Kaze tachinu (2013)

kaze_tachinu_posterEl año pasado, el director japonés Hayao Miyazaki anunció su retiro del cine. No es la primera vez que el director anuncia esto, pero ahora su decisión parece ser más definitiva. Y no solo por una cuestión de edad, considerando que Miyazaki tiene más de 70 años y según sus propias palabras ya no tiene la energía suficiente para supervisar todo el proceso que involucra hacer una película. Esta vez su retiro parece ser definitivo, ya que el mismo Studio Ghibli va a tomarse un receso. Esta pausa, que busca reestructurar al estudio, es visto por algunos incluso como la señal de un inminente cierre, debido a los altos costos de sus proyectos.

Y si uno ve su más reciente película, Kaze tachinu (The Wind Rises; Se levanta el viento), se puede notar algo que la diferencia de sus anteriores trabajos, casi como si se tratara de una carta de despedida. La cinta posee ese aire entrañable que ha caracterizado a su filmografía, pero al mismo tiempo se aleja del resto de sus trabajos y crea algo nuevo. Mientras en películas como Mononoke-hime (Princess Mononoke; 1997) o Hauru no ugoku shiro (Howl’s Moving Castle; 2004) los personajes habitaban en un mundo de carácter fantástico, y en otras como Sen to Chihiro no kamikakushi (Spirited Away; 2001) o Gake no ue no Ponyo (Ponyo; 2008) partían en un contexto realista y posteriormente eran presentados a elementos extraordinarios, en esta película se opta por una ambientación completamente realista. Existen algunas secuencias que rompen con este realismo, pero se encuentran limitadas a los sueños del protagonista. No se produce esa mezcla que había en sus anteriores trabajos.

Además, la película constituye un caso novedoso dentro de la filmografía del director por tratarse de una cinta biográfica. Sus trabajos previos creaban una conexión con la historia de Japón a través de las tradiciones, el folklore y los mitos. Este es el primer caso en que Miyazaki hace girar una película en torno a un personaje histórico. Se trata de Jiro Horikoshi, un ingeniero aeronáutico que destacó durante la primera mitad del siglo XX creando aviones que luego serían utilizados por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Es, a todas luces, una premisa difícil de asociar a una película para niños, ya que efectivamente su público objetivo no es infantil. Y es que si bien Studio Ghibli se ha caracterizado por hacer películas animadas complejas, con dobles lecturas, incluso comparándola con aquellas se nota el carácter más maduro de Kaze tachinu.

Esto no significa que se trate de una película aburrida o agria. Si bien existe un deseo por acercar sus imágenes a un realismo detallado, la cinta todavía posee la capacidad para asombrar a la audiencia. Miyazaki le otorga la misma importancia al trabajo riguroso de Horikoshi (mostrando sus cálculos matemáticos, sus prototipos, e incluso enseñándonos la estructura interna de los aviones) y a su personalidad idealista. Los sueños del protagonista constituyen un punto fundamental para la creación de sus proyectos, sosteniendo que la ingeniería es la herramienta que permite transformar las ideas en realidad.

La cinta también posee algunos elementos autobiográficos. La relación del director con la aeronáutica existe desde su infancia, cuando su padre trabajaba en una empresa que construía partes de aviones. Tras visitar este taller, el director quedó fascinado por los elaborados mecanismos que daban forma a estas máquinas, e incluso el nombre de su estudio de animación debe algo a ellas. En los sueños del protagonista se le ve conversando con el ingeniero italiano Giovanni Caproni, quien diseñó el avión Caproni Ca.309 Ghibli.

Hacer una película sobre este tema era complicado, sobre todo por sus implicancias históricas y políticas. Los aviones creados por Horikoshi fueron utilizados durante la Segunda Guerra Mundial en batallas como el ataque a Pearl Harbor, así que la forma en que el personaje fuese mostrado podría haber levantado más de alguna polémica. Al final, la decisión del director parece ser la más adecuada, ya que el protagonista es presentado como un joven creativo, que está más preocupado de la belleza de las máquinas voladoras que de su utilización en combate. En ningún momento se glorifica la guerra ni se justifican las muertes, lo que coincide con el pacifismo del cineasta. Kaze tachinu apunta sus críticas hacia los militares y los políticos, que tomaron esos adelantos de la ingeniera para perseguir fines deshonestos.

Visualmente, la película alcanza el nivel de belleza de todos los trabajos de Studio Ghibli. El uso de colores, la iluminación, la atención por los detalles, la animación, los paisajes, todo contribuye a crear una cinta que vale la pena ver sólo por su hermosura. El ritmo pausado es algo característico de las películas de Miyazaki, quien incluye algunas escenas de tipo contemplativo, donde se permite que los personajes descansen, o hagan algo que no esté directamente relacionado con el impulso de la historia. En Kaze tachinu también se recurren a estas pausas, aunque de forma más notoria, como si estuviésemos ante un trabajo de Yasujirō Ozu.

Todavía no estoy totalmente seguro de cuánto me gusto esta película. Sé que es buena, y que es un trabajo bastante personal que nos acerca a la figura de Miyazaki, pero mis dudas surgen al compararla con sus otros trabajos. ¿Es mejor que esos trabajos? ¿No es tan buena? Lo que tengo claro es que es lo suficientemente distinto como para destacar entre ellos, pero no creo que su historia o personajes me hayan fascinado tanto como la historia de madurez de Chihiro o la batalla interna que debe realizar Mononoke.

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