Whiplash (2014)

Whiplash_posterEn The School of Rock (2003), Jack Black interpreta a un profesor que le enseña a sus alumnos a amar la música, a creer en ellos mismos, y a liberarse a través del rock. La relación maestro-alumno mostrada en aquella película no puede ser más distinta a la presente en Whiplash, donde los alumnos de J.K. Simmons no ven el proceso musical como una manera de liberarse, sino que como un verdadero método de tortura. En vez de perfilarse como un profesor que inspira a sus jóvenes aprendices, una tradición que el cine estadounidense ha repetido hasta el cansancio y cuyo caso más emblemático es el de John Keating en Dead Poets Society (1989), el personaje interpretado por Simmons basa sus enseñanzas en el miedo y el estrés.

La historia es protagonizada por Andrew Neiman (Miles Teller), un aspirante a músico que estudia en el conservatorio Shaffer, una de las mejores escuelas de música en Estados Unidos. Un día, mientras ensaya con su batería, el joven  es descubierto por Terence Fletcher (J.K. Simmons), el maestro más temido y respetado del conservatorio. Fletcher ve el potencial que tiene Andrew, y decide invitarlo a la banda de jazz que dirige, lo que es considerado por el protagonista como un reconocimiento de su talento. Pero las cosas no serán nada fáciles para Andrew, quien deberá aguantar las duras lecciones del conductor de la banda.

Fletcher basa su estrategia en intimidar a sus alumnos y obligarlos a alcanzar sus límites. Pese a lo violento que es, la mayor parte de sus alumnos continúa bajo sus órdenes, y ven su lugar en la banda como un importante paso para sus carreras. El mismo Andrew comienza a practicar con mayor intensidad luego de que su profesor lo insulta frente a toda la clase, y tocar la batería se convierte en una obsesión. Cuestiones como el compás o la velocidad a la que toca pasan a dominar completamente su mente, lo que le obliga incluso a terminar con su novia para dedicar todo su tiempo a la música. Aunque la película gira en torno a un género musical como el jazz, que se caracteriza por su capacidad para improvisar y experimentar, la disciplina es algo fundamental para Fletcher.

La figura de este violento maestro es representada casi de manera sobrenatural. Sabe lo que piensan el resto de los personajes, es capaz de manipular sus emociones a voluntad, y hace que sus pupilos saquen a relucir lo peor de sus personalidades. Conflictos de egos, celos, frustración, insultos, son algunas de las cosas que se pueden ver en los ensayos de su banda. Se trata de una representación de los extremos a los que puede llegar el deseo por ser “el mejor”, cuando el objetivo a alcanzar nubla la vista del camino que uno debe seguir. Para Andrew, morir joven o no tener amigos es un precio a pagar por llegar a ser recordado como uno de los grandes maestros de la música.

Asociar la buena calidad de la película a solo uno de sus elementos sería injusto. Estamos ante una muy efectiva combinación de factores, que se complementan en un resultado apasionante. Uno de sus ingredientes es la interpretación de J.K. Simmons, actor que saca a relucir su lado más salvaje dando vida a este personaje inspirado en un verdadero profesor que tuvo el director Damien Chazelle. La creación de Terence Fletcher le debe tanto al guion como al trabajo de Simmons, quien le otorga una presencia amenazante que ayuda a formar la atmósfera tensa de algunas escenas. Junto con la labor de Miles Teller, van creando una energía que se replica a lo largo de todo el relato, en una constante lucha entre ambos personajes.

Chazelle, quien también practicó batería durante su juventud, utiliza su conocimiento musical al máximo, tanto en el tipo de canciones que emplea en la cinta como en la manera de representarlas. El diseño de sonido es algo de suma importancia en una película como esta, y lo que se logra en Whiplash alcanza niveles excepcionales dentro de esa área. La intensidad que se transmite hace que sea imposible mantener el pie quieto durante la cinta, ya que uno tiende inmediatamente a seguir el ritmo de la melodía que suena en cada escena.

Esta calidad técnica también se repite en el aspecto visual, donde el director es capaz de mostrar los solos de baterías de manera dinámica, pese a sus trabas físicas. Si consideramos que la batería es un instrumento que obliga al músico a permanecer sentado, siempre en el mismo lugar, hay que recurrir a elementos como el montaje y los tipos de plano para hacerlo más interesante a la vista. Así, Chazelle va variando entre primeros planos, planos medios y planos generales, cada uno de los cuales tiene una duración cuidadosamente escogida para obtener un ritmo potente, como si las imágenes por si solas estuviesen replicando el sonido de la música.

Todas las virtudes recién mencionadas son aplicadas de manera excepcional durante el clímax de la película, en una de las secuencias más intensas que he visto en varios meses. Es el broche de oro para una cinta que merece todos los elogios que ha recibido desde su estreno en el festival de Sundance. Es uno de esos momentos que siguen resonando dentro de uno después de los créditos finales, e incluso durante los días siguientes. Aún aquellas personas que no tengan mucho interés por el jazz o por la batería terminarán con las manos sudorosas tras un final como ese. Quizás es muy temprano decirlo, pero Whiplash ya se encuentra dentro de mis películas favoritas de este año que recién comienza.

Uno de los aspectos más interesantes en la película tiene relación con la actitud que uno adopta frente a Fletcher. ¿Cómo debemos verlo? ¿Como un genio que es capaz de sacar lo mejor de sus alumnos a través de mecanismos poco convencionales? ¿Como un monstruo sádico que disfruta con el sufrimiento de los demás? La cinta es ambigua en este punto, dejando que la decisión sea tomada por cada uno de los espectadores. La situación es compleja, sobre todo si tenemos en cuenta que ni siquiera el protagonista se salva, ya que tiene falencias bastante notorias. Andrew está lejos de ser un joven ejemplar, debido a su arrogancia y egoísmo. Hay un par de escenas donde vemos cómo Fletcher demuestra su lado más sensible, pero pueden ser tanto demostraciones de humanidad como mecanismos para manipular al resto.

Incluso si el razonamiento de Fletcher es correcto, y la presión constituye un elemento fundamental para la autosuperación, el extremo al que lleva su credo termina siendo absurdo. Para él, arruinarle la vida a decenas de alumnos justifica la posibilidad de que uno de ellos logre ver más allá del sufrimiento y alcance la gloria. Lo que sí queda claro viendo la cinta es que en la música, así como en otras actividades, el camino para convertirse en el mejor no siempre será sencillo. Las horas de práctica y la perseverancia son absolutamente necesarias. La frase sangre, sudor y lágrimas no puede ser mejor utilizada para describir a esta película.

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3 pensamientos en “Whiplash (2014)

  1. Espectacular película.
    Es una historia aparentemente simple, pero con matices e ideas abiertas que te hacen participe de la historia, estar atento y reflexivo en todo momento.
    Además que la dirección y edición son magistrales, un dinamísmo que no veía hace rato.

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