The Hunger Games: Mockingjay – Part 1 (2014)

mockingjay-posterMás allá de las dudas sobre la originalidad de la misma, la premisa de The Hunger Games (2012) es lo suficientemente llamativa como para dar forma a una película. Sin embargo, los problemas surgen cuando se quieren hacer secuelas. Limitarse solo a la idea de una competencia donde un grupo de jóvenes luchan por sobrevivir, tarde o temprano puede caer en la monotonía, y así lo entendió Suzanne Collins, autora de los libros en los que está basada esta franquicia. En su trilogía de novelas, Collins logra expandir el mundo presentado en la primera entrega, explorando temas más complejos como la desigualdad económica, la opresión y los sistemas de gobierno.

Esto gracias a que están ambientadas en un futuro distópico donde una clase dominante (que vive en el denominado Capitolio) controla las vidas del resto de la población a través de la violencia y el miedo. En The Hunger Games: Mockingjay – Part 1 (Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 1), vemos cómo la protagonista Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) se ve envuelta en una revolución luego de haber sido liberada del Capitolio en la película anterior. La joven es vista por los líderes del movimiento como un símbolo para sus ideales, así que la necesitan de su lado. Sin embargo, la protagonista no solo debe preocuparse de las masacres que el cruel Presidente Snow (Donald Sutherland) comete en los Distritos, sino que además debe luchar contra el remordimiento de haber dejado en el Capitolio a su compañero –y enamorado- Peeta Mellark (Josh Hutcherson).

De las películas que conforman la saga, esta debe ser la menos ajetreada. La mayoría de las escenas están ambientadas bajo tierra, en un búnker gigantesco donde viven los miembros del Distrito 13. Mientras en las primeras dos cintas estaban los Juegos como evento central, en esta tercera parte las escenas de acción están más dispersas, por lo que priman las conversaciones. Esto se debe a la decisión de los productores de dividir el tercer libro de la franquicia en dos películas, siendo esta su primera mitad. Por lo tanto, los eventos más determinantes en la trama estarán mayoritariamente en la segunda película, que se estrenará el próximo año. Si se hubiese adaptado el tercer libro en una sola película, esto se vería como una progresión natural de la historia, pero como fue dividida, es la primera mitad la que se ve perjudicada, al caer en ese grupo de cintas que sirven simplemente para preparar el terreno a lo que vendrá después.

Sin embargo, todo esto no significa que estemos ante una película desechable o completamente irrelevante. Fuera de los triángulos amorosos que apuntan a las audiencias adolescentes, la película logra tocar temas bastante interesantes ligados a la política. Las cuestiones relativas a la desigualdad social y la opresión ya habían sido mostradas en las anteriores entregas, pero en esta cinta se aumenta la profundidad y número de los elementos en juego. Ya no estamos solo ante el descontento impotente de una clase oprimida, sino que ante la revolución de sus miembros, que decidieron levantarse y pelear. Es en este complejo contexto en el que Katniss debe determinar cuál será su papel.

El núcleo de la película dice relación con el poder que tienen los medios de comunicación como herramienta ideológica. Ya sea como aliados para causas justas, o como mecanismos utilizados por aparatos opresores, los medios de comunicación pueden controlar la manera en que la población ve un determinado hecho. Es por eso que la protagonista es escogida como la representante de los rebeldes, que ven en ella un símbolo que es capaz de inspirar a otros a levantarse contra la opresión. Pero no solo ellos recurren a esta estrategia, ya que el Capitolio, liderado por el Presidente Snow, hace lo propio con el compañero de Katniss, Peeta. Los enfrentamientos que tienen estos dos bandos consisten en palabras más que en armas, buscando influir en la opinión de los ciudadanos.

La importancia de los medios de comunicación no es algo nuevo en la franquicia, ya que los mismos Juegos eran tratados como un espectáculo mediático. Los enfrentamientos a muerte entre los jóvenes eran transmitidos a todos los habitantes de Panem, y los espectadores incluso podían favorecer a ciertos participantes a través de votaciones, como si estuviésemos frente a un sádico reality show. Pero lo importante de Mockingjay es que expande sus horizontes desde la industria del entretenimiento a la lucha ideológica, a través de mecanismos que se han utilizado durante décadas en el mundo (el trabajo de Goebbels en Alemania, los afiches de la Unión Soviética, el rol de Fox News en la guerra contra el terrorismo, los videos de decapitaciones de ISIS, son algunos ejemplos).

Los líderes rebeldes que aparecen en la película comprenden el poder que tienen las imágenes y las palabras, las que muchas veces son más cautivantes que las ideas en sí mismas. Es cosa de ver lo que ha ocurrido con el Che Guevara, cuyo rostro es utilizado en ropa o afiches a lo largo de todo el mundo, convirtiéndose así en un símbolo inmortal. Más que decir que este poder es bueno o malo, la película es clara al señalar que al ser utilizados por manos hábiles, los medios de comunicación pueden potenciar cualquier tipo de idea. Por lo mismo, pueden ser unos aliados valiosísimos, pero al mismo tiempo una amenaza de temer.

A pesar de ser un punto intermedio para acontecimientos más importantes, Mockingjay – Part 1 logra ser algo más que simple relleno. Sí, hay momentos que se alargan más de la cuenta debido a la mala decisión de dividir el libro en dos películas, y hay algunos elementos de la trama que no tienen mucha lógica, como el plan de Snow, pero al menos la cinta es capaz de explorar ideas interesantes y mostrarnos un mayor desarrollo de su personaje principal (que dicho sea de paso ya se ha convertido en un verdadero ícono de la cultura popular). Y aunque Katniss se encuentra dentro de este extenso grupo de personajes literarios que son denominados “los elegidos”, Collins crea un buen conflicto entre determinismo y libre albedrío al poner a su protagonista en una constante encrucijada.

Para quienes duden acerca del poder de los signos al momento de transmitir un mensaje, incluido el poder de esta misma película, les convendría revisar la noticia de la prohibición que sufrió Mockingjay – Part 1 en Tailandia. El gobierno de Prayuth Chan-ocha ha visto con malos ojos la película luego de que inspirara a los disidentes a utilizar algunos de sus gestos (como el saludo que hace Katniss con su mano) para su propia lucha política. Esto ha llevado a que la compañía distribuidora cancele su exhibición en los cines de aquel país asiático. A veces, realidad y ficción no están tan separadas como aparentan.

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