The Book Thief (2013)

ImageLa relación cinematográfica niños-guerra, y específicamente Segunda Guerra Mundial, no es nueva. Esta especie de subgénero bélico está compuesto por películas como la adaptación de El diario de Ana Frank (1959), pasando por La vita è bella (1997), y se extiende a ejemplos más recientes como The Boy in the Stripped Pyjamas (2008) o Lore (2012). Estas cintas aprovechan la perspectiva inocente de sus protagonistas para exponerlos a una situación límite como la guerra o el genocidio, haciendo que los personajes puedan experimentarlos sin las cargas ideológicas de los adultos, con una visión más prístina, y entregando así una historia antibélica que habla sobre la maduración.

El gran riesgo al que se enfrentan estas películas es que al estar protagonizadas por niños, están la mayoría de las veces dirigidas a un público más infantil. Esto, que no es negativo per se, puede llegar a ser desventajoso, ya que los elementos presentes en la historia serán simplificados para que sean comprendidos por los espectadores más jóvenes. Con esta simplificación, se puede caer en una reducción excesiva, donde se termine entregando un relato torpe y pueril. Es precisamente este peligro con el que debe lidiar la cinta The Book Thief (La ladrona de libros), basada en un bestseller del novelista australiano Markus Zusak.

La protagonista de la historia es Liesel (Sophie Nélisse), una niña alemana que es enviada a un hogar adoptivo a finales de los años 30, dado que su madre es comunista. La niña no solo debe lidiar con la pérdida de su madre, sino también con la de su hermano menor, que falleció durante el viaje en tren. Recién llegada a un pueblo que no conoce, a un hogar que le es ajeno, Liesel tendrá que adaptarse a esta nueva vida, en medio de un contexto lleno de odio e intolerancia. Pero su experiencia se hará algo más llevadera gracias a su padre adoptivo, Hans (Geoffrey Rush), y a un niño llamado Rudy (Nico Liersch), que rápidamente se convierte en su amigo.

Tomando en cuenta el título de la película y el hecho de que estaba ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, asumí que trataría sobre las quemas de libros que se realizaron en la Alemania nazi, y los esfuerzos de la protagonista por preservar los textos que estaban prohibidos por el régimen de Hitler. Pero estaba equivocado. Si bien se muestra una quema de libros en la película, de la cual Liesel rescata un ejemplar, el título hace referencia a otra cosa, que no tiene demasiada importancia en términos de trama.

Lo primero que noté con esta película es que se basa en muchos de los clichés de cintas melodramáticas sobre la Segunda Guerra Mundial. Apela más a los diálogos y actuaciones cursis que a un buen desarrollo de los personajes. No hay ningún problema en que una película busque transmitir sentimientos, o que su columna vertebral se base en ellos, pero en el caso de The Book Thief se nota una intención manipuladora que le quita honestidad. No llega al nivel de The Butler (2013), menos mal, pero hay varios elementos que se nota fueron diseñados solo para ser nominados a un premio Óscar o dos.

Los personajes no son muy interesantes, y los únicos que destacan un poco son la madre adoptiva de Liesel, Rosa (Emily Watson), y la esposa del burgomaestre de la ciudad, Ilsa (Barbara Auer). Estos personajes presentan algo más de sustancia que el resto; no son unidimensionales. No se puede decir lo mismo de la protagonista o del personaje interpretado por Geoofrey Rush, quien pese a haber ganado un Óscar hace algunos años no destaca demasiado por su actuación en esta película. Creo que el personaje peor escrito es el de Rudy, el niño que se hace amigo de la protagonista. Es presentado como un niño tan ingenuo y bondadoso que parece irreal. Además, tiene un pequeño conflicto con su padre debido a su admiración por el atleta afroamericano Jesse Owens, pero esta parte de la historia es narrada de forma tan torpe que no alcanza su objetivo.

Hay algunos elementos buenos, como la fotografía, ciertos elementos del montaje (en un par de escenas, donde se combinan hechos relacionados entre sí), o la ambiciosa elección del narrador de la historia. El mensaje de la película también es bueno, al mostrar el amor de Liesel por los libros y lo que estos representan, como elementos portadores de opinión, conocimiento y expresión artística, los cuales son esenciales para una sociedad pluralista. Pero la forma en que el mensaje es entregado no es la mejor. The Book Thief cae demasiadas veces en lo empalagoso, en escenas cuyo exceso de dulzura resultan poco naturales. Pero por suerte no llega al nivel de desastres como La vita è bella, que entrega un mensaje tan inepto como el de perseguir la evasión de la realidad y no afrontar lo que ocurre a nuestro alrededor.

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