Tian zhu ding (2013)

A_Touch_of_Sin_posterLa trama de Tian zhu ding (A Touch of Sin) está estructurada en torno a cuatro historias, en cada una de las cuales vemos cómo el lado más bestial del ser humano se revela a través de las grietas de la sociedad. O mejor dicho, cómo la sociedad y el sistema económico en el que está basada sirven para desencadenar este tipo de actos. Los protagonistas de estas historias son personas comunes y corrientes que viven en diferentes partes de China, pero sus vidas cambian completamente debido a alguna situación que los llevar a tomar un camino drástico, violento.

En el primer segmento vemos a un hombre (Jiang Wu) que hace todo lo posible por denunciar un hecho de corrupción que ocurrió en su pueblo, donde se vendió una mina de carbón y las ganancias solo quedaron en manos de un par de personas. En la siguiente historia se muestra a un motociclista (Wang Baoqiang) que tiene una relación distante con su familia, y que se dedica a cometer violentos robos para ganarse la vida. En la tercera, una mujer (Zhao Tao) debe lidiar con la compleja situación de ser la amante de un hombre casado y con las propuestas indecentes que recibe de unos clientes en el spa donde trabaja como recepcionista. En la última historia seguimos a un joven (Luo Lanshan) mientras renuncia a su trabajo en una fábrica para unirse a un exclusivo club nocturno con el fin de desempeñarse como sirviente.

La manera en que la película trata estas erupciones de salvajismo en la sociedad contemporánea la emparentan con la cinta argentina Relatos salvajes (2014), pero a diferencia del trabajo de Damián Szifrón, en Tian zhu ding estos sucesos no están impregnados de un humor negro ni de una sátira ácida. El director Jia Zhangke opta por un tono más aterrizado, con una visión sombría acerca de la realidad del país asiático. Esto también está relacionado con la manera en que el director muestra la violencia en cada historia, la que se abre camino de manera fulminante, sin intentar hacerla atractiva ni embellecerla, optando en cambio por transmitir su efecto destructivo con una brutal honestidad.

Debido a un ritmo pausado que se extiende a lo largo de la película, son los momentos de violencia los que le dan las sacudidas necesarias a la cinta para que no caiga en la monotonía. Otro elemento que destaca dentro del filme es su fotografía, que estuvo a cargo de Yu Lik-wai. Aunque la historia es narrada con tintes realistas, la decisión en torno a la fotografía no consistió en adoptar la sobreutilizada técnica de la cámara en mano, sino que recurrir a una elección más meticulosa de los respectivos planos, aprovechando al máximo los lugares donde fueron filmadas las escenas.

Aunque es el principal motor de la cinta, la violencia en Tian zhu ding es difícil de definir. No estamos ante casos homogéneos o inequívocos, sino que complejos. En la primera historia, por ejemplo, el actuar del protagonista viene a ser la última ratio al momento de denunciar la injusticia que ocurre en el pueblo. Pero si bien busca un fin loable, los medios que utiliza son desproporcionados, e incluso llegan a afectar a algunas personas que no tenían nada que ver con el caso de corrupción que está reprochando. En el tercer segmento, la protagonista recurre a la violencia como un mecanismo de defensa propia, por lo que uno puede comprender su actuar. Tal vez el caso más difícil de determinar es el de la segunda historia, donde las motivaciones del personaje son más ambiguas. La cuarta también tiene elementos que la diferencian del resto, ya que mientras en las demás la violencia se ejerce contra otras personas, en ésta el protagonista se la inflige a sí mismo.

En algunos casos estamos ante víctimas que se rebelan en contra de quienes los oprimen, en otros vemos a la violencia para una situación complicada, y en otras es un acto aparentemente aleatorio que explota dentro del personaje. Debido a este carácter tan variado, no es posible justificar todas las acciones de los protagonistas, pero al menos somos capaces de acercarnos a una especie de comprensión. A entender qué es lo que los llevó a ese estado. Esto se refuerza si consideramos que el director Jia Zhangke se basó en cuatro historias reales para poder escribir el guion, las que conoció a través de la red social Weibo, una versión china de Twitter. No se trata de elementos que fueron creados artificialmente para darle mayor impacto a una película, sino que acciones ocurridas dentro de un contexto real.

¿Pero por qué cuatro historias? ¿No podría haber sido una sola? La decisión del director consiste en demostrar que las acciones narradas en la cinta no son sucesos aislados; obedecen a algo mayor, a una cuestión de carácter social. El aumento de crímenes y actos violentos es una realidad en China, no una mera casualidad. Dentro de la población se va acumulando un descontento que llega a un punto de ebullición y explota a través de las acciones realizadas por los protagonistas de la película. Las causas de este fenómeno pueden ser variadas, obedeciendo a numerosos factores, pero la cinta se inclina por una razón socioeconómica.

En Tian zhu ding se hace una crítica a la rápida transición que China hizo desde una economía preferentemente agrícola a una más industrial y mercantil. De una u otra manera las cuatro historias giran en torno al dinero, a las desigualdades sociales, y a la forma en que esto afecta la vida de las personas. Los segmentos no están protagonizados por miembros de la clase dominante, sino que por personas que deben sufrir la peor cara del sistema en que se encuentran insertos. A lo largo del metraje se hace referencia a la inmigración como una herramienta para buscar mejores condiciones de vida, pero por más que caminen no pueden huir de la cruda realidad.

Si bien en la película se critica el sistema capitalista y la importancia que tiene el dinero dentro de él, no hay que confundir esto con una aceptación implícita del comunismo que dominó al país durante gran parte del siglo pasado. En vez de cuestionar el sistema económico en sí, el director hace hincapié en la manera en que ha sido aplicado y los efectos negativos que ha tenido dentro de la sociedad.

Estos constantes cambios sociales les quitan estabilidad a las personas y, según el director, van despojando a China de su propia identidad. Es tal interés de Jia Zhangke por este tema que su próxima película estará ambientada a fines del siglo XIX y comienzos del XX, periodo que él ve como el inicio de este proceso de modernización del país asiático.

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