The Hobbit: The Battle of the Five Armies (2014)

The_Hobbit_-_The_Battle_of_the_Five_ArmiesEl estreno de The Return of the King (2003) significó la culminación de una travesía que no queríamos que terminara. A través de esas tres películas aprendimos a conocer y querer a sus personajes, a quienes seguimos a lo largo de sus esfuerzos por acabar con el peligroso Sauron. Con 11 premios Óscar, la cinta empató con Ben-Hur (1959) y Titanic (1997) como las películas más galardonadas en la historia de esa ceremonia, consolidando así la carrera del director neozelandés Peter Jackson y convirtiendo a su trilogía en un verdadero clásico cinematográfico.

Sin embargo, al examinar su nueva trilogía uno se da cuenta de que no solo ha transcurrido una década desde ese hito, sino que ha habido otros cambios más relevantes. En vez de generar la sensación que produjo la película de 2003, The Hobbit: The Battle of the Five Armies (El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos) se acerca más a la idea de un trámite, de algo que hay que hacer para poder poner un punto final de una vez por todas. La principal crítica que se ha hecho a la adaptación que Jackson hizo de la novela El hobbit es lo innecesariamente extensa que terminó siendo, producto de la decisión de dividirla en tres partes. Esto podría haber resultado si la historia y los personajes fuesen lo suficientemente llamativos, pero en cada una de las películas se notan los esfuerzos por estirar algo que no necesitaba ser estirado.

El libro escrito por J.R.R. Tolkien tiene la gracia no solo de ser el punto de partida para sus obras ligadas a la Tierra Media, sino que también es una historia autosuficiente. Hay personajes que se repiten en otros de sus novelas, pero no es necesario haberlas leído para entender El hobbit. Sin embargo, dado que esta trilogía cinematográfica fue estrenada con posterioridad al éxito de The Lord of the Rings, surgió la necesidad de vincular todo lo que ocurre en la trilogía original, aún cuando en estricto rigor lo más relevante que ocurre en el libro es que Bilbo encuentra el anillo único en las cavernas donde vive Gollum.

En esta tercera y última parte vemos lo que ocurre una vez que el dragón Smaug (Benedict Cumberbatch) se marcha de la Montaña Solitaria en dirección a la ciudad de Valle para destruirla. Cuando Smaug es derrotado por el humano Bardo (Luke Evans) los problemas recién comienzan, ya que la noticia recorre rápidamente los territorios aledaños atrayendo ejércitos que quieren hacerse de las riquezas resguardadas en la montaña. Aunque tanto humanos como elfos tienen derechos sobre parte del tesoro, el enano Thorin (Richard Armitage) ha decidido que el botín no será repartido, sino que será propiedad exclusiva de su raza. Sin embargo, la disputa de los personajes se verá interrumpida por una amenaza mucho mayor.

Si Peter Jackson hubiese decidido adaptar la novela en una sola película, éste sería el clímax de la cinta, ya que el metraje narra lo que ocurre antes, durante y después de la batalla que aparece en el título. De esta manera, elementos como el desarrollo de los personajes o escenas más calmadas pasan a estar en un segundo plano para dar espacio a la acción que ocurre en el enfrentamiento. Durante la primera mitad de la película se notan problemas de ritmo, y una sensación de que las escenas fueron filmadas sin tener muy clara la manera en que irían en el producto final, lo que produce transiciones extrañas entre escena y escena.

Dado que tener una batalla extensa como núcleo de la película puede caer en lo tedioso, la cinta intenta seguir la fórmula de la batalla de los Campos del Pelennor en The Return of the King, donde de vez en cuando se introducían nuevos elementos (olifantes, Nazgul, muertos vivientes) para ir creando una sensación de entusiasmo en el espectador. Todo esto permite que a pesar de su larga duración, la Batalla de los Cinco Ejércitos sea un espectáculo entretenido, si bien se notan ciertas falencias como unos muy irregulares efectos digitales y unos problemas en el ritmo de la trama.

Pero las diferencias entre The Return of the King y The Battle of the Five Armies no solo radican en los aspectos técnicos, sino también en lo que hay detrás de cada una de ellas. Mientras en la trilogía original uno sentía empatía por los personajes y le importaba lo que les pudiera ocurrir, no pasa lo mismo con las cintas protagonizadas por Bilbo Bolsón. Los enanos, por ejemplo, no llegan a ser algo más que un grupo de personajes intercambiables, salvo los casos de Thorin, Kili y Balin, que tienen ciertas características que los diferencian del resto.

Los intereses en juego tampoco alcanzan la escala de The Lord of the Rings, donde lo que estaba en juego era el futuro de la Tierra Media, y no un tesoro. No hay inconveniente en crear una historia más acotada, como ocurre en la novela de El hobbit, el problema es que Jackson intenta tomar ese material y engrandecerlo más de la cuenta. No todo tiene que ser épico y ceremonioso. Es cierto que la historia está ambientada en un universo donde el linaje de los personajes es algo fundamental y donde las armas de los guerreros tienen nombres propios, pero la repartición de un tesoro no es ni tan importante como el hecho de detener a Sauron. La película incluso busca otorgarle más importancia al conflicto, diciendo que la Montaña Solitaria es un punto estratégico que en las manos equivocadas puede convertirse en un gran riesgo, pero estos intentos son infructuosos.

Sería injusto decir que esta es una mala película, ya que tiene aspectos rescatables, como las actuaciones de Martin Freeman, Evangeline Lilly o Richard Armitage. También tiene unos buenos momentos cómicos que hacen recordar el talento del director para combinar géneros cinematográficos. Pero por lo general se trata de una cinta irregular, que crea sus momentos más emotivos en torno a referencias a la trilogía original en vez de la construcción de méritos propios. ¿De quién es la culpa? ¿De la megalomanía de Jackson? ¿De la presión comercial de los estudios de cine? Quizás ambas respuestas son correctas. La verdad es que la trilogía de El hobbit demuestra nuevamente que “más” no siempre es sinónimo de calidad.

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