Boyhood (2014)

Boyhood_posterUn claro punto de partida al momento de escribir sobre Boyhood es mencionar su particular proceso de filmación. El director Richard Linklater tomó a un puñado de actores, les dio sus respectivos personajes, y los filmó de manera intermitente durante un extenso periodo, con el fin de registrar cómo sus historias de vida se van desenvolviendo a lo largo del tiempo. Linklater se reunía con los actores cada año para filmar nuevas escenas, todo esto durante un periodo de 12 años, en un proceso pocas veces visto en otras películas.

Su manera de abordar el proyecto ha sido comparada a la serie de documentales británicos Up, donde cada 7 años el director Michael Apted vuelve a reunirse con las personas que comenzó a registrar en 1964 (en ese entonces un grupo de niños) para mostrar cómo están sus vidas después de tanto tiempo. Incluso ha sido comparado a lo que ocurrió con la saga cinematográfica de Harry Potter, que a lo largo de 8 películas nos mostró como el trío protagonista iba creciendo con cada entrega.

Sin embargo, y si bien hay algunos elementos en común como el deseo de registrar el paso del tiempo en sus personajes, lo que hizo Linklater tiene sus propios méritos, ya que no estamos ante un grupo de películas, sino que ante un proyecto único que se desenvolvió durante más de una década. En los 12 años que duró el rodaje, las personas involucradas no tenían la certeza de cómo sería recibido el experimento, o si de verdad funcionaría. Si se quiere comparar esas dos otras series cinematográficas con algún trabajo de Linklater habría que hacerlo con la saga Before, cuyas películas se estrenan cada 9 años y nos muestran el estado de la relación de la pareja protagonista.

El proceso de filmación de Boyhood llega a ser incluso más arriesgado si tomamos en cuenta que el director no tenía un plan demasiado definido acerca de dónde avanzaría la historia. Había decidido el concepto, que era ver cómo su protagonista Mason (Ellar Coltrane) iba creciendo a lo largo de los años y cómo su relación con sus padres (Ethan Hawke y Patricia Arquette) y su hermana Samantha (Lorelei Linklater) iba cambiando. También tenía escogidos algunos hitos que ocurrirían a lo largo de la trama, pero no más que eso. Cada año, cuando se acercaba la fecha para reunirse con los actores, Linklater examinaba su guion para modificarlo según él consideraba era lo correcto. Agregaba algunas ideas, descartaba otras, y cambiaba sus elementos a medida que él mismo evolucionaba como persona.

Sus apuestas también eran altas en lo relativo a los actores. Aunque contaba con la ayuda de dos actores talentosos como Hawke y Arquette, no ocurría lo mismo con el caso de los hijos, interpretados por niños que no tenían experiencia actoral (una de ellas su propia hija, Lorelei). ¿Cómo saber si estos niños que parecían adecuados al comienzo de la filmación no cambiarían en el futuro y se convertirían en algo que terminara afectando el proyecto? Hubo un momento en el que la hija del cineasta incluso intentó desligarse de la película, pero finalmente logró completarlo.

Pero decir que Boyhood es una buena película –lo que sin dudas es cierto- no implica solo sacar a relucir sus logros técnicos. No estamos ante uno de esos videos de Youtube donde una persona se saca fotografías cada día durante un largo periodo de tiempo para posteriormente mostrarlas en orden cronológico con el fin de registrar sus cambios físicos. La perseverancia y dedicación de Linklater no es lo único que hace de esta cinta algo destacable, sino también lo que intenta transmitir. En la película, que tiene una duración cercana a las tres horas, no existen textos que digan “2005” o “Mason tiene 15 años”. El paso de los años y la ubicación temporal de la historia deben ser intuidos por el propio espectador a través de los cambios físicos de los personajes, del contexto político al que se hace referencia, del diseño de la tecnología mostrada, y de la música y películas mencionadas.

Así como nuestras propias vidas, el transcurso del tiempo en la película es algo gradual, que puede ser difícil de determinar en el momento, pero que resulta más claro una vez que nos alejamos para tener una mejor perspectiva. Es como lo que ocurre cuando uno pasa varios años junto a una persona; nosotros y ellos vamos cambiando, pero sin un punto de referencia claro es difícil darnos cuenta de esos cambios. Es por eso que es más sencillo notarlos cuando nos reencontramos con alguien que no hemos visto en un largo periodo. Si comparamos al Mason que vemos al comienzo de la película con el que aparece en la última escena, la evolución es evidente, pero dado que vemos su crecimiento de manera gradual, su transformación resulta más fluida y natural.

La película toca algunos temas relativos al tiempo, como su carácter inexorable o la noción del “ahora”. Ideas como pasado o futuro se encuentran en nuestras mentes, ya sea como recuerdos o expectativas, mientras que el presente es algo que experimentamos. Pero a pesar de ser algo cercano, el presente es también efímero, esquivo. El envejecimiento se encuentra plasmado a lo largo de toda la cinta, con el paso de los años reflejado en los propios actores, pero sus consecuencias son consideradas sobre todo hacia el final, cuando Mason se gradúa de la escuela secundaria y debe dejar su casa para entrar a la universidad.

Otro de los grandes temas presentados por la película es la maduración. Durante gran parte del metraje Mason es mostrado como un personaje pasivo, algo taciturno, cuya vida se encuentra determinada por las acciones del resto de las personas que lo rodean. Esto no significa que sea un personaje vacío, sino que es algo que tiene que ver más con su edad y con la idea de ser niño. El mundo de los adultos es algo lejano para él, pero lo que ocurre allá tiene implicancias directas en su propia vida. Sus padres se separan, así que debe ver a su padre cada dos semanas; su madre decide continuar sus estudios universitarios, así que él y su hermana deben mudarse de ciudad junto a ella; su madre se casa, así que tiene dos hermanastros nuevos. Es durante el último tercio de la película que vemos cómo el protagonista comienza a tomar sus propias decisiones y a convertirse en el jefe de su propia vida. Se trata de un periodo donde debe escoger sus intereses y lo que hará en el futuro, y donde comienza a dar forma a su manera de ver el mundo.

Y así como Mason, su familia también va cambiando a lo largo de la película. Vemos cómo su madre debe aguantar dos desastrosos matrimonios y se sacrifica por criar a sus hijos; cómo su padre es presentado como un hombre infantil que finalmente va aprendiendo cómo madurar; y cómo su hermana se embarca en un viaje de independencia y autodescubrimiento. Lo bueno de Boyhood es que las decisiones de los personajes y los sucesos que viven no necesariamente demuestran que tienen certeza sobre sus vidas, sino que se encuentran en una constante búsqueda. Aunque sus padres son mayores que Mason, están tan a la deriva como él, y hacen todo lo posible por encontrar el sentido de todo esto.

Sin embargo, no todo es positivo en la película. Hay algunos diálogos que resultan artificiosos, especialmente ciertas conversaciones que Mason tiene con sus amigos. Linklater no es capaz de crear diálogos entre adolescentes que resulten naturales, siendo ejemplo de esto el que tiene lugar en una casa en construcción donde Mason está con otros jóvenes hablando sobre sexo y cerveza. La elección de las canciones tampoco convence (“Anthem Part Two” de Blink-182 o “Crank That” de Soulja Boy), y solo sirven para demostrar la diferencia de edad que existe entre el director y el protagonista de su historia, algo similar a lo que ocurrió con The Wolf of Wall Street (2013) con los temas que sonaban de vez en cuando en sus escenas (como “Everlong” de Foo Fighters).

Y aunque el guion opta por relatar momentos cotidianos, como celebraciones de cumpleaños o días en la escuela, hay un par de acontecimientos que resultan poco naturales en la historia. Se trata del conflicto que tiene la madre de Mason con uno de sus maridos, un violento alcohólico, y la reaparición de un personaje secundario hacia el final de la cinta. Si en el resto de la película los problemas que existen entre los personajes surgen de forma natural a partir de sus interacciones, las escenas recién mencionadas parecen obedecer más a una decisión caprichosa del director que a algo que resulta necesario para la historia. Se trata de momentos que contrastan con el tono utilizado en el resto de la película, y nos desconcentran de la historia.

Estos defectos no pueden ser pasados por alto, pero no son de tal envergadura que terminen dañando el resultado final. A pesar de esos elementos artificiales, Boyhood es una película honesta, que demuestra el interés genuino de Linklater por narra una historia como esta. La idea de la cinta surgió cuando el director estaba por cumplir 40 años y quería transmitir su interés por el paso del tiempo y la relación entre padres e hijos. Otro cineasta podría haber usado una técnica distinta, escogiendo a diferentes actores para cada etapa de la vida del protagonista. Linklater optó por la opción menos práctica, pero definitivamente más efectiva. Apuestas como esta son las que hacen del cine un arte tan cautivante y permiten que siga evolucionando.

Anuncios

3 pensamientos en “Boyhood (2014)

  1. Pingback: Las mejores películas de 2014 | sin sentido

  2. Pingback: Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) (2014) | sin sentido

  3. Pingback: Everybody Wants Some!! (2016) – sin sentido

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s