Gone Girl (2014)

Gone_Girl_PosterEn su quinto aniversario de matrimonio, Amy Elliott-Dune (Rosamund Pike) desaparece de su casa producto de lo que parece ser un secuestro. Su marido Nick (Ben Affleck) denuncia el hecho a la policía con el fin de que encuentren a su esposa, pero su manera de actuar y los cabos sueltos que comienzan a aparecer en torno a la desaparición van generando varias dudas en relación a su inocencia. A medida que la investigación avanza, la detective Rhonda Boney (Kim Dickens) irá encontrando nuevas pistas acerca de este extraño caso, develando los conflictos que estaban atravesando y los secretos que tenían escondidos la víctima y su pareja.

Esta es la premisa de Gone Girl (Perdida), la más reciente película de David Fincher. La historia se desenvuelve a través de secretos y apariencias, en un juego donde lo que importa no es la verdad sino que la fachada de esta. La desaparición de Amy no tarda en atraer la atención de los medios de comunicación, debido al perfil que tiene la mujer, quien es vista como un modelo a seguir por el resto de las personas. Amy sirvió de inspiración para que su padre escribiera una serie de libros infantiles titulados Amazing Amy, donde se presentaba una versión idealizada de su propia hija. Las comparaciones con la verdadera Amy eran algo que ella debía aguantar durante toda su vida, obligándola a aprender la importancia que la opinión pública tiene sobre la vida de las personas.

Debido a que su desaparición es un caso tan mediático, y a que los ojos del país se encuentran sobre su marido y las pistas dadas a conocer a la prensa, la manera en que el público ve el caso tiene un importancia fundamental. Una sonrisa fuera de lugar, una actitud que resulta levemente sospechosa, una aparente falta de empatía, todos estos aspectos van a terminar convirtiendo a su marido Nick en el principal sospechoso del crimen. La cinta nos explica cómo en estos casos la condena de los sospechosos no proviene de los tribunales, sino que de la opinión visceral y caprichosa de la gente que está en sus casas viendo la televisión.

La trama contiene algunos giros y revelaciones que resultan forzados, poco verosímiles. Esto se debe a que el guion está basado en una de esas novelas sensacionalistas cuyo principal objetivo consiste en producir una sensación fuerte en el lector, a través de hechos cada vez más aparatosos. Esta adaptación cinematográfica, en manos de otro cineasta, podría haber sido desastrosa, pero por suerte el relato cayó en manos de David Fincher, director que se ha caracterizado por un enorme talento y perfeccionismo. A pesar de lo inverosímil de algunos de sus elementos, la película logra mantener la atención del espectador, en una fascinación por querer saber lo que ocurrirá después.

Fincher recurre a esa atmósfera misteriosa que empapó sus cintas anteriores como Se7en (1995) o Zodiac (2007), lo que complementa con el trabajo de uno de sus colaboradores habituales, el director de fotografía Jeff Cronenweth. Los planos presentan esa apariencia fría que define a los trabajos del cineasta, con colores apagados y una composición precisa. Además de estos factores, Cronenweth utiliza una profundidad de campo determinada que le permite jugar con los objetos/personajes que se encuentran dentro y fuera de foco, representando la naturaleza ambigua del relato y acentuando que en esta historia la realidad es algo cambiante, poco claro.

Dentro de las dudas que tenía con Gone Girl estaba el rol que Amy tendría en la película, la que a juzgar por los trailers y la premisa de la historia parecía ocupar un lugar secundario. Es cierto que la trama gira en torno a su desaparición, pero en estas imágenes es mostrada como un personaje pasivo, sin autonomía, que es descrito por otros más importantes (como su marido). Afortunadamente la película evita este error y nos entrega una Amy mucho más interesante a medida que avanza el metraje. Esto es también mérito del trabajo de la actriz Rosamund Pike, que no solo es capaz de entregar momentos de gran intensidad, sino también otros más sutiles, donde una mirada o una inflexión del rostro son suficientes.

Siguiendo con la idea de las apariencias y espejismos que plantea la película, el personaje de Amy es una mujer que ha debido vivir sujeta a estándares que terceros le han impuesto. Sus padres, a través de los libros de Amazing Amy donde narraban una versión ficticia (y perfecta) de su vida; su marido, que la idealiza y la ve de una determinada manera; y el resto de la sociedad, que proyecta en ella lo que es considerado como deseable. Todo esto hace que se produzca un quiebre entre lo que Amy realmente es y lo que otros ven en ella. La diferencia entre realidad y ficción es reforzada a lo largo de la película a través de momentos donde vemos a personajes mintiendo, inventando, fingiendo y engañando.

Lo bueno de la película es que si bien estamos ante un guion donde los giros tienen una importancia especial, estos no lo son todo. De hecho, la mayor sorpresa de la cinta ocurre cerca de la mitad del metraje. Es posible que otra persona hubiese preferido terminar allí la historia, dejando a la audiencia desconcertada por esta revelación. Sin embargo, en la cinta este elemento es solo el punto de partida para una segunda mitad donde exploramos cómo reaccionan los personajes a lo que nos acaban de mostrar. Más que ser marionetas controladas por la trama, los personajes de Gone Girl son tratados con mayor respeto que eso.

La película tiene unos tres o cuatro finales falsos; momentos donde parece que la historia está llegando a una conclusión y que en cualquier minuto aparecerán los créditos. Pero a diferencia de The Girl with the Dragon Tattoo (2011), donde una vez resulto el misterio que estaban investigando los protagonistas se muestra una secuencia final que se alarga más de la cuenta, en este caso hay un interés por saber qué es lo que ocurrirá con los personajes en el futuro. Cada secuencia adicional que vemos durante los minutos finales favorece a la historia y nos permite explorar las consecuencias de lo que hemos estado viendo.

Pero si hay algo que destacar de esta cinta, y que para ser honesto no esperaba, es lo divertida que es. Gone Girl tiene un humor perverso, muy negro, que toma momentos escabrosos para producir comedia. No es la primera vez que Fincher combina morbo con humor, pero el director no lo había hecho con los niveles que alcanza esta cinta. En vez de tratar la trama de esta película con un aire ceremonioso que habría resultado falso, el director prefiere destacar lo ridículo que pueden resultar estas situaciones, lo que termina siendo más efectivo. A veces la risa es una mejor manera de transmitir un mensaje.

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3 pensamientos en “Gone Girl (2014)

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