The Rover (2014)

The_Rover-2014-posterSe podría decir que The Rover (El cazador) es una especie de western posapocalíptico. Ambientada en una Australia azotada por un descalabro económico, la película nos muestra un territorio desolado, donde no parece crecer nada, y donde las personas se limitan a sobrevivir. Este futuro distópico no es el de la trilogía Mad Max, en el que las carreteras australianas eran surcadas por guerreros enfundados en ropa de cuero, sino que uno más retraído y melancólico.

La comparación con el género del western puede parecer extraña, considerando la época en la que está ambientada la historia –los caballos han sido reemplazados por automóviles- y el lugar donde ocurren los hechos, pero hay elementos que permiten hacer este vínculo: el protagonista es un hombre anónimo y silencioso, que actúa guiado por un misterioso código moral; el desierto es un protagonista más de la historia, sirviendo como un abrasador telón de fondo para lo que ocurre en la película; las categorías de héroes y villanos quedan obsoletas al momento de definir a los personajes; el mundo donde tiene lugar la historia está dominado casi exclusivamente por hombres, y la principal garantía que tienen no es la ley, sino que su habilidad para manejar un arma.

En Animal Kingdom (2010), su anterior película, el director David Michôd también recurrió a un relato donde los personajes están difuminados por una ambigüedad moral. En aquella cinta la historia estaba ambientada en un paisaje urbano, específicamente en la ciudad de Melbourne, mientras que en su nuevo trabajo los edificios y el hormigón son sustituidos por la arena del desierto australiano, lo que constituye un territorio más salvaje. Aunque en estas películas aparecen miembros de instituciones como la policía o el ejército, dichos personajes no son más rectos que los delincuentes a los que se enfrentan. Las diferencias entre uno y otro bando son más bien superficiales.

En términos de trama la película es simple, usando como motor de la historia el robo del automóvil del protagonista (Guy Pearce). Tras ver cómo tres delincuentes se llevan su vehículo, el personaje principal decide atraparlos por su propia cuenta, persiguiéndolos a como dé lugar. Cuando pierde el rastro del trío, el protagonista se encuentra con Rey (Robert Pattinson), hermano de uno de los ladrones, quien había sido abandonado por ellos tras ser dado por muerto durante un tiroteo.

No tardamos en darnos cuenta que el protagonista no es un antihéroe. En algunos momentos siente compasión, pero en otros asesina injustificadamente a otros personajes a sangre fría. Michôd se encarga de aclararnos que en el contexto en el que transcurre la película las consideraciones morales están en un segundo o tercer plano para los personajes.

El guion es bastante reservado al momento de entregar detalles. No sabemos qué dio origen a la crisis económica que está sufriendo Australia ni sus verdaderos alcances. En algunas escenas se hace referencia a la escasez de comida, a la desvalorización de la moneda y a que la principal actividad económica es la minería, pero nada más. Tampoco tenemos muy claras las motivaciones de los personajes, salvo algunas pistas que nos permiten intuir una que otra hipótesis. Si bien la ambigüedad no es por sí sola algo negativo, esta falta de claridad puede resultar problemática, ya que en vez de crear una cinta enigmática que cautive al espectador se puede caer en el error de ser simplemente confusa.

Otro de los puntos bajos de la película es su modo de narrar la historia, que cae en algunos tiempos muertos que estancan el relato. The Rover tiene una duración de 100 minutos, pero parece mucho más larga. Esto se debe en parte a la decisión del director de omitir algunos detalles hasta el final, como la razón por la cual el protagonista está tan decidido a recuperar su automóvil. Si supiéramos este dato desde el comienzo, sus acciones serían más comprensibles, pero en vez de eso resultan vagas, poco definidas.

A pesar de esto, lo que salva a The Rover son sus actuaciones, especialmente las de Guy Pearce y Robert Pattinson, que están irreconocibles en sus roles. El personaje de Pearce tiene pocas líneas, así que su interpretación se lleva a cabo mayoritariamente a través de su rostro severo. Pattinson, por su parte, tenía el desafío de dar vida a un personaje que posee un cierto grado de retraso mental, lo que tiene la dificultad de intentar evitar caer en la sobreactuación. Afortunadamente el actor realiza una labor lo suficientemente sutil para ser creíble.

Los actores son capaces de expresar emociones a través de sus gestos y expresiones faciales, lo que es aprovechado por la directora de fotografía Natasha Braier que recurre a unos primeros planos muy detallados de sus rostros. Este interés por mostrar las imperfecciones de la cara, como el sudor, las arrugas y la piel quemada por el sol, es algo similar a lo que hacía Sergio Leone en sus westerns, donde las caras de los actores eran tratadas como verdaderos paisajes. El carácter fuerte de los personajes era reflejado a través de sus rostros, que parecían llevar sobre si una verdadera historia que podía ser leída por el espectador.

Pero mientras en el cine de Leone las muertes eran pomposas y estaban precedidas por una lenta espera, en The Rover ocurren de repente, sin previo aviso. La crueldad del mundo mostrado por Michôd no permite que ni siquiera algo como la muerte tenga un carácter ceremonioso. Un par de disparos y ya está.

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