Labor Day (2013)

Labor_Day_PosterEs el año 1987, y Adele (Kate Winslet) vive junto a su hijo Henry (Gattlin Griffith) en una zona rural de Estados Unidos. La mujer se divorció de su marido hace años, pero las secuelas de la separación todavía la afectan, a través de una depresión que le impide salir de su casa a menos que esté en compañía de su hijo. Un día, mientras están en el supermercado, Henry y su madre son abordados por un extraño hombre, Frank (Josh Brolin), que está herido. La presencia amenazante del hombre los obliga a llevarlo a su propia casa, donde descubren que se trata de un reo que se acaba de fugar de la cárcel.

Frank pretende permanecer en la casa el tiempo suficiente para recuperar su fuerza y poder seguir huyendo. En un comienzo, Adele acepta ayudarlo sólo para que el hombre no le haga daño a ella ni a su hijo, pero poco a poco se crearán lazos entre Frank y esta familia. El fugitivo pasa a llenar el vacío que había dejado el marido de Adele, tanto como una figura paterna para Henry como una figura marital para ella. De esta manera, lo que parte como una obligación de ayudar a un hombre potencialmente peligroso, pasa a convertirse en el deseo genuino de evitar que sea atrapado.

Esta conexión entre el fugitivo y la familia no se debe simplemente al síndrome de Estocolmo, que es el vínculo afectivo que se genera entre secuestrador y secuestrado debido al tiempo que comparten juntos. La explicación de la película es más ingenua: Frank, un hombre de aspecto tosco, que estaba en la cárcel por haber cometido un asesinato, es en realidad una persona sensible, que entiende los problemas de Adele y se convierte en la figura masculina que hacía falta en ese hogar. Su sola presencia parece lograr el equilibrio tan anhelado por Henry y su madre.

Esta idea de que un prófugo de la ley llegue como caído del cielo a la vida de esta familia, con una buena mano para la cocina, y la bondad de un padre perfecto, puede llegar a parecer algo irreal. Es casi como estar leyendo una novela rosa de tono cursi. Hay algunas escenas que refuerzan esta idea, como aquella donde Adele mira desde la puerta de su casa a Frank y Henry jugando béisbol, un deporte que no entusiasmaba demasiado a su hijo, pero que gracias a la ayuda de Frank se convierte en uno de sus favoritos. La escena en cuestión está filmada al atardecer, con la cámara ubicada a contraluz, lo que nos permite ver algunos destellos del sol iluminando la imagen como si se tratara de un sueño.

Si bien la película posee momentos empalagosos como este, existen elementos redentores que evitan que caiga en el terreno de lo olvidable. Uno de ellos es la dirección de Jason Reitman, cuya filmografía está compuesta por cintas como Thank You for Smoking (2005) y Juno (2007). Uno puede notar la talentosa mano de Reitman a lo largo de la película, la que nos entrega un resultado final que podría haber sido diferente (y peor) bajo la dirección de alguien más impersonal. Ya sea a través de un encuadre preciso, de una elección en el montaje de los flashbacks que nos cuentan la historia de Frank, o el tono que se logra en algunas escenas, Labor Day alcanza una calidad que la eleva por sobre las películas promedio.

El segundo elemento que destaca en la cinta es que su trama no se limita simplemente a este romance de fantasía que viven Adele y Frank. Labor Day no es solo una cinta escapista creada para que las mujeres sueñen con el hombre perfecto. Además del género romántico, la película pertenece a aquellas obras acerca de la maduración, ya que nos muestra el paso de Herny desde la niñez hacia la adultez. Si bien se le da gran atención a la relación entre su madre y el fugitivo, es la voz de Henry la que escuchamos narrando la película, y es a través de su perspectiva que vemos todo lo que ocurre en ella. Vemos el vínculo afectivo que se va forjando entre Adele y Frank a través del propio niño, quien escucha sus conversaciones o los mira de reojo.

Como dicha relación es vista desde esa perspectiva, la película nos muestra además las dudas que agobian a Henry, y el miedo que siente de que su madre se olvide de él ahora que tiene una pareja. El niño ya ha vivido el divorcio de sus padres, y la relación que mantiene con su progenitor se limita a las visitas dominicales que comparten. Su padre armó una nueva familia, y Henry incluso tiene hermanastros, por lo que es entendible la inseguridad que siente respecto a la nueva relación de su madre.

Otro aspecto positivo de la película son las actuaciones, especialmente la de Kate Winslet. No es ninguna novedad destacar el talento de la actriz, sobre todo después de ver cintas como Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) o The Reader (2008), pero nunca está de más volver a señalarlo. La labor de Winslet no era sencilla, al encarnar a una mujer con una fragilidad emocional que le impide desenvolverse en el mundo con normalidad, pero que además posee el coraje de una madre que ama a su hijo y haría todo lo posible por su bienestar. Su actuación se logra principalmente a través de su mirada y la postura rígida de su cuerpo, las que se suavizan cuando está cerca de Frank.

Los momentos de paz entre Frank y esta familia son interrumpidos por los reportes que aparecen en la televisión o las luces de los carros policiales que patrullan las calles. Estos elementos les recuerdan a los personajes que el hombre es un fugitivo y que está siendo buscado por las autoridades. Las interrupciones periódicas van aumentando en intensidad, y ya durante el último tercio de la película la tensión es palpable en el ambiente. Si bien algunos aspectos del final me parecieron demasiado convenientes para la historia, lo que llegó a desconcentrarme del relato, la película terminó cumpliendo su objetivo.

Quizás Labor Day me llegó con mayor intensidad debido a la figura de la madre soltera que muchas veces posterga su propia vida para cuidar a sus hijos, lo que pudo terminar afectando mi evaluación de esta película. Algo parecido a lo que me ocurrió con The Way Way Back (2013), una de mis películas favoritas del año pasado. Pero ambas películas poseen sus virtudes y creo que independientemente de que uno se sienta identificado o no con lo que está viendo en la pantalla, se pueden reconocer las fortalezas de estas cintas.

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