Locke (2013)

locke_posterLocke es un verdadero ejemplo de minimalismo y modestia. La película, que fue filmada en solo dos semanas, transcurre dentro de un automóvil conducido por el protagonista, Ivan Locke (Tom Hardy), quien mientras maneja por una carretera va hablando con otros personajes a través de su teléfono. Al resto de los personajes solo los conocemos por sus voces, ya que Ivan es el único que aparece en pantalla.

La premisa de hacer una película centrada en un solo personaje que se encuentra limitado a un espacio restringido puede hacernos pensar en cintas como Phone Booth (2002) de Joel Schumacher o Buried (2010) de Rodrigo Cortés. Sin embargo, existe una gran diferencia entre esta película y las recién mencionadas. Mientras en aquellas cintas los protagonistas se encuentran expuestos a una situación límite, arriesgando sus propias vidas, en Locke el conflicto que da vida a la historia es más aterrizado. No nos encontramos ante un thriller donde Colin Farrell es atormentado por un sádico anónimo, ni donde Ryan Reynolds es utilizado como rehén por un grupo de terroristas. Se trata de un drama donde el personaje principal debe lidiar con problemas que le pueden ocurrir a cualquier persona.

Ivan Locke es un británico que tiene una vida normal, con una esposa y dos hijos. Trabaja en el negocio de la construcción, específicamente con hormigón. Una noche, tras salir de su trabajo, el protagonista decide no regresar a su casa, sino que conducir desde Birmingham hasta Londres para acompañar a una mujer que está a punto de dar a luz. Se trata de Bethan (Olivia Colman), una compañera de trabajo con quien tuvo una aventura meses atrás. El conflicto surge cuando recibe las llamadas de su esposa (Ruth Wilson), que está preocupada por el hecho de que no llegará esa noche a la casa, y de su jefe (Ben Daniels), dado que al día siguiente se espera la llegada de una enorme cantidad de toneladas de hormigón al lugar donde trabajan.

Las conversaciones que Ivan mantiene con los personajes son variadas, pero limitadas al aire de realismo que busca impregnar la película. Cuando llama Bethan, por ejemplo, el protagonista intenta calmarla en su proceso de parto, prometiéndole que va en camino al hospital. En el caso de su esposa, las conversaciones están cargadas de más dramatismo, ya que implican la confesión de su aventura y el nacimiento de este nuevo hijo. Respecto a su jefe y a su compañero de trabajo, Dolan (Andrew Scott), las llamadas dicen relación con los detalles de la entrega de hormigón y el deseo de Ivan de que todo salga bien.

Puede parecer poco llamativa una historia como esta, pero uno de sus puntos fuertes es precisamente la simpleza que posee. No estamos ante un héroe ni un villano, sino que ante una persona común y corriente que quiere hacer lo correcto ante las dificultades que se le presentan. Además, el guion es capaz de mantener nuestra atención entregándonos más detalles de lo que ocurre con el protagonista a medida que avanza la cinta. Dado que solo conocemos a los personajes a través de sus voces, estamos obligados a crear una imagen mental de ellos, lo que le entrega al espectador un rol más activo.

La película también recurre a metáforas y a algunos temas subyacentes para hacer más interesante el relato. El protagonista trabaja con hormigón, un material de enorme resistencia, pero en cuyo proceso de preparación se requiere un gran cuidado. Un error en los cálculos puede generar un hormigón defectuoso, que produzca grietas y que termine por hacer colapsar un edificio. Esta relación entre Ivan y el hormigón puede servir como una analogía con lo que le está ocurriendo. Aunque es la única vez que engañó a su esposa, las consecuencias de su acto son de tal envergadura que amenazan con destruir a su familia y su trabajo, los que hace algunos meses parecían tan sólidos.

Ivan es un hombre pragmático, quien pese a tener varios problemas es capaz de mantener una calma relativa y buscar una solución. Esto lo enfrenta a otro de los temas de la película, que es el conflicto entre determinismo y libre albedrío. El protagonista nació producto de una aventura de su padre, quien estuvo ausente durante su niñez y adolescencia. Aunque su aventura con Bethan parece ser el resultado de algo que escapa de sus manos, casi como producto del destino, Ivan opta por no seguir el mismo camino de su padre y hace lo posible por estar presente en la vida de su nuevo hijo.

Uno de los riesgos que corren estas películas donde el protagonista está confinado a un espacio determinado es caer en la monotonía. ¿Es posible hacer una cinta de 85 minutos de duración ambientada solo dentro de un automóvil? ¿De cuántas maneras se puede filmar a una persona que está conduciendo un vehículo? El director Steven Knight logra sortear estos desafíos variando los ángulos desde donde filma al protagonista, así como cambiando los lentes de la cámara, para crear imágenes que no terminen siendo repetitivas. Como fue filmada de noche, las luces artificiales en movimiento (la de los focos de la carretera y de los demás autos) le otorgan a la cinta una apariencia casi hipnótica.

El mérito de que la película no caiga en la monotonía también corresponde a Tom Hardy, quien tenía la difícil tarea de llevar sobre sus hombros el peso de la cinta. Este debe ser uno de los roles más ordinarios del actor, quien antes había sido un reo incontrolable (Bronson), un exsoldado estadounidense que se dedica a las artes marciales mixtas (Warrior), un espía británico (Tinker, Tailor, Soldier, Spy), un peligroso enemigo de Batman (The Dark Knight Rises), y un contrabandista de alcohol (Lawless). Pese a la ausencia de elementos extravagantes en la trama, Hardy es capaz de entregar una interpretación tan memorable como las ya mencionadas. Bajo el estoicismo del personaje uno puede ver las emociones que salen a flote, emociones que el actor debe transmitir sentado tras el volante, casi exclusivamente a través de sus expresiones faciales. Es su actuación la que eleva a la película a algo más que un desafío técnico o una premisa anecdótica.

Tengo que admitir que durante la primera mitad de la película mi interés por la historia se limitó a una simple curiosidad por saber cómo terminaría. No estaba tan comprometido con lo que le ocurría al protagonista. Es solo una vez que vi la forma en que las decisiones lo iban afectando emocionalmente que encontré más llamativo al relato. Locke es una buena película, pero su modestia puede ser un arma de doble filo.

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Un pensamiento en “Locke (2013)

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