The Fault in Our Stars (2014)

Fault_in_our_starsEsta película ha sido tildada por algunas personas como manipuladora. ¿Pero qué significa realmente esa acusación? Si se le está reprochando usar una historia y unos personajes para obtener una respuesta determinada de los espectadores, entonces deberíamos culpar a todas las películas por buscar lo mismo. El cine tiene por objeto crear la ilusión de realidad, haciendo que la audiencia se interese por los personajes que están en la pantalla, sufriendo o disfrutando junto a ellos. Alfred Hitchcock fue apodado el “maestro del suspenso” precisamente por su capacidad para manipular, ya que conocía los mecanismos precisos que generaban una respuesta del público.

Las cintas que son tratadas de “manipuladoras” no lo son por el simple hecho de manipular a los espectadores, sino que por hacerlo mal. Se trata de películas donde uno es incapaz de sumergirse en la historia ya que las herramientas utilizadas por el director o el guionista son tan evidentemente burdas que no podemos tomarlas en serio. Para entenderlo de mejor manera podríamos comparar al cine con un truco de magia. Cuando vemos una buena película, sabemos que los personajes son interpretados por actores, y que el guion fue escrito por una persona, pero el resultado es de tal calidad que podemos formar parte del juego y ser convencidos de que lo que vemos está sucediendo de verdad. Las películas manipuladoras, en cambio, son como un mago que intenta asombrar a su público usando trucos de baja calidad, en los cuales uno puede ver los espejos o hilos que crean la ilusión.

¿Es, entonces, The Fault in Our Stars (Bajo la misma estrella) una cinta manipuladora o no? En parte. La premisa de la película, que involucra a una pareja de enamorados cuyo amor está condenado por la amenaza de una muerte prematura, puede llevarnos a pensar que estamos ante una historia que busca hacernos llorar a como dé lugar. De hecho, ese fue uno de mis principales prejuicios antes de verla. Pero la verdad es que la película no fue tan terrible como me temí, e incluso posee algunos elementos que son destacables. Si, es cierto que la historia recurre a algunas herramientas convenientemente escogidas para crear un efecto lacrimógeno, pero están bastante limitados. No se llega al extremo del melodrama ridículo.

La película es protagonizada por Hazel Grace Lancaster (Shailene Woodley), una adolescente que fue diagnosticada con cáncer a la tiroides cuando tenía 13 años. Con el paso de los años y luego de varios tratamientos infructuosos, su enfermedad empeoró, expandiéndose hasta sus pulmones. Si bien su situación se ha mantenido relativamente estable, su esperanza de vida es tan limitada como la de otros pacientes que sufren alguna enfermedad terminal. Al ver que Hazel se siente deprimida, su madre le recomienda ir a un grupo de apoyo donde pueda conocer a otras personas y tener la posibilidad de hablar sobre cómo siente.

La protagonista no está muy convencida de la idea, pero finalmente va debido a la insistencia de sus padres. En una de las sesiones conoce a Augustus Waters (Ansel Elgort), un joven que fue diagnosticado con un cáncer óseo llamado osteosarcoma. Aunque los rastros de la enfermedad parecen haber desaparecido, las secuelas son notorias en su cuerpo ya que una de sus piernas fue amputada durante el tratamiento. Los personajes rápidamente entablan una amistad, la que a través de coqueteos se va convirtiendo en romance.

Entiendo a las personas que tienen dudas sobre si vale la pena ver la película o no, ya que yo sentí lo mismo. Con una premisa como esa, el riesgo de caer en la sensiblería y en los clichés es muy grande, y de hecho hay algunas ocasiones en que la historia cae en estos errores; pero en términos generales hace un buen trabajo en mantener esos elementos bajo control.

Lo bueno de la cinta es que su centro se encuentra en cómo sus personajes se sienten ante la posibilidad de morir en un futuro cercano. En cómo una enfermedad como el cáncer los obliga a lidiar con estos temas tan complejos. Hazel, por ejemplo, es mostrada como una agnóstica que no sabe si existe vida después de la muerte, pero en realidad no está muy preocupada por eso. La protagonista parece haber aceptado su destino. Lo que realmente le preocupa es cómo su muerte afectará a sus seres queridos, lo que incluso la lleva a evitar comprometerse emocionalmente con Augustus en un comienzo, debido al sufrimiento que puede llegar a provocarle. Se trata de una forma bastante pragmática de ver una tragedia como esta.

Mi problema con la película no dice relación con sus temas ni con los elementos que toca, sino más bien en cómo los ejecuta. Augustus es un joven pretencioso, inmaduro y extrovertido. Durante su primera conversación con la protagonista menciona que se pone un cigarrillo en la boca (sin encenderlo) ya que le gusta la idea de tener ese objeto con la capacidad de matarlo tan cerca de él, pero sin darle el poder de hacerlo. Después de escuchar esta explicación, Hazel no se aleja temiendo que la pedantería de este joven pueda pegársele, sino que sonríe como si hubiese escuchado lo más adorable del mundo.

Este “espíritu libre” de Augustus es tan forzado que sus diálogos, su personalidad y casi todo lo que hace parece artificioso. Además, el enamoramiento de Augustus y Hazel es tan rápido que llega a ser irreal. Los personajes solo intercambian un par de palabras y se convierten en almas gemelas. Es difícil saber qué es lo que vio la protagonista en este joven, ya que lo único que conocemos de él durante estos primeros minutos es que es físicamente atractivo y le gusta la filosofía barata.

Es tan torpe la forma en que es presentada la relación que el primer beso que se da la pareja ocurre en una visita que hacen a la casa de Ana Frank en Ámsterdam. Los personajes están en el ático donde la niña se escondió junto a su familia de los nazis, mientras extractos de su diario son leídos a través de los altavoces del museo. Hazel se siente inspirada por las palabras de Ana Frank, que hablan acerca de lo valiosa que es la vida, y se lanza apasionadamente a los labios de Augustus. Como si esto fuera poco, los demás turistas que están en el lugar ven la escena e incluso aplauden el beso que acaban de presenciar.

Mi aversión hacia lo empalagoso obedece a una aversión hacia la superficialidad. Lo que detesto no es la cursilería en sí, sino que la cursilería vacía. Momentos como el descrito pueden tener una motivación noble (exaltar lo hermoso que es vivir), pero hacerlo de una manera tan incompetente termina afectando al mensaje mismo. Los diálogos que se producen entre ambos están bien encaminados, ya que los personajes hablan acerca de sus aficiones, de sus miedos, y no simplemente de cuánto se aman. Pero están construidos de tal manera que el resultado parece poco natural.

Por suerte la historia se encarga de darles algo de sustancia a los personajes más adelante. A medida que la historia avanza, la trama le arroja a Hazel y Augustus unos golpes de realidad que los deja vulnerables a lo cruel que puede ser la vida. Es en estos momentos de desesperanza que vemos la verdadera cara de Augustus, quien abandona su insoportable arrogancia y nos muestra su verdadero yo. Puede sonar cruel que esté destacando estos momentos donde el personaje se encuentra en su punto más bajo, pero lo que en realidad estoy valorando no es lo trágico del asunto, sino que su honestidad. Todo ese rollo de Augustus y el optimismo exagerado era simplemente una máscara que nos impedía verlo tal y como era.

La tragedia narrada en The Fault in Our Stars es vivida por personajes jóvenes cuyo único punto de apoyo son personas que padecen enfermedades igual de duras. Los padres de Hazel tienen buenas intenciones y siempre estarán junto a ella, pero son incapaces de saber exactamente lo que está pasando por la cabeza de su hija. Los únicos momentos en los que la protagonista es completamente sincera con alguien es cuando está junto a Augustus. La visión de la cinta es interesante ya que el vínculo que une a Augustus y a Hazel no es tanto el amor que sienten el uno por el otro, sino que la angustia de estar cerca de la muerte.

A pesar de lo artificiales que resultan algunos momentos y diálogos, la película llega a ser rescatable. Shailene Woodley hace un buen trabajo como la protagonista, inyectándole la emotividad necesaria al rol, mientras que Laura Dern y Willem Dafoe hacen lo propio con sus respectivos personajes. La forma en que la película trata el tema de las enfermedades terminales y la muerte no es a través de la lástima, sino que a través de una visión más sincera, realista. Esto es lo que termina reivindicándola, pese a sus errores ya mencionados.

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2 pensamientos en “The Fault in Our Stars (2014)

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