Oculus (2014)

Oculus-posterAl comienzo de la película, en la primera escena en que vemos a la protagonista a una edad adulta, la cámara se encuentra atrás de ella, siguiéndola mientras camina por un pasillo. La imagen consiste en un primer plano de su nuca, y podemos ver su cabello pelirrojo peinado en una cola de caballo, la que se balancea de un lado a otro mientras camina, como si se tratase del péndulo de un reloj. Esta comparación no es casual, ya que a lo largo de la película las escenas van saltando entre presente y pasado, en un fuerte paralelismo entre ambas épocas.

La protagonista es Kaylie Russell (Karen Gillan), una anticuaria que ha dedicado parte de su vida a rastrear un espejo que le había pertenecido a su familia. Según Kaylie, este objeto es el culpable del crimen que cambió su vida hace 11 años, cuando su padre (Rory Cochrane) en un ataque de ira asesinó a su madre (Katee Sackhoff). Para probar esto, la protagonista necesita la ayuda de su hermano Tim (Brenton Thwaites), quien acaba de salir de un centro psiquiátrico debido a las secuelas psicológicas del crimen; fue Tim quien detuvo a su padre en última instancia, con un revolver que estaba en la casa. El problema es que Tim cree que lo que ocurrió hace 11 años no se debió a un espejo con poderes sobrenaturales, sino que a un desequilibrio mental de su padre, por lo que Kaylie deberá convencerlo de que su teoría es correcta.

Gracias al constante vaivén entre pasado y presente, y a que los hechos que ocurrieron hace 11 años son narrados de forma paulatina, uno casi no siente la duración de la película. En cada escena el guion nos va revelando nuevos elementos de la trama y comprendemos de mejor manera cómo funcionan los poderes de este misterioso espejo. Como pasado y presente están ambientados en la misma casa, la cinta logra unas transiciones muy buenas entre una y otra época, haciendo el cambio casi imperceptible, y en algunos casos incluso uniendo elementos que pertenecen a cada período. Con esto se acentúa la tesis esbozada por la película de que los acontecimientos ocurridos en el pasado influyen de forma ineludible al presente.

Pero la película no solo juega con la idea del tiempo, sino también con la realidad misma. El cabello de la protagonista, en la escena que describí en el primer párrafo, no solo puede ser visto como el péndulo de un reloj, sino que como el péndulo de un hipnotizador. La idea de un espejo embrujado puede sonar algo ridícula en un principio, pero Oculus logra convertirla en algo amenazante, al otorgarle el poder de jugar con las mentes de sus víctimas. El espejo engaña a los personajes cambiando la percepción que tienen de la realidad, haciendo que tanto ellos como nosotros los espectadores estemos alerta todo el tiempo, sin saber si lo que vemos está realmente allí o no. Este constante estado de confusión nos mantiene tensos a lo largo de la película, tratando de descifrar todo lo que ocurre en la pantalla.

Durante el primer tercio de la película se produce una interesante discusión entre ambos hermanos, acerca de si efectivamente el espejo está embrujado o no. Kaylie está convencida de que ese objeto posee poderes sobrenaturales, e incluso lo explica con las extrañas muertes que han sufrido los dueños del espejo a lo largo de la historia, pero Tim las ve simplemente como coincidencias. Según él, la obsesión de su hermana fue gatillada por el trauma que experimentó hace 11 años, lo que le impide asignar la responsabilidad de lo ocurrido a su padre. Aunque esta ambigüedad acerca de si el espejo está o no embrujado pudo haber sido desarrollada de forma más extensa, como en The Innkeepers (2011) de Ti West, la película no tarda en dejarnos en claro que los poderes del espejo son reales. La decisión no es buena ni mala per se, es simplemente una opción escogida por el director Mike Flanagan al momento de contar su historia.

Lo que hace que esta sea una buena decisión es la forma en que la película la ejecuta. Oculus logra unos muy buenos momentos al reflejar la forma en que el espejo juega con la mente de los protagonistas, cambiando rápidamente entre realidad y alucinación. Otro punto bien logrado es que la cinta reconoce el potencial simbólico de los espejos, y lo utiliza para definir los poderes de este objeto. Los espejos han sido vistos de diversas maneras a lo largo de la historia, siendo una de estas visiones la de objetos que engañan o crean apariencias de realidad. Al seducir a las personas para cometer sus crímenes, el espejo crea la ilusión de que son las víctimas las que actuaron de forma deliberada, guiadas por algún tipo de desequilibrio mental o por maldad pura.

Hay algunos elementos en Oculus que dañan un poco el resultado final, como la inclinación por asustar a través de jump scares (la aparición de algo repentino acompañado de un estruendo), ciertos momentos que son involuntariamente cómicos, o la ausencia de una atmósfera más fuerte que le entregue una identidad definida al relato, los que alejan a la cinta de un lugar privilegiado dentro del cine de terror contemporáneo, como el alcanzado por The Conjuring (2013). Pero aún así, se trata de un buen exponente dentro del género, y una muestra de que el cine de terror todavía nos puede sorprender.

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