Deux jours, une nuit (2014)

Deux_jours,_une_nuit_posterLos hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne se han convertido en algo así como los directores predilectos del festival de Cannes. Con dos Palmas de Oro, además de otros premios y nominaciones, estos cineastas belgas han logrado consolidar sus carreras como ningún otro director contemporáneo. Sus trabajos se enmarcan dentro de un cine social, inspirado en el neorrealismo italiano, y en ellos narran historias de personas pertenecientes a la clase media o baja, utilizando un estilo lo más auténtico posible.

Es una tarea difícil, no sólo por el desafío de crear esa ilusión de realidad que poseen sus películas, sino también por el riesgo de caer en historias monótonas o poco interesantes. La estrategia de estos hermanos consiste no solo en seguir a sus personajes en el día a día, sino que en enfrentarlos a un dilema que los obligue a mostrar su verdadero ser. Es en estas situaciones donde podemos ver con mayor claridad sus defectos y virtudes. No se trata de problemas irreales que resulten artificiosos, sino de disyuntivas que se enmarcan dentro de este naturalismo que buscan generar sus cintas.

En Deux jours, une nuit (Dos días, una noche), su película más reciente, la protagonista es una mujer llamada Sandra (Marion Cotillard), que acaba de salir de un cuadro depresivo que la mantuvo alejada de su trabajo. Sin embargo, al momento de reintegrarse a sus labores, Sandra recibe la noticia de que ha sido despedida. El jefe de la empresa hizo que los compañeros de la protagonista decidieran entre dos opciones: recibir un bono anual de 1.000 euros, o hacer que Sandra mantenga su trabajo. 14 de los 16 optaron por el bono. Después de hablar con el dueño de la empresa, Sandra logra que se le conceda una segunda votación, recibiendo así la oportunidad de hablar uno por uno con sus compañeros y explicarles su situación.

Así, como si estuviésemos ante una muy particular versión de 12 Angry Men (1957), la protagonista intentará convencer a sus compañeros de que cambien su veredicto. Uno de los temas tratados por la película es la elección entre el individualismo y la solidaridad, pero la solución a esta pregunta no es algo que sea blanco o negro. No estamos ante un dilema que se examine de manera abstracta, a través de supuestos, sino que ante una elección que deben hacer personas que tienen sus propias preocupaciones.

En la filmografía de los Dardenne se puede apreciar como elemento recurrente el dinero, o mejor dicho la falta de éste. Sus personajes habitan en una sociedad donde el dinero influye de manera esencial en sus vidas, sirviendo como una de sus principales motivaciones al momento de actuar. No es solo una cuestión de materialismo, sino también de pertenencia, de sentirse partes de la sociedad. El dilema moral de los compañeros de la protagonista no es sencillo. El bono que reciben no es para convertirlos en millonarios, sino que para cubrir ciertas necesidades que sus sueldos normales no logran satisfacer. Pedirles que se pongan en los zapatos de Sandra es igual que si ellos se lo pidieran a ella.

La cinta posee una estructura bastante definida, ya que sigue a Sandra durante el fin de semana que tiene antes de la votación (de ahí el título de la película), visitando uno por uno a los compañeros que votaron a favor del bono. Los directores evitan la repetición gracias a sus personajes secundarios, que tienen diversas personalidades y preocupaciones. Cada vez que se abre la puerta en alguna de las casas, descubrimos junto a la protagonista la vida de estos personajes. Ya sea por la presencia de niños en la casa, o porque algunos de los compañeros tienen un segundo empleo, nos damos cuenta que la elección que realizaron no era simplemente entre dejar que Sandra mantenga su trabajo versus recibir un bono extra.

Por lo mismo, visitar a sus compañeros pidiéndoles que renuncien a esa ayuda económica es incómodo para la protagonista. Tomar una decisión como esa le traería problemas a cada uno de ellos. Sandra quiere recuperar su trabajo, pero no a costa de la infelicidad de sus compañeros. Al haber salido recién de su depresión, tras experimentar el dolor que esta enfermedad representa, lo que menos quiere Sandra es traer sufrimiento a las personas que la rodean. Además, la decisión de su permanencia dependerá solo de la mayoría de los empleados; no se requiere un apoyo unánime. Por lo tanto, se puede dar el caso de que su regreso a la empresa perjudique incluso a quienes no renunciaron voluntariamente a sus bonos. Esta y otras consideraciones son examinadas por la protagonista, quien en más de una ocasión duda acerca de si vale la pena seguir en la tarea.

La elección de Marion Cotillard como la protagonista de la cinta puede parecer curiosa, considerando el tipo de películas que los Dardenne buscan crear. Sin embargo, ya sea como la fantasmal pareja de Leonardo DiCaprio en Inception (2010), como una inmigrante polaca en The Immigrant (2013), o como la cantante Edith Piaf en La môme (2007), Cotillard logra deslumbrar adaptándose al tipo de rol que se requiera. Aunque es una estrella conocida internacionalmente, su actuación es capaz de mantener la atmósfera de autenticidad que caracteriza al cine de los Dardenne. Como ya es costumbre, son sus ojos los que logran transmitir la mayor parte de sus emociones. Se trata de un personaje que requería una actuación donde la interpretación corporal es fundamental, y la actriz no defrauda.

Deux jours, une nuit fue filmada con el estilo propio de estos hermanos belgas. Cámara en mano, sin banda sonora, en locaciones lo más auténticas posibles, y con un estilo visual nada pomposo. Pero aún así se puede notar un cambio durante sus últimos trabajos, como en la composición mucho más cuidada de los planos y con un encuadre que deja respirar a los personajes. Durante sus primeras películas la cámara estaba casi pegada al rostro de los actores, creando una imagen asfixiante. Durante su etapa más reciente se aprecia una mejor utilización del lenguaje cinematográfico, sin dejar de lado la esencia del estilo que los hizo famosos.

La trama de la película mantiene la incertidumbre del desenlace de la votación hasta el final. Pero más allá de la decisión adoptada por los trabajadores, lo importante es la evolución que experimenta la protagonista durante estos dos días. Puede que el rol de su marido, Manu (Fabrizio Rongione, un colaborador habitual de los Dardenne), resulte demasiado insistente en ocasiones, ya que es él quien convence a Sandra de continuar las visitas pese a las dudas y problemas que van surgiendo. Pero durante los últimos minutos uno se da cuenta que su actitud ha sido la adecuada. El viaje que emprende la protagonista no se limita simplemente a obtener una votación favorable, sino que a crecer como persona y recuperar lo perdido.

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