Enemy (2013)

ImageEl director de cine Denis Villeneuve tuvo un productivo 2013. Acostumbrado a estrenar sus trabajos con algunos años de separación, y después de su celebrada Incendies (2010), el canadiense nos entregó dos películas el año pasado. La primera fue la muy buena Prisoners, un oscuro thriller que contó con un envidiable elenco de actores; llegó incluso a ser nominada a un premio Óscar, en la categoría de mejor fotografía. La segunda, titulada Enemy, posee una escala menor (en presupuesto, publicidad, número de actores), pero no es menos ambiciosa.

La película nos muestra a Adam Bell (Jake Gyllenhaal), un hombre titubeante e inseguro que vive en la ciudad de Ontario. La vida de Adam no es muy llamativa: hace clases de historia en una universidad, vive solo en un departamento frío e impersonal, y ocasionalmente se reúne con una mujer llamada Mary (Mélanie Laurent), con quien las interacciones se limitan casi exclusivamente a tener sexo. Pero esto cambiará cuando el protagonista ve una película llamada Where There’s a Will There’s a Way, por recomendación de un compañero de trabajo. En la cinta, uno de los actores es idéntico a él. No se trata de un leve parecido físico, sino que la persona que está en la pantalla es un fiel reflejo de Adam.

Intrigado por este extraño suceso, el protagonista comienza a investigar y descubre que el actor se llama Anthony Claire, y que vive en la misma ciudad que él. Adam, quien está fascinado y nervioso en partes iguales, va a la agencia de talentos donde trabaja el actor y obtiene su dirección. Sin embargo, las cosas se complican cuando intenta ponerse en contacto con Anthony. En un primer momento, el protagonista no sabe cómo abordar la situación, lo que hace que el actor lo vea como un simple acosador. Pero este no será el único problema que deberá enfrentar, ya que Adam no tardará en darse cuenta que intentar conocer a esta persona será un error.

En términos de trama, la película no es muy llamativa. Es cierto que tiene una premisa que engancha de inmediato, pero su desarrollo puede parecer exiguo, considerando la manera en que acabo de describirla. Esto se debe a que en Enemy lo importante no es la trama de la película, ni lo que hacen los personajes, sino que la atmósfera que llena cada una de las escenas. Gracias a una fotografía sombría, que recurre a diferentes tonalidades de amarillo, y a la amenazante banda sonora de Saunder Jurriaans y Daniel Bensi, uno se ve expuesto a una constante tensión, aunque no sepamos hacia dónde se dirige la historia. Si bien las acciones del protagonista son razonables debido a la situación que está viviendo (buscar el nombre del actor, conseguir su dirección, intentar ponerse en contacto con él), uno de todas maneras está expuesto a la incertidumbre de lo que ocurrirá después.

Si hubiera que catalogar a esta película dentro de alguna etiqueta, lo más correcto sería denominarla un thriller psicológico. Lo que nos mantiene tensos no es tanto lo que hacen los personajes, sino que lo que piensan y cuáles son sus motivaciones. Los sentimientos del protagonista al momento de descubrir que tiene un doble son contradictorios. Por un lado se muestra fascinado por descubrir más acerca de aquella persona, pero al mismo tiempo se ve asustado por lo que puede ocurrir a continuación. La idea de conocer a una persona idéntica a nosotros ataca ese pensamiento que tenemos los humanos de que somos únicos e inigualables. La figura del doppelgänger ha sido vista tradicionalmente como un presagio trágico, que trae malas noticias.

La extravagante premisa de Enemy tiene algunas similitudes con la obra del escritor Franz Kafka. Ambientada en un mundo realista, la película enfrenta al protagonista con una situación de carácter irreal, que escapa de la explicación lógica. El hecho de encontrar a una persona que es físicamente idéntica a uno, en la misma ciudad donde vivimos, es difícil de creer. Pero de igual manera lo es el relato La metamorfosis de Kafka, donde Gregorio Samsa despierta un día convertido en un insecto gigante. Estas obras no necesitan una explicación lógica, ya que sus elementos fantásticos han sido escogidos no por mero capricho, sino que para representar algunas ideas. La relación entre Enemy y la literatura no es casual, ya que estamos ante una adaptación libre de la novela El hombre duplicado del portugués José Saramago.

En términos simbólicos, la cinta presenta ideas interesantes. Aunque físicamente idénticos, Adam y Anthony son presentados como personajes con personalidades muy distintas (gran trabajo de Gyllenhaal). Adam es un hombre titubeante, que habla a tropezones, interrumpiendo sus frases con varias pausas. Anthony, en cambio, es una persona que sabe lo que quiere y siempre busca tener el control de la situación. Cuando se reúnen por primera vez, es Anthony quien escoge el día, el lugar y la hora. De esta manera, tomando en cuenta sus similitudes y diferencias, ambos personajes son representados como dos caras de la misma moneda. El hecho de que Anthony sea una amenaza para el protagonista puede verse como una lucha entre Adam y sus demonios internos.

Con esto no estoy diciendo que la situación presentada en la película no sea real. De hecho, creo que la cinta entrega pistas tanto para sostener esto como lo contrario, quedando la decisión en manos del espectador. Pero no se puede desconocer el carácter simbólico de lo que le ocurre al protagonista.

Enemy está hecha para ser interpretada. La película está llena de ambigüedades y preguntas que exigen del espectador un ejercicio mental que lo obliga a pensar en ella una vez que aparecen los créditos finales. Denis Villeneuve es un cineasta tremendamente talentoso, con un claro entendimiento acerca de cómo contar sus historias. El director sabe ocupar el lenguaje cinematográfico para presentar de mejor manera sus ideas, calculando con precisión dónde estará ubicada la cámara y qué es lo que mostrará. Puede que algunas personas odien la escena final de la cinta, pero de lo que estoy seguro es que jamás la olvidarán.

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4 pensamientos en “Enemy (2013)

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