Devil’s Due (2014)

ImageUna de las tendencias predominantes dentro del cine de terror contemporáneo es el subgénero del found footage o metraje encontrado. Esta técnica, que consiste en que los mismos personajes filman lo que ocurre para darle realismo a la historia, fue creada hace más de tres décadas, pero alcanzó una enorme popularidad con el estreno de la película Paranormal Activity (2007). Desde entonces, decenas de cintas han utilizado estos elementos para aprovechar su éxito económico. El problema es que al haber un número tan grande de películas basadas en la misma idea, no tardamos en encontrarnos con trabajos repetitivos y carentes de ingenio como Devil’s Due (Heredero del diablo).

La historia es protagonizada por una pareja de recién casados, Samantha y Zach, quienes viajan a República Dominicana para su luna de miel. Durante su última noche en aquel país, la pareja es llevada por un taxista a una discoteque que está escondida en unos barrios bastante sospechosos. Aprovechando que los turistas han bebido, el taxista y otros hombres realizan un extraño ritual sobre Samantha, pero ni ella ni su marido se acuerdan de lo que ocurrió al despertar la mañana siguiente. De vuelta en Estados Unidos, Samantha descubre que está embarazada, y a partir de entonces comenzarán a ocurrir cosas muy extrañas a su alrededor.

Lo primero que se viene a la mente con la idea de una mujer embarazada del anticristo es la cinta Rosemary’s Baby (1968). Un ícono del cine de terror, la película de Roman Polanski debe su fama a la cargada atmósfera que presentan sus escenas y a la paranoia que impregna el relato. El paralelo entre aquella cinta y Devil’s Due también alcanza a la participación de una secta secreta que se encarga de utilizar a la protagonista como una herramienta que dará a luz a su nuevo líder, sin que ella lo sospeche. Sin embargo, esta película no alcanza ni por si acaso la calidad de la cinta protagonizada por Mia Farrow.

Mientras la obra de Polanski se basa en sugerir más que en mostrar, los directores de Devil’s Due recurren a decisiones torpes que dan lugar a un resultado exento de tensión. Las escenas de la película van desde momentos aburridos que emulan a un video de vacaciones familiares, hasta situaciones ridículas que producen confusión o risa en vez de miedo. Acá no hay sutilezas ni paciencia, y el tono de las escenas varía de forma demasiado notoria. Si se llega a producir un susto, es debido a la aparición repentina de algo acompañado de un estruendo (el aborrecible jump scare) más que de la creación de una atmósfera determinada.

Algo que se le ha criticado a Paranormal Acitivity es que está llena de escenas donde no ocurre nada. Pero esos comentarios están muy equivocados, ya que la gracia de esa cinta es que los sustos se producen por la anticipación; por la espera de que va a ocurrir algo, sin que sepamos qué ni cuándo. En Devil’s Due, en cambio, no se alcanza la tensión producida en aquella cinta, ya que no existe una sucesión de momentos que vayan aumentado el miedo, sino que una serie de escenas pegoteadas sin demasiada lógica.

Los directores de la película son Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, quienes habían participado en la antología V/H/S (2012). Estos cineastas forman parte de aquella nueva generación de directores que buscan renovar el cine de terror estadounidense. Pero como quedó demostrado en esta película, no llegan al nivel de Ti West (The House of the Devil, The Innkeepers) o Adam Wingard (You’re Next). Quizás se trate de un problema temporal, de un error de novatos que estaban acostumbrados a filmar cortometrajes y que acaban de debutar con un largometraje. De hecho, el segmento que hicieron para V/H/S era bastante decente. Pero independientemente de las dificultades de conlleva pasar desde unos cortometrajes a una película de 90 minutos, los problemas de Devil’s Due no pueden ser atribuidos solo a este factor.

Se trata de una película intrascendente, que no innova dentro del género y que no refleja pasión ni interés por parte de las personas que participaron de ella. Es simplemente un intento de subirse al carro del found footage para agarrar las ganancias económicas que todavía produce esta técnica. Con un presupuesto de 7 millones de dólares, y una recaudación de 32 millones alrededor del mundo, parece que el negocio resultó.

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