Interstellar (2014)

Interstellar_film_poster¿Por qué hacemos viajes espaciales? ¿Qué nos mueve a abandonar este punto azul pálido, como lo describía Carl Sagan, para adentrarnos en el cosmos y visitar otros planetas? El cine ha entregado variadas respuestas, como las motivaciones de carácter económico (Alien, Total Recall, Moon); la curiosidad y el anhelo de poner a prueba nuestra tecnología (Le voyage dans la lune); la fascinación por encontrar vida fuera de este mundo (Contact); el deseo por descubrir nuestros orígenes (2001: A Space Odyssey, Prometheus); y la necesidad de proteger nuestro futuro (Armageddon, Red Planet, Wall-E, Sunshine). Interstellar (Interestelar), la nueva cinta del director Christopher Nolan, se encuentra dentro de este último grupo.

La Tierra mostrada en la película es un planeta moribundo, cuya atmósfera está cubierta por un peligroso polvo que deteriora la salud de los humanos y extermina nuestras reservas alimenticias. El protagonista es Cooper (Matthew McConaughey), un ingeniero que en el pasado había trabajado como piloto para la NASA, pero que actualmente se dedica a cultivar maíz en una granja. Cooper añora aquel tiempo en que la humanidad observaba las estrellas en busca de respuestas, a diferencia de la época que le toca vivir a él, donde las personas se limitan a ver hacia abajo, al polvo que los cubre poco a poco.

Los deseos del protagonista se convertirán en realidad cuando descubre un plan secreto que quiere solucionar la crítica situación de la Tierra, buscando un hogar sustituto en otro planeta. Aunque este viaje implica estar alejado de su familia durante un periodo indeterminado, Cooper acepta la misión con el objetivo de salvar a la humanidad y de permitir que sus hijos puedan crecer en una nueva sociedad. Pero lo que el protagonista no sabe es que el viaje no solo será medido en distancia, sino también en otras variables, ya que se encaminarán a un lugar donde nuestras nociones físicas no son aplicables.

En la filmografía de Christopher Nolan se puede notar una tendencia a jugar con el límite que separa lo que es real de lo que es una ilusión o un engaño. En Interstellar el cineasta va más allá, modificando la misma realidad en la que ocurren los acontecimientos, ya que las reglas y leyes que rigen lo que conocemos son torcidas. Agujeros de gusano, relatividad temporal, astrofísica, nuevos planetas, quinta dimensión, paradojas, todo esto y más es ocupado en la película para mostrar el viaje que emprende Cooper junto a la tripulación de la nave Endurance.

Con la ayuda de algunos colaboradores habituales como el compositor Hans Zimmer, el editor Lee Smith y el supervisor de efectos especiales Paul Franklin, así como la inclusión del director de fotografía danés Hoyte van Hoytema, Nolan es capaz de entregar un espectáculo pocas veces visto. La escala con la que filma el viaje espacial de los personajes, acentuando la vastedad y misterio del universo, hacen recordar lo que hizo Stanley Kubrick con 2001: A Space Odyssey (1968). Se dice que existen películas que hay que ver en el cine para poder apreciarlas en todo su esplendor, e Interstellar es uno de esos casos.

Pero mientras Kubrick confiaba en el poder de la imagen para transmitir ideas y crear una atmósfera determinada, Nolan tiende a pecar con la complejización de sus tramas, con los diálogos expositivos y con la sobreexplicación. El guion, que escribió junto a su hermano Jonathan, nos entrega información de manera constante a través de las conversaciones de los personajes, incumpliendo aquella elemental noción de que lo mejor a veces es mostrar, no contar. Si bien es cierto que el tipo de temas que utiliza la película son densos y requieren de una explicación para ser entendibles, hay partes en que se llega al exceso, transformando algunas de las escenas en una especie de tesis sobre teorías astrofísicas más que en una película.

Hay también ocasiones en las que se incurre en lo opuesto, dejando vacíos por aquí y por allá, que dificultan la cabal comprensión del relato. Aunque las ideas que toca el guion son interesantes, se notan problemas al momento de escoger la mejor manera de transmitirlas al espectador. Si uno examina la película de Kubrick, que fue uno de los principales referentes de Interstellar, se puede notar que las nociones más complejas de la historia son sugeridas, no explicadas. De esta manera, la ambigüedad lleva a la audiencia a intuir la respuesta de lo que acaba de ver, aunque no pueda describirlo de la mejor manera la primera vez.

Ahora, más allá de los malabarismos lógicos que realiza el director, lo que tenemos que examinar con más detención en esta película es su sustancia. ¿Qué es lo que hay detrás de los gráficos, las ecuaciones y los números que pasan frente a nuestros ojos? Por un lado, está el escenario donde la humanidad se enfrenta a una posible extinción, y las opciones que tenemos a mano para evitarla. Ante la adversidad, las personas sacan a relucir su verdadero rostro, lo que queda de manifiesto en la película. En una de las escenas se explica que la misión que está realizando Cooper y la tripulación no podría haber sido hecha solo por robots, ya que carecen de aspectos humanos como el miedo a la muerte. Pero así como este elemento no está presente en la inteligencia artificial, hay ciertas características humanas que resultan perjudiciales para una odisea como la narrada en la cinta.

Otro de los elementos que trata Interstellar es la noción del amor, y cómo nuestras acciones son definidas por esta fuerza motora. El núcleo sentimental de la película es la relación que Cooper tiene con su hija Murphy (Mackenzie Foy, Jessica Chastain), una brillante niña que siente la misma pasión que su padre por el conocimiento. Con algunos momentos de gran peso emotivo, y otros más tambaleantes que no terminan de convencer, Nolan busca mostrar el vínculo afectivo del protagonista y su hija como una conexión que sirve de cable a tierra entre medio de los cambios que experimentan a lo largo de la cinta. La idea de que el amor puede atravesar barreras del tiempo y el espacio recuerda a lo que hizo Darren Aronofsky en la infravalorada The Fountain (2006).

La cinta es además una carta de amor a la exploración espacial en general y a la NASA en particular. El deseo por adentrarse hacia lo desconocido, siguiendo los pasos de aquellos exploradores que surcaron los mares sin saber lo que encontrarían, motivados por el anhelo de descubrir lo que hay más allá. Así como las civilizaciones antiguas que estudiaban las estrellas para saber quiénes somos y dónde estamos, los personajes de la película se encaminan en un viaje que nos llevará al próximo paso. Mientras en Gravity (2013) el espacio era mostrado como un lugar hostil, donde el más mínimo detalle podía transformarse en algo mortífero, en Interstellar es presentado como algo asombroso que merece ser explorado.

El mundo habitado por Cooper se ha desentendido de la exploración espacial como una opción útil para nuestra sociedad. Con la amenaza que asecha sobre la humanidad, los recursos deben aprovecharse de la mejor manera, por lo que instituciones como la NASA han sido desmanteladas. En la escuela de Murphy incluso le enseñan a los niños que Estados Unidos nunca llegó a la luna, y que todo fue un montaje. El protagonista, por su parte, pese a ser un ingeniero con conocimientos avanzados, debe contentarse con plantar maíz, camino que también deberá seguir su hijo mayor. Se trata por lo tanto de una civilización donde el conocimiento ha sido dejado en un segundo plano, lo que parece ser una advertencia de la propia película sobre un posible futuro cercano.

Si bien es un trabajo irregular, con momentos donde los tecnicismos científicos les quitan humanidad a los personajes, Interstellar tiene elementos redentores que la salvan de ser algo desechable. Como la tripulación de la nave Endurance que se embarca hacia un viaje con destino incierto, Nolan hizo esta película con el deseo de arriesgarse. La ambición del director es por sí sola razón suficiente para darle una oportunidad a la película, con sus falencias y virtudes.

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6 pensamientos en “Interstellar (2014)

  1. Ciertamente es bastante irregular, pero tiene algo que encanta. Eso si el final es bastante anticlimático y carente de emoción a diferencia de escenas anteriores dónde era más bien sobrecargada.
    Hay una escena explicada odiosamente muchas veces, sin intención de disfrazarlo ya que la conversación la mantienen dos personas.

    Bueno, fallas se le puede encontrar muchas pero como experiencia global es satisfactoria. Hay que darle crédito a Nolan por querer inventar y reinventar mundos en cada una de sus películas.

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