Stage Fright (2014)

Stage_Fright_2014_posterMezclar los géneros musicales y terror no es algo nuevo. El ejemplo más claro de esto es El fantasma de la ópera, que pese a ser concebida como una novela, ha sido adaptada en varias ocasiones como un musical. De hecho, en esta película se hace clara referencia a la obra a través de un musical llamado The Haunting of the Opera. Sin embargo, Stage Fright agrega además elementos cómicos, combinando asesinatos y sangre con el optimismo de las producciones de Broadway. Debido a esto, su esencia se acerca más a cintas como The Rocky Horror Picture Show (1975) o Little Shop of Horrors (1986), aunque con un resultado más irregular.

La cinta es protagonizada por Camilla Swanson (Allie MacDonald), una joven huérfana que vive junto a su hermano Buddy (Douglas Smith) en un campamento de verano dedicado a potenciar el talento artístico de los niños que acuden allí, específicamente lo relacionado con las artes escénicas. La madre de ambos, Kylie (Minnie Driver), una afamada actriz de musicales, falleció años atrás asesinada por una misteriosa persona enmascarada. La muerte se produjo la noche de estreno de la obra The Haunting of the Opera, de la que se conmemora su décimo aniversario. Y es precisamente esa obra la que será presentada por los alumnos del campamento este año.

Aunque al comienzo se siente abrumada por la decisión de revivir la trágica obra, Kylie decide presentarse a las audiciones para el rol principal, como una forma de catarsis y como un homenaje a su fallecida madre. La protagonista posee un talento innato para el canto, y aunque no es una alumna del campamento, es escogida junto a otra joven para interpretar el rol de Sofia. Esto levanta celos entre los demás campistas, pero no es lo único con lo que deberá lidiar. La joven tendrá que soportar el acoso del director de la obra, Joel (Kent Nolan); la presencia de una misteriosa persona enmascarada que sigue todos sus pasos; y los deseos de su padrastro, Roger McCall (Meat Loaf), de hacer lo que sea para que la obra sea un éxito.

Al igual que Scream (1996), la película que renovó el género slasher a mediados de los 90, la protagonista de Stage Fright es acechada por un anónimo asesino vestido de negro con una máscara blanca. A lo largo de la cinta surgen varios sospechosos que podrían encarnar al asesino, cada uno con sus respectivas motivaciones. Sin embargo, la revelación de su identidad no llega a alcanzar el impacto que cobró en la película de Wes Craven. Además, el hecho de que ya se haya utilizado esa fórmula hace más de 15 años le quita el mérito de la novedad.

La mejor forma de definir a esta película es como una oportunidad que no fue bien aprovechada. La premisa de mezclar los musicales y el slasher era bastante llamativa, y las canciones escritas por Jerome Sable y Eli Batalion son pegajosas y demuestran una gran dedicación, pero la cinta está llena de elementos que no terminan de convencer. El principal es la mezcla entre canciones y terror, lo que provoca un gran contraste entre ambas, pero no se llega a alcanzar una forma efectiva de combinarlas.

Uno puede identificar las secuencias musicales de la película, que están llenas de sobreactuaciones y optimismo, como una especie de parodia de Glee o de High School Musical. Y uno también puede identificar los momentos más sangrientos, donde las muertes y la sangre falsa adquieren protagonismo. Pero la película va cambiando constantemente cambiando entre estos dos tonos, sin crear una armonía entre ambos. Hay un intento por alcanzar este equilibrio con las canciones interpretadas por el mismo asesino, que están marcadas por un estilo de heavy metal que busca caracterizar al personaje y crear una atmósfera más amenazante. Sin embargo, estas escenas siguen bebiendo del tono cómico que se ve en el resto de las canciones, así que es difícil hablar de una mezcla entre ambos géneros.

La comedia de la película es a ratos muy entretenida, pero carece de la chispa de otras películas contemporáneas que juegan con el género del terror, como Detention (2011) o The Cabin in the Woods (2012). Además, es difícil que la cinta adquiera una gran popularidad, ya que está creada para ser apreciada por un nicho bastante reducido de espectadores. Personalmente, encontré que se trata de una película ágil y entretenida, pero tengo claro que no se trata de una historia creada para cualquier persona.

Como busca parodiar a los musicales, hay algunos momentos y personajes que son exagerados con fines humorísticos. Afortunadamente, ninguna de estas exageraciones llega a ser desagradable, aunque si hay que reconocer que se recurre bastante a la caricaturización. Cuando se trata de la protagonista, la película deja de lado la farsa y adquiere un tono más serio, recalcando el peso emocional que tiene para ella participar en la última obra donde actuó su madre. De nuevo, emulando lo hecho por Craven en Scream. Como toda final girl, Allie MacDonald debe cargar con la mayor parte del peso de la película sobre sus hombros, y termina haciendo un buen trabajo. No se trata simplemente de un rostro bonito.

Si bien disfruté Stage Fright, es difícil decir si la recomendaría. Existen películas contemporáneas más creativas al momento de examinar el género slasher, como Behind the Mask (2006). Y la idea de mezclar musicales con cine de terror no es algo demasiado innovador. Pero por las buenas intenciones de su director, y por ser algo que escapa del desgastado found footage, es una cinta que vale la pena revisar.

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