Pompeii (2014)

ImageLa erupción del monte Vesubio, ocurrida el año 79 d.C., fue una de las catástrofes naturales más letales en la historia de la humanidad. Miles de personas murieron producto de la enorme nube de gas tóxico y el calor insoportable que brotó del volcán, así como de las rocas y cenizas arrojadas en el aire. Las vidas de las personas que se encontraban en los alrededores se detuvieron de forma abrupta, por un suceso que no pudieron predecir. Llevar al cine una tragedia como esta implica no solo captar la magnitud de la erupción, sino también la desesperación de las personas que intentaron huir en vano, quedando atrapadas en una ola de calor y cenizas. ¿Y cuál fue el director escogido para llevar a cabo esta tarea? El mismo que nos trajo las películas de Resident Evil.

Si, Paul W.S. Anderson. No confundir con Paul Thomas Anderson, el director de Boogie Nights (1997) y There Will Be Blood (2007), también conocido como “el Paul Anderson talentoso”. Este otro Paul Anderson, en cambio, nos dio obras cumbres de la cinematografía mundial como Alien vs. Predator (2008) y The Three Musketeers (2011). Un visionario.

La historia es protagonizada por Milo (Kit Harington), un esclavo que es obligado a pelear como gladiador en las islas británicas, y cuyo talento para matar a sus rivales lo lleva hasta la ciudad de Pompeya. Allí conoce a una joven llamada Cassia (Emily Browning), perteneciente a una familia aristocrática. A pesar de que forman parte de diversas clases sociales, ambos personajes terminan enamorándose. Además de este romance, en la película se muestran los esfuerzos del padre de Cassia de afianzar sus lazos económicos con Roma y el deseo de Milo de cobrar venganza contra el hombre que masacró a su pueblo, pero todo esto es interrumpido por la erupción del monte Vesubio, que obligará a todos a escapar por sus vidas.

Al ver esta película, uno inmediatamente piensa en otras cintas de mejor calidad. La historia del protagonista, por ejemplo, es casi idéntica a una película ganadora del premio Óscar. Veamos: Su familia fue asesinada; el personaje fue secuestrado y vendido como esclavo, siendo obligado a pelear a muerte contra otros esclavos para entretener a una multitud; su pasado es desconocido por los demás luchadores, quienes lo apodan con un gentilicio que supuestamente indica su origen (“celta”); sus habilidades lo convierten rápidamente en uno de los luchadores preferidos del público; planea vengarse de la persona responsable de los asesinatos de su familia, quien ocupa un alto cargo político. Todos estos elementos ya los habíamos visto antes en Gladiator (2000), dirigida por Ridley Scott. Y no se trata simplemente de copiar algo, sino que de hacerlo con una calidad inferior.

En relación al elemento trágico de la historia, uno podría compararla con otros exponentes del cine de catástrofes naturales, como Volcano (1997) de Mick Jackson. Pero la verdad es que las similitudes entre ambas cintas solo abarcarían la presencia de un volcán. La película en la que pensé cuando veía Pompeii fue otro estreno de 1997: Titanic. En ambas hay una historia de amor donde los personajes están divididos por barreras sociales; en ambas hay un villano caricaturesco que intenta casarse con la mujer; y en ambas el romance intenta sobrevivir una tragedia descomunal. La gran diferencia (además de las evidentes, como la época en que están ambientadas o el origen de la tragedia) es que en la película de James Cameron la mezcla de romance y tragedia está mucho mejor lograda porque uno se preocupa por los personajes.

Uno cree en el amor que sienten Jack y Rose, a diferencia del romance en Pompeii que apenas está desarrollado. Sin exagerar, los únicos sentimientos que comparten Milo y Cassia son su afición por los caballos y el odio que le tienen al senador Corvus (Kiefer Sutherland). Son dos personajes que apenas tienen una pizca de personalidad, y el hecho de que se hayan enamorado tan perdidamente parece difícil de creer. La ausencia de química entre los actores Kit Harington y Emily Browning tampoco ayuda, aunque esta última se esfuerza algo en sus escenas, mientras Harington no logra escapar de su omnipresente cara de preocupación. Quizás su limitado rango de emociones le sirve en la serie Game of Thrones debido al tipo de personaje que hace, pero claramente no funciona en esta película.

También surgen algunas dudas acerca del contenido de la película, y no solo a sus elementos superficiales. Queda en claro que la cinta es una versión de inferior calidad de Gladiator con elementos sacados de Titanic, pero, ¿hay algo más? En algunas escenas se hace referencia a un sentimiento de descontento de los habitantes de Pompeya en contra de la capital Roma, como una especie de crítica al imperialismo de aquella civilización. De hecho, la primera escena muestra la masacre del pueblo al que pertenecía el protagonista, lo que permitió la conquista de la zona y facilitó el comercio de los romanos a través del norte de Europa. El recelo de los habitantes de Pompeya refleja la idea de que las provincias del imperio romano no poseen la misma atención que la capital, quedando en un segundo plano.

A lo largo de la película vemos además algunas estatuas que representan a los dioses romanos, y escuchamos a los personajes hacen referencia a ellos. Cuando estalla la tragedia, los ciudadanos de Pompeya claman desconsolados cómo los dioses pueden permitir algo así. El problema es que la película tampoco se encarga de aclararnos cuál es la relación de estas deidades con lo que ocurre. Si se tratara de un castigo divino, como el diluvio narrado en Noah (2014), entonces habría afectado al imperio romano en general, o a su capital Roma, ya que en la cinta son descritos como personas reprochables. ¿Por qué destruir solo a Pompeya? ¿Qué hicieron mal? Tal vez los dioses castigaron a la ciudad por utilizar peleas de esclavos como una forma de entretenimiento, pero si esta fuera la razón entonces debió haber castigado también a Roma y a las demás ciudades del imperio. Además, no solo mueren los ciudadanos adultos, que eran conscientes de la esclavitud y disfrutaban con ella, sino también los niños de Pompeya e incluso algunos esclavos.

Si bien la idea de unos dioses crueles, que actúan de forma arbitraria provocando sufrimiento a los humanos es atractiva y muy interesante, no creo que las personas que produjeron Pompeii hayan apuntado a una tesis como esta. Creo que simplemente hicieron estas referencias a los dioses romanos porque la historia está ambientada en aquella época y lugar, pero no pensaron con detención cómo la creencia en estas deidades afectaba la manera de ver la tragedia. La película está diseñada para ser una mera distracción, que recoge elementos que funcionaron en otras cintas pero sin alcanzar la calidad de aquellas.

Es increíble cómo los trabajos de Paul W.S. Anderson están despojados de toda creatividad o sello personal. Incluso las cintas de Michael Bay poseen una visión característica o ciertos temas que se repiten (quizás de forma inconsciente para él mismo). En resumen, Pompeii es una película intrascendente, totalmente olvidable. Lo único que me provocó esta película fue sorpresa, cuando vi que el guion fue escrito por tres personas.

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