St. Vincent (2014)

St_Vincent_posterEn el cine, así como en otros medios artísticos de carácter preferentemente narrativo, se van repitiendo ciertos elementos a lo largo de sus historias, creando de esta manera unas fórmulas que sirven como base para obras posteriores. Una de estas fórmulas, bastante repetida en las películas, es la del viejo gruñón que tras conocer a un niño y entablar una amistad con él, revela que en el fondo había algo de bondad en su corazón. La utilización de una trama como esta no es de por si algo negativo, ya que se puede eludir la sensación del chiste repetido ya sea creando una obra que sea capaz de innovar dentro de este modelo o que lo aplique con tal calidad que uno no se preocupe de los elementos ya vistos. Lamentablemente ninguno de estos dos casos se cumple en la cinta St. Vincent.

El viejo de esta historia es Vincent (Bill Murray), un veterano de Vietnam que vive en una casa destartalada junto a su gato. Con un constante mal humor y una afición por el alcohol, el protagonista casi no tiene amigos, y su situación económica no es mejor. La situación de Vincent cambiará con la llegada de Maggie (Melissa McCarthy), una mujer que está en pleno proceso de divorcio, y su hijo Oliver (Jaeden Lieberher), quienes se mudan a la casa de al lado. Como tiene problemas monetarios, el personaje principal acepta a regañadientes cuidar de Oliver mientras su madre trabaja, formándose entre ambos un lazo de amistad.

Con una premisa como esa, uno ya tiene claro lo que ocurre en la película sin necesidad de verla. Vincent asume su rol de niñero con una actitud reacia, pero poco a poco verá en Oliver a alguien que vale la pena tener a su lado. Mientras el niño lo ayuda a reorganizar su vida, el viejo le enseña lecciones de vida, como aprender a valerse por sí mismo y enfrentar a sus compañeros de colegio que no lo dejan tranquilo. Así, aunque por fuera es una persona poco diligente, maleducada y alcohólica, en el fondo tiene un lado redimible, ya que es capaz de preocuparse por los demás.

El director Theodore Melfi sigue todos los clichés y reglas de esta fórmula, incluyendo las secuencias con canciones indie de fondo y el momento en el que los personajes discuten y parece que no se van a hablar más, pero al final se reconcilian. Hay momentos en los que se muestra un desarrollo honesto de la relación que existe entre los personajes, con escenas donde se les permite interactuar con mayor naturalidad, pero por lo general St. Vincent resulta muy calculada. Esta artificialidad termina afectando a la cinta, ya que uno se da cuenta de la mano que está detrás de todo esto, controlando lo que ocurre en la pantalla.

Debido a eso, somos demasiado conscientes de que estamos viendo una película, y no logramos sumergirnos en su historia ni en lo que hacen sus personajes. Momentos como el de Vincent visitando una casa de reposo junto a Oliver resultan demasiado predecibles, y uno ya adivina lo que ocurrirá apenas entran al lugar. La fórmula del viejo gruñón que en realidad es bondadoso ya ha sido utilizada en diversas cintas, como Gran Torino (2008) o Up (2009), pero en aquellos trabajos la interacción entre los personajes termina siendo genuina, y aunque uno sepa cuál será el desenlace de esta relación, la manera en que es presentado este viaje interno resulta mejor que simplemente saber qué ocurrirá.

Si no fuese por Bill Murray, lo más probable es que la película sería algo totalmente prescindible. Aunque su personaje está creado a partir de elementos ya vistos en otras películas, Murray le otorga algo más de sustancia, gracias a una actuación creíble. Gracias a su característico sentido del humor y timing, Vincent no es simplemente un anciano malhumorado, y termina acercándose al caso de alguien que actúa más por despiste que por mala intención. En términos generales su interpretación es buena, salvo por algunas escenas donde parece estar más preocupado de ser nominado a algún premio que a darle forma a su personaje.

Otro de los puntos fuertes de St. Vincent es la participación de Melissa McCarthy, quien se aleja de sus exagerados personajes cómicos para entregar una actuación más aterrizada y sutil. Resulta extraño verla en el rol del personaje serio, pero McCarthy es capaz de dar una gran interpretación pese al material que le es entregado en el guion. Junto con Murray, son dos de las principales razones para ver la película, e incluso logran hacer que la cinta sea un poco más que regular.

Incluso hacia el final de la película, durante el clímax, se logra una escena muy emotiva entre Oliver y Vincent. La manera en que está construido el momento es bastante manipulador, con un discurso que no podría haber sido escrito por un personaje de la edad de Oliver sino más bien por un guionista que intenta enternecer a una audiencia, pero de todas maneras es efectivo. Elementos como el recién mencionado permiten rescatar a la película, aunque sea solo parcialmente.

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