la religión y por principios intransables, los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones parlamentarias y presidenciales realizadas en el país, implementando un gobierno más estricto que el recién derrocado. Esto volvió a levantar las voces de los protestantes, pero también significó una represión más severa por parte de los militares. Al estar filmado desde dentro de las manifestaciones, el documental pone al espectador en medio de lo que está ocurriendo, haciendo que los disparos recibidos por la multitud y los cuerpos tirados en las calles adquieran una mayor gravedad que cuando son mostrados en los noticieros de la televisión.

El principal mérito del filme radica en la valentía de sus realizadores, en el riesgo que asumieron al momento de mostrar desde adentro una revolución que vibraba por las calles de Egipto. Aquella no fue una decisión fácil, ya que sucesos como estos se caracterizan por ser impredecibles, sobre todo cuando los manifestantes tienen al frente a un ejército dispuesto a dispararles. Las consecuencias de este peligro están reflejadas en el documental a través de la historia de Ramy Essam, un músico que se transformó en un ícono de las protestas por las canciones que tocaba en la plaza de la Liberación.  Ramy fue una de las tantas víctimas fatales que dejaron las protestas a manos de los militares.

Al midan también muestra cómo las revoluciones no son suficientes, sino que es igual o más importante lo que ocurre después de ellas. En Egipto no bastó con derrocar a Mubarak, también era necesario ver que el futuro del país mantuviera una cierta estabilidad. Este fue el principal error de los revolucionarios egipcios, quienes se desentendieron luego de que la dictadura cayó, dejando el gobierno en manos de personas igual de reprochables. Además, después de décadas de dictadura era muy difícil que la población aprendiera de forma espontánea cómo debe funcionar una democracia.

El documental no tiene una conclusión propiamente tal ya que la historia de las revoluciones en Egipto aún no termina. Esto se puede ver en la reciente renuncia del primer ministro Hazem el Beblaui. Pero si bien estamos todavía ante un proceso inconcluso, el documental es capaz de mostrar que el pueblo egipcio ha aprendido el principio fundamental de toda democracia: el poder del gobierno es delegado por el pueblo, y por lo tanto las decisiones deben ir encaminadas a satisfacer el bien común. Este pensamiento transforma la idea de “líder político” a la de “representante político”, permitiendo que sea la ciudadanía quien vigile que los gobernantes hagan su trabajo, algo que en Chile hemos estado aprendiendo durante los últimos años.

Hay algunas falencias en el documental, sobre todo en la forma en que muestra a ciertos sectores. Es esperable que este tipo de cintas tengan un foco ideológico por parte de sus realizadores, pero se echa de menos un punto de vista más crítico respecto de los revolucionarios egipcios. Que la directora esté de acuerdo con ellos no significa que deba obviar algunos problemas como su falta de organización, la incapacidad que han tenido para formar parte en la reestructuración política de Egipto o la cuestionable representación que pueden tener respecto del resto de la sociedad. Se hacen algunas observaciones por aquí y por allá, pero no son demasiado sustanciales.

De todas maneras, es una cinta meritoria, por la forma en que fue realizada –con un escaso presupuesto, y corriendo grandes riesgos- y por su valor como documento histórico. Y respecto del primer punto, es lógico que un filme como éste haya sido distribuido a través de una plataforma como Netflix, debido a la gran relevancia que tuvieron los medios digitales en las protestas egipcias.

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