A Million Ways to Die in the West (2014)

A_Million_Ways_to_Die_in_the_West_posterSeth MacFarlane, creador de series animadas como Family Guy o American Dad!, dio su gran paso al cine con la película Ted (2012). Narrando la historia de un hombre que se niega a crecer y que vive junto a su oso de peluche parlante, la cinta se transformó en un éxito comercial y recibió buenos comentarios por parte de la crítica. Esto convenció al estudio de darle mayor libertad a MacFarlane, quien decidió hacer su siguiente película, A Million Ways to Die in the West (Pueblo chico, pistola grande), una comedia que toma prestados elementos del western en una mezcla de parodia y homenaje hacia el género. En la cinta MacFarlane no solo participa como director, guionista y productor, sino que además asume el rol de protagonista.

El comediante interpreta a Albert Stark, un ovejero que vive en Arizona en 1882. Se trata de una época y lugar bastante problemáticos, donde los colonos que se aventuraban hacia el oeste de Estados Unidos estaban expuestos a toda clase de peligros. Es un ambiente poco apto para una persona como Albert, quien es miedoso y no posee las habilidades necesarias para sobrevivir en un lugar como este. Su negocio como ovejero no es muy exitoso, y más encima, la única razón que tenía para ser feliz, su novia Louise (Amanda Seyfried), acaba de romper con él.

Las cosas cambiarán cuando conozca a una mujer llamada Anna (Charlize Theron), quien acaba de llegar al pueblo. Anna se da cuenta de los problemas de autoestima del protagonista e intentará ayudarlo a recuperar a Louise. Pero lo que empieza solo como una amistad entre Anna y Albert pasará a ser algo más. Sin embargo, el protagonista no sabe que Anna es la esposa de Clinch Leatherwood (Liam Neeson), un temido y desalmado criminal.

Comparar a esta película con Blazing Saddles (1974), la comedia de Mel Brooks ambientada en el lejano oeste, sería una injusticia. La cinta de Brooks es uno de esos claros ejemplos de comedias provocativas, innovadoras, que estaban adelantadas a su época, categoría donde entran también los largometrajes de Monty Python. A Million Ways to Die in the West, en cambio, carece de esa creatividad y energía. Los componentes raciales y juegos metacinematográficos son reemplazados por chistes escatológicos y referencias culturales, emulando el tipo de humor que ha hecho de Family Guy una serie alabada y criticada por partes iguales.

Existen algunos aspectos ingeniosos de la cinta de MacFarlane, como el hecho de que su protagonista sea tan autoconsciente que se dé cuenta de las míseras condiciones en que vivía la gente en aquella época. Su personaje es casi como un viajero del tiempo, que desde una perspectiva del siglo XXI analiza la barbarie e ignorancia del siglo XIX. Así, se critican elementos como el tipo de medicina que existía, que estaba más cerca de la superstición que del método científico, o la violencia que imperaba en el oeste de Estados Unidos. El problema es que estas observaciones pierden su fuerza debido a la forma en que son contadas. En una escena, Albert les explica a dos amigos los peligros que existen en aquel territorio, y la forma en que lo cuenta parece extraída de alguna rutina de stand-up de MacFarlane.

El rol de este comediante parece estar más cerca de los personajes secundarios o del doblaje, más que de los papeles protagónicos, ya que cuesta ver a Albert Stark como un personaje; la mayor parte del tiempo es Seth MacFarlane con un disfraz. Esto queda en evidencia sobre todo cuando comparte pantalla con actores más talentosos, como Charlize Theron, que es capaz de transmitir más carisma en una escena que él en toda la película. Y para qué hablar de Neil Patrick Harris, que en la serie de películas Harold & Kumar ya había demostrado su capacidad para brillar pese a tener un papel bastante secundario. En los momentos donde interactúa con MacFarlane, Harris es quien lleva el ritmo de las escenas.

Se podría sostener que la capacidad actoral del protagonista no es tan importante, ya que personas como Woody Allen han hecho una carrera interpretando siempre el mismo personaje. La gran diferencia es que Allen es capaz de transmitir empatía en cada una de sus cintas. Aunque MacFarlane escribió a su personaje como un underdog, como alguien que está en desventaja de condiciones y por lo tanto debe despertar el apoyo del espectador, es difícil verlo como alguien frágil. MacFarlane estaría mejor en el rol de los personajes que se burlan del protagonista.

Otro de los problemas de la película es que cae en una reiteración innecesaria de sus chistes, los que terminan perdiendo efectividad. Hay varios chistes que causan gracia la primera vez que son presentados, como la relación entre el virginal Edward (Giovanni Ribisi) y su novia Ruth (Sarah Silverman), una prostituta del pueblo. Mientras Ruth tiene sexo con más de 10 hombres al día debido a su trabajo, Edward no puede tener relaciones sexuales con ella, ya que son cristianos y deben esperar hasta el matrimonio. Esta situación, que por sí sola es graciosa, va decayendo con la tercera y la cuarta reiteración. El guion podría haberles dado algo más que hacer que repetir lo mismo en cada una de sus escenas, pero no. Edward y Ruth solo están en la película para hacer el mismo chiste una y otra vez.

Esto demuestra la falta de confianza que tiene MacFarlane en su propio humor. Y no solo consiste en repetir los chistes, sino también en subrayarlos de tal manera que no nos quepa duda cuál era el remate. La siguiente escena ha sido descrita en varias reseñas de la película, pero sirve como un ejemplo perfecto de esto: Foy (Neil Patrick Harris) es desafiado a un duelo, pero debido a que tomó accidentalmente un laxante, es incapaz de estar cinco minutos sin ir al baño. Cuando está en el lugar donde se realizará el duelo, el personaje es nuevamente atacado por las ganas de ir al baño, y no encuentra nada mejor que usar los sombreros de un par de personas que están mirando lo que ocurre. La imagen es bastante elocuente, con Neil Patrick Harris con los pantalones abajo, sosteniendo el sombrero como si estuviese en el baño, y con los sonidos respectivos. Pero como si esto no fuese lo suficientemente claro para los espectadores, el director decide agregar a continuación un breve plano donde el personaje pasa a dar vuelta el sombrero que estaba en el suelo, lo que provoca que la diarrea caiga al suelo.

A Million Ways to Die in the West es un retroceso en comparación a Ted. Si bien el humor de aquella película no era perfecto, ya que también se abusaba de referencias culturales y se reiteraban algunos chistes (asociar a este oso de peluche de aspecto adorable con drogas, alcohol y sexo), tenía una historia bien hecha y personajes con algo de profundidad. En esta nueva cinta, en cambio, la trama parece menos pulida y los personajes principales no tienen motivaciones bien definidas. ¿Por qué Anna decide ayudar a alguien que acaba de conocer? ¿Qué vio Albert en Louise que lo enamoró tan perdidamente? En Ted además se lograban algunos momentos genuinamente emotivos, ya que existía una conexión entre los personajes. Acá, la química entre Albert y Anna no es tan grande como para que nos sumerjamos en la relación que se va formando entre ellos.

Si se quitan los chistes reiterativos, los cameos innecesarios y el relleno, la película quedaría reducida a una media hora. Es como si los guionistas hubiesen tenido preparado un episodio de alguna de sus series animadas y decidieron transformarlo en un largometraje agregando más cosas.

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2 pensamientos en “A Million Ways to Die in the West (2014)

  1. Pingback: Ted 2 (2015) | sin sentido

  2. Increíble tu análisis. Es muy, muy, muy bueno. Seguí así que es de lo mejor que leí desde hace buen tiempo.! Saludos y gracias.

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