Ida (2013)

Ida_posterAunque el director Pawel Pawlikowski nació en Polonia, tuvo que pasar bastante tiempo para que hiciera una película ambientada en aquel país. Hasta el estreno de Ida, la filmografía de Pawlikowski -compuesta por una primera etapa donde realizó documentales y una segunda donde se interesó por la ficción- frecuentó naciones como Rusia, Inglaterra o Francia. La razón de esta demora por volver a sus raíces se debió a que no había encontrado la historia precisa para el proyecto.

Hace algunos años dio con la idea de narrar la historia de una joven que va a realizar sus votos religiosos para convertirse en monja, pero el siguiente desafío consistía en determinar la época en que estaría ambientada la cinta. En un comienzo pensó en el año 1968, fecha en que surgieron las movilizaciones estudiantiles en Polonia, pero finalmente optó por el año 1962, que no está ligado a un hecho concreto en la historia del país, pero que tenía un mayor significado de tipo personal. La época coincide con la infancia del director en Polonia, por lo que le permitía transmitir la atmósfera de esos años que vivió en carne propia.

La protagonista de la historia es Anna (Agata Trzebuchowska), una joven novicia que ha decidido realizar los votos para convertirse en monja. Aunque la joven fue criada en un orfanato, todavía tiene una pariente viva, su tía Wanda (Agata Kulesza). Las monjas del convento le aconsejan a la protagonista ir a visitarla y pasar un tiempo junto a ella antes de realizar sus votos. Al llegar a la ciudad, Anna descubre algo que no sabía acerca de su origen: su verdadero nombre es Ida Lebenstein y sus padres eran judíos.

Como una manera de hacer las paces con su pasado, Anna decide viajar al lugar donde murieron sus padres para visitar sus tumbas. Sin embargo, la tarea será más difícil de lo que esperaba, ya que fueron asesinados y sus cuerpos enterrados en un lugar indeterminado. Anna deberá además lidiar con la personalidad de su tía, quien es totalmente opuesta a ella; se trata de una mujer sarcástica, que bebe alcohol constantemente y tiene sexo casual con extraños. Durante el viaje conocerán también a un joven saxofonista, que despertará en la protagonista algunas dudas acerca de su vocación como religiosa.

Con el elemento del viaje como columna vertebral de la película, se puede decir que Ida es una especie de road movie. Una cinta donde los personajes principales emprenden un viaje no solo físico, sino que personal. A medida que avanza por los caminos de Polonia en el automóvil de Wanda, Anna irá conociendo más sobre su tía y sobre ella misma. La protagonista debe lidiar con temas como la identidad, en relación a quién es y qué es lo que quiere ser. Gracias a la visita que realiza a su tía, Anna descubre su origen judío y qué es lo que realmente ocurrió con sus padres. El título de la película hace referencia a esto ya que utiliza el nombre real del personaje, y no el nombre con el que es conocida por sus compañeras del convento.

Durante la película la protagonista debe también decidir qué es lo que hará en el futuro. Si bien al salir del convento rumbo a la casa de su tía tenía planeado adoptar sus votos religiosos para convertirse en monja, diversas dudas aparecerán a lo largo del viaje. Su tía le hace comentarios irónicos acerca de su vocación católica, pero estos no tienen una mala intención ni buscan destruir su fe, sino que simplemente hacerle reflexionar sobre su decisión. El objetivo del viaje de Anna no solo consiste en visitar a su último pariente con vida, sino también en conocer el mundo al que renunciará una vez que regrese al convento. Como se señala en un diálogo que tienen la protagonista con su tía:

– ¿Tienes a veces pensamientos impuros?

– Si

– ¿Sobre el amor carnal?

– No

– Es una pena. Deberías probar… De otra forma, ¿qué clase de sacrificio son esos votos tuyos?

Relacionado con este punto está la inclusión de un tercer personaje, un joven saxofonista que conocen durante el viaje por la zona rural. Aunque Anna se muestra reticente a las insinuaciones de su tía, de todas maneras aflora en ella una curiosidad por el músico. El saxofonista forma parte de una banda de jazz, un género musical cuya energía y capacidad de improvisación contrasta con lo estricta que es la vida en el convento. Según Pawlikowski, el jazz representa la irrupción de occidente en la sociedad polaca que en aquel entonces estaba imbuida de la ideología comunista.

La actriz que da vida a Anna es Agata Trzebuchowska, una joven debutante que fue descubierta de manera casual en un café de Varsovia. Su tez pálida y facciones frágiles le entregan la inocencia necesaria para interpretar a la protagonista, resaltando su carácter inmaculado. Es la imagen perfecta para representar a una joven que ha pasado gran parte de su vida enclaustrada en un convento, alejada del resto del mundo. Esto también hace que contraste con el mundo secular que habita su tía, como si se tratase de un ciervo asustado que no sabe qué hacer con las personas que la rodean.

El deseo del director por ambientar la historia en esta época abarca también los aspectos técnicos con los que fue filmada la película. No solo se recurre a automóviles y vestimenta propios de aquel año, sino que el formato de la imagen hace referencia a las cintas de comienzos de los años 60. Con una fotografía en blanco y negro, y una relación de aspecto prácticamente cuadrada, es como si estuviésemos viendo una película de Ingmar Bergman. Y a diferencia de películas como The Artist (2011), donde hay momentos en que decisiones estilísticas como esta resultan forzadas o superficiales, en Ida el resultado está acorde a lo que se quiere transmitir.

Los tonos grises de la película le otorgan al relato una apariencia melancólica, mientras que la relación de aspecto cuadrada sirve para reforzar el carácter confinado de la historia. El director de fotografía Lukasz Zal recurre mayoritariamente a planos generales y medios, que le otorgan a la película un carácter distante respecto de los personajes. Cuando se realizan primeros planos, los rostros no ocupan toda la imagen, sino que son ubicados en una esquina o un costado, dejando el resto del espacio vacío, acentuando así lo solos e incompletos que están los personajes. Se trata por lo tanto no solo de una decisión que le otorga una gran belleza visual a la cinta, sino que además sirve para complementar sus ideas.

Con un ritmo pausado y momentos donde el director opta por el silencio (la música que se escucha en las escenas proviene de elementos que se encuentran dentro de la misma película, como radios, tocadiscos o instrumentos musicales), puede que Ida no sea para todo espectador. No es que se trate de una obra fría, donde los sentimientos son opacados por lo intelectual, sino más bien de una película donde las emociones son ambiguas. Los personajes cambian a lo largo de la película, sufren, tratan de reconciliarse con su pasado, replantean las decisiones que han hecho en sus vidas. Pawlikowski, quien escribió el guion junto a Rebecca Lenkiewicz, nos muestra que las nuevas experiencias que tenemos a lo largo de la vida no necesariamente nos entregan respuestas, sino que pueden generar más incertidumbres. A algunas personas les podrá molestar esta falta de certeza en la conclusión de la película, pero para mí es uno de sus puntos fuertes.

La película aprovecha la época en la que está ambientada, agregando temas como el antisemitismo y la situación del país bajo el alero de la Unión Soviética. Sin embargo, Ida no busca ser una cinta histórica que se centre en estos elementos. Los personajes no ocupan altos cargos ni forman parte esencial de los procesos históricos de la nación. Su objetivo es más modesto; lo que busca la película es relatar cómo estos hechos afectaron al puñado de personajes que aparecen en la cinta.

En la cinta no existen escenas sobrantes ni pasos en falso. Es una verdadera demostración de lo que puede llegar a ser el cine como herramienta expresiva, y de cómo algunos directores son capaces de controlar este medio como les plazca.

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2 pensamientos en “Ida (2013)

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