Godzilla (2014)

ImageEl año pasado, el género japonés kaiju adquirió popularidad en Hollywood gracias a la película Pacific Rim (2013), de Guillermo del Toro. La afición por las criaturas gigantescas continúa este 2014 con el denominado “rey de los monstruos”, Godzilla. Después de una fallida versión estadounidense dirigida por Roland Emmerich en 1998, el monstruo que inició este género cinematográfico regresa más grande y peligroso que nunca, en una cinta que entiende al personaje y lo actualiza a los tiempos modernos.

La película muestra a Joe Brody (Bryan Cranston), un viudo que está obsesionado con investigar el accidente que le quitó la vida a su esposa 15 años atrás en Japón. Según Brody, el derrumbe de la planta nuclear donde trabajaban no se debió a un terremoto o a otra catástrofe aleatoria, sino que a algo mucho más aterrador. Usando unos sonares, el científico predice que va a ocurrir un evento similar al que destruyó la ciudad donde vivía junto a su familia. Con la compañía de su escéptico hijo Ford (Aaron Taylor-Johnson), Brody viaja a la zona afectada, la cual se encuentra vedada por las autoridades, para examinar lo que está ocurriendo.

Al llegar descubren una gigantesca crisálida, la cual es vigilada por una organización llamada Monarch. Desde su interior emerge una criatura alada, que amenaza con destruir todo lo que está a su paso. Mientras los militares pretenden utilizar bombas nucleares contra la criatura, el científico a cargo de la investigación, Ichiro Serizawa (Ken Watanabe), les aconseja que no lo hagan. Según él, la criatura se alimenta de radiación, por lo que no sería aconsejable utilizar ese tipo de armas contra ella. Pero la principal razón es que existe otra criatura, llamada Godzilla, que puede vencerla. Este gigantesco monstruo fue avistado hace varias décadas en el océano Pacífico, y es la única posibilidad que tiene la humanidad de eliminar a la criatura alada y mantener una especie de equilibrio natural en el planeta.

Para entender de mejor manera las diferencias entre esta versión estadounidense de Godzilla y la de 1998, lo mejor es revisar los estilos y carreras de sus respectivos directores. Roland Emmerich, quien estuvo a cargo de la versión noventera, se ha caracterizado por unas cintas que apelan al espectáculo a través de efectos especiales, sin demasiado interés en los personajes. Antes de asumir la tarea de “americanizar” al rey de los monstruos, el director había dirigido Independence Day (1996), una superproducción que relata cómo la Tierra es invadida por extraterrestres y cómo el ingenio de los humanos termina derrotando a esta amenaza.

Gareth Edwards, por su parte, solo posee un largometraje previo a este proyecto. Una película de ciencia ficción independiente, con un presupuesto inferior al millón de dólares, titulada Monsters (2010). Al igual que Independence Day, muestra la llegada de criaturas extraterrestres a la Tierra, pero su enfoque es totalmente diferente al de Emmerich. Mientras el cineasta alemán centraba la acción en militares e incluso en el presidente de Estados Unidos, Edwards optaba por una historia más acotada. Sus protagonistas son una pareja estadounidense que busca trasladarse desde México hasta Estados Unidos, atravesando una zona infectada por extraterrestres. El tono de las películas también es muy diferente, con una Independence Day llena de patriotismo y diversión, contra una Monsters que es más pesimista y reflexiva.

Sería difícil encontrar a dos directores de cine más distintos entre sí, y estas diferencias se notan en sus respectivas versiones de Godzilla. La película de Edwards posee un tono mucho más serio que la de Emmerich, manejando de mejor manera las expectativas y el misterio que rodea a las criaturas gigantes. Si bien en ambas cintas se juega con la idea de mostrar de a poco a Godzilla, primero con un rastro de destrucción, luego con unos planos a sus patas o cola, para finalmente mostrarlo de cuerpo completo, en esta película la tensión se siente.

En esta película hay además un mejor entendimiento del personaje, lo que no ocurría en la versión de Emmerich, donde ni siquiera su tamaño estaba claro. Las escenas de acción están mejor elaboradas, y a diferencia de la cinta anterior, donde Godzilla solo se enfrentaba a los militares, en esta película por fin lo vemos pelear con otros monstruos. La razón para que esto ocurra no tiene que ver con una especie de deber ético de Godzilla, como lo que ocurría en las cintas japonesas donde era un guardián que protegía a Japón del ataque de otras criaturas. En esta versión se enfrenta a otros monstruos por un simple instinto animal. Se trata de un depredador alfa que busca mantener un equilibrio en el ecosistema eliminando a otros animales que pueden resultar peligrosos para él.

Algo interesante de esta película es que, al igual que en Monsters, los acontecimientos son vistos a través de los ojos de los humanos. Es por eso que las imágenes que uno tiene de Godzilla provienen generalmente desde un nivel a ras de suelo (desde el interior de un vehículo, por ejemplo). Esto da al espectador la sensación de formar parte de lo que está ocurriendo, así como de entregarnos una idea acerca del tamaño de estos monumentales monstruos. Este juego con la perspectiva puede resultar algo limitante a priori, pero la película se las ingenia para entregarnos de vez en cuando unas imágenes espectaculares, tanto en composición como en tamaño. Son estos destellos de genialidad los que se quedan en nuestra mente tras haber salido del cine, lo que es muy meritorio.

La cinta también juega con nuestras expectativas al momento de mostrar las peleas de Godzilla. Como vemos lo que ocurre desde el punto de vista de los personajes humanos, estas peleas se ven interrumpidas tras un par de segundos, pasando a mostrar inmediatamente después las consecuencias de lo que ocurrió. Esto es algo frustrante al principio, ya que solo alcanzamos a ver unos breves momentos de Godzilla enfrentándose a una criatura, pero lo que está haciendo el director es aumentar nuestras ganas de ver la pelea; deseos que son cumplidos con creces durante el último tercio de la película. Es en estos últimos minutos que uno ve el corazón de la película, en unas secuencias de acción de enorme espectacularidad, con unos efectos digitales que captan el tamaño de las criaturas como nunca antes se ha visto en una película de Godzilla.

Lamentablemente, la película no es perfecta. Si bien el director había logrado un gran trabajo con su cinta anterior al centrar la trama en sus personajes humanos, no se logra lo mismo en Godzilla. Al ver los tráilers uno asume que el protagonista es el personaje interpretado por Bryan Cranston, pero la verdad es que tiene un rol acotado en la historia. De todas maneras su actuación es una de las mejores dentro de la cinta, añadiéndole al personaje toda la fuerza y dedicación con la que impregnó a la serie Breaking Bad. El verdadero protagonista de la película es su hijo Ford, un personaje bastante genérico que no es interesante de ver. En comparación a la energía de Cranston, la actuación de Aaron Taylor-Johnson se limita a ser pasable, a lo más.

El personaje pasa por una serie de situaciones inverosímiles, donde logra escapar con vida de milagro. Esto no se debe a alguna razón lógica, sino que simplemente a una necesidad de la película de tener a algún personaje entremedio de la destrucción causada por las criaturas. No tendría el mismo impacto emocional que todos los seres humanos fuesen científicos o coroneles que ven la acción desde la seguridad de alguna base militar. Esta milagrosa capacidad del protagonista para salir ileso de diversos peligros incluso es transmitida a su esposa (Elizabeth Olsen) y a su hijo (Carson Bolde), quienes sobreviven a unas situaciones igual de catastróficas.

Por la calidad del anterior largometraje de Edwards, uno se siente decepcionado de que los personajes humanos sean tan planos y poco interesantes. Esto no es exclusivamente su culpa, ya que él no escribió el guion, pero de todas maneras no costaba nada agregarles algo más de vida, para lograr un equilibrio como el de Pacific Rim, donde las escenas protagonizadas por monstruos y las protagonizadas por humanos son igual de llamativas. Los únicos personajes que se salvan son los interpretados por Bryan Cranston y Ken Watanabe. Este último posee un pasado que es explicado brevemente, pero que es mucho más atractivo que lo que le ocurre a Ford.

Al estar ante una película de Godzilla, cabe preguntarse cuál es su subtexto. La cinta japonesa original, estrenada en 1954, es citada como una metáfora de la amenaza nuclear, la cual estaba aún viva en la memoria del país asiático tras los ataques de Hiroshima y Nagasaki. Películas más contemporáneas como Pacific Rim también poseen un mensaje entremedio de las peleas y escenas de acción, como la cooperación que deben tener los diversos países para enfrentar amenazas que afectan a todo el planeta (como el cambio climático). Incluso en el Godzilla de Emmerich uno puede encontrar un mensaje, ya que al estrenarse en un mundo previo al 11 de septiembre de 2001, la película muestra al ejército estadounidense como un arma efectiva para acabar con cualquier peligro que afecte al país norteamericano. ¿Existe algún tipo de mensaje en esta nueva versión?

En la cinta se deja muy en claro que las criaturas gigantescas que amenazan a la humanidad se alimentan de radiación nuclear, la cual las hace más fuertes. Ante la idea de los militares de atacarlas con bombas atómicas, el científico japonés Ichiro Serizawa les explica que esa decisión puede ser más perjudicial que beneficiosa, haciendo un paralelo con lo que ocurrió en Hiroshima. Uno podría ver en esta cinta un mensaje encaminado al desarme nuclear, tanto en armas como en plantas de energía, debido a la peligrosidad de estas. El accidente que se muestra al comienzo de la película en la planta de energía donde trabaja el personaje de Cranston hace recordar a lo ocurrido en Fukushima en marzo de 2011. Si bien han pasado sesenta años desde el estreno de la versión original de Godzilla, uno puede ver que el temor a la aniquilación nuclear sigue latente en el mundo. Es cierto que la guerra fría se terminó, pero países como Corea del Norte o Siria se han convertido en un peligro debido a sus impredecibles gobernantes.

También se puede ver un cierto mensaje ambientalista, debido a las comparaciones que hacen los personajes entre estos monstruos y otros sucesos naturales. En la cinta se aclara que Godzilla y las demás criaturas no fueron creadas por el hombre, sino que existían desde hace millones de años. Ante el intervencionismo de los militares, Serizawa opta por dejar que la naturaleza continúe su curso, confiando en que Godzilla recuperará el equilibrio que rompieron estas nuevas criaturas. “La arrogancia de los hombres es pensar que la naturaleza está bajo su control y no al revés”, dice el científico.

Esta nueva versión de Godzilla es sin lugar a dudas un espectáculo que todo fan del personaje sabrá apreciar. En términos técnicos, las película es lo mejor que se ha hecho con el rey de los monstruos, y lo que es más importante es que los responsables de la cinta comprenden las reglas que rigen al personaje. Pese a lo genéricos que son la mayoría de los humanos, la película es de todas maneras una eficaz actualización de Godzilla y un blockbuster de calidad.

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2 pensamientos en “Godzilla (2014)

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