Lucy (2014)

Lucy_posterEsta es una película que es difícil de evaluar. Tiene escenas tan ridículas y tontas que uno solo puede mirar la pantalla con confusión, pero en otros momentos intenta entregar unas reflexiones bastante interesantes acerca de nuestro lugar en el universo. Una vez que aparecieron los créditos finales, creí que la había odiado, pero cuando empecé a pensar en sus elementos rescatables me di cuenta que en el fondo hay algo redimible en esta cinta. Lucy parte como una película de acción similar a las que nos tiene acostumbrados el director Luc Besson, con una joven (Scarlett Johansson) que vive en Taiwán y que se ve envuelta involuntariamente en un negocio turbio.

La protagonista, cuyo nombre sirve como título para la película, es obligada por un mafioso llamado Mr. Jang (Choi Min-sik) a transportar una droga a otro país dentro de su estómago. Tras recibir unos golpes por parte de los secuaces del mafioso, el contenido de la droga entra al organismo de Lucy y su cuerpo comienza a sufrir las consecuencias. Sin embargo, esto no le provoca la muerte, como ocurriría con otro tipo de droga, sino que permite que su cerebro alcance niveles de actividad inimaginables para un ser humano. La sustancia, denominada CPH4, está basada en una sustancia que las mujeres secretan durante el embarazo para ayudar a sus fetos a desarrollar todos los sistemas que conforman su organismo.

A través de unas escenas donde se muestra al experto en neurología Samuel Norman (Morgan Freeman) hablando sobre sus investigaciones, la película nos explica lo que está ocurriendo con Lucy. Según el profesor, el ser humano solo ocupa el 10% de su capacidad cerebral, por lo que si pudiésemos acceder al resto de ese porcentaje, nuestra manera de interactuar con el mundo sería muy diferente a la que estamos acostumbrados. Producto de la droga que absorbió de manera accidental, la protagonista aumenta la actividad de su cerebro de manera paulatina, experimentando los cambios predichos por Norman.

Lo primero que llama la atención de la película es que su premisa esté basada en un mito que ha sido desmentido hace varios años. La idea de que el cerebro humano solo es utilizado en un 10% de su capacidad total es parte de aquellas creencias que se esparcieron a través de la cultura popular pero que en realidad no son ciertas. Esto es tan así que el propio Besson ha dicho en entrevistas que escribió el guion de Lucy sabiendo que esa información era falsa. ¿Por qué entonces usarlo en la película? Como se trata de una película de ciencia ficción, lo plausible de la trama no tiene tanta importancia, sino que lo que se hace con ella y los temas que son tratados a partir de la historia y sus personajes.

El problema es que durante los primeros dos tercios de la película la elección de esta premisa no resulta justificada, más allá de ser una excusa para ver a Scarlett Johansson disparando pistolas y dando puñetazos. Esta parte de la cinta, donde predomina la acción por sobre todo lo demás, no llama mucho la atención más allá de la forma en que están hechas las escenas de peleas. El resto de los elementos están poco desarrollados, cayendo en lo genérico (sobre todo sus personajes), o exagerados hasta el punto de ser ridículos. La escena donde Lucy debe entregar un maletín a Mr. Jang, por ejemplo, muestra imágenes de guepardos acechando gacelas y de un ratón acercándose a una trampa, símbolos evidentes del peligro al que se enfrenta la protagonista. Se trata de imágenes totalmente prescindibles, que solo sirven para quitarle seriedad a la secuencia.

Los primeros dos tercios de Lucy se asemejan a la dinámica de un videojuego, donde la protagonista se enfrenta a un ejército de enemigos que son incapaces de provocarle verdadero daño. A medida que avanzan las etapas de su transformación, el personaje va adquiriendo nuevos “poderes”, los que la hacen cada vez más fuerte. Ninguno de sus rivales está a su altura, siendo meros obstáculos que debe superar para poder seguir adelante.

El punto fuerte de la película no radica en estos momentos, sino en lo que se quiere contar. Lo que experimenta Lucy a lo largo de la cinta es una transformación que va más allá de lo meramente físico, llegando a acercarse a la idea de un nuevo paso evolutivo para la humanidad. Todo esto parte de manera algo superficial, con la protagonista adquiriendo capacidades como inteligencia sobrehumana (es capaz de aprender idiomas en cuestión de minutos) e incluso telequinesis. Pero todo este juego de superhéroes no tarda en dar paso a un cambio más trascendente. De repente Lucy se da cuenta que puede controlar su cuerpo de tal forma que ya no siente dolor, y sus emociones dejan de gobernar su actuar, imponiéndose la razón de manera absoluta.

A medida que incrementa su actividad cerebral gracias a la droga, Lucy va alcanzando un estado que la acerca a la calidad de una semidiosa. Esto va acompañado de una deshumanización de la protagonista, lo que se puede ver en algunas escenas como aquella donde realiza una llamada telefónica desde un quirófano. Aunque es difícil conectar emocionalmente con lo que está atravesando el personaje, dado que el guion no se preocupa mucho en contarnos quién era antes de que fuese secuestrada, la dimensión teórica de su transformación logra al menos en parte suplir esta falencia.

Otros directores podrían haberse conformado con hacer una película de acción donde su protagonista adquiere habilidades sobrehumanas, pero el mérito de Besson es que es capaz de ir más allá. La evolución del personaje no termina con la capacidad para realizar trucos mentales Jedi, sino que alcanza límites cósmicos, casi como si estuviésemos ante una película como 2001: A Space Odyssey (1968) o The Tree of Life (2011). Guardando las proporciones con esos trabajos, la cinta logra introducir durante su último tercio unas reflexiones interesantes acerca de la inteligencia, el lugar del ser humano en el cosmos, y nuestro potencial como especie. Se trata de temas que para ser honesto no esperaba en una película como esta.

Aunque imperfecta en su ejecución, sobre todo con la torpe mezcla de tonos que se nota a lo largo del metraje, creo que Lucy es una película que vale la pena ver, sobre todo por lo que trata de transmitir bajo su superficie. Si consideramos que es una película hecha para un público masivo, con un gran presupuesto y estrellas de renombre, no deja de ser meritorio el riesgo que asume Besson al salir de lo convencional y apostar por algo osado.

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