What We Do in the Shadows (2014)

What_We_Do_in_the_Shadows_posterAunque la moda de los vampiros en el cine ya se acabó, alcanzando su punto más alto en términos comerciales con la saga Twilight (2008), esto no significa que se haya perdido todo interés por las películas sobre estas criaturas. De hecho, que ya no exista esa ansia por hacer trabajos sobre vampiros con el solo fin de ganar dinero ha liberado a los cineastas, quienes ahora pueden centrarse en explorar este mito desde diferentes perspectivas. Eso es lo que ocurre con What We Do in the Shadows, un falso documental neozelandés dirigido por Jemaine Clement y Taika Waititi.

La película fue hecha supuestamente por un grupo de documentalistas que tuvo acceso al hogar de unos vampiros de Wellington, en Nueva Zelanda. Entre los personajes se encuentran Viago (Taika Waititi), un vampiro de 379 años que intenta por todos los medios mantener una convivencia civilizada con sus compañeros de casa; Vladislav (Jemaine Clement), de 862 años, quien añora la edad media y guarda un profundo rector contra un vampiro apodado “La Bestia”; Deacon (Jonathan Brugh), de 183 años, el vampiro más joven e inmaduro del grupo; y Petyr (Ben Fransham), una criatura silenciosa y amenazante, similar a Nosferatu.

El efectivo humor de la película proviene del contraste que se produce entre estos extravagantes personajes, con sus poderes e historias, y lo mundano de las situaciones con las que deben lidiar. La sola idea de que un grupo de vampiros haya viajado desde Europa (el escenario característico del mito) a un lugar tan escondido como Nueva Zelanda, es el punto de partida perfecto para que nos adentremos al tipo de comedia que utiliza la cinta. A partir de ahí, vemos cómo Viago y compañía tratan de solucionar los problemas típicos de vivir junto a otras personas en la misma casa, salen a la ciudad de busca de sangre para beber, y se enfrentan a sus clásicos rivales, los hombres lobo.

Si What We Do in the Shadows hubiese sido filmada en Estados Unidos, con actores estadounidenses, lo más probable es que el resultado final hubiese sido muy distinto. Quizás la película se acercaría más a lo que hizo Tim Burton con Dark Shadows (2012), donde el choque entre lo arcaico y lo moderno era desarrollado con un tono demasiado autoconsciente. No solo el director sabe que la unión de ambos elementos es ridícula, sino también los propios personajes, quienes forman parte del juego de manera más artificial. Este falso documental, en cambio, apuesta por la ingenuidad de sus personajes, cuya inocencia hace que las situaciones resulten más cómicas.

Inspirados por la comedia británica, los directores de la película recurren a un humor de carácter seco, donde las situaciones absurdas son abordadas de manera seria, como si se tratase de algo absolutamente natural. Ya sea una escena donde Viago está poniendo toallas cerca de su víctima para que su sangre no manche un sillón, o los personajes recorriendo las calles de Wellington con atuendos de una época completamente diferente, la cinta está llena de estos momentos. Son precisamente este tipo de escenas las que terminan dándole a la película un tono característico, el que dicho sea de paso termina siendo muy gracioso.

Dado que en este falso documental acompañamos a unos personajes extravagantes en su día a día, adentrándonos en su mundo, las comparaciones con This Is Spinal Tap (1984) han sido numerosas. La película de Rob Reiner, centrada en esa ficticia banda de rock, se ha convertido en un verdadero clásico de la comedia cinematográfica, y What We Do in the Shadows toma sus mejores elementos para adaptarlos en un producto que funciona tanto como homenaje y como algo novedoso. Es difícil saber si esta cinta llegará a ser tan conocida como esa obra ochentera, pero tiene todo el potencial para lograrlo.

Uno de los puntos que tiene a su favor es no solo su capacidad para crear momentos cómicos, sino también la habilidad de dar forma a personajes memorables. Esto permite que gran parte de la película se base en las interacciones entre sus personajes, aprovechando sus diversas personalidades. Quien resalta más en la cinta es, sin duda, Stu, interpretado por Stuart Rutherford. Amigo de los directores, Stuart fue invitado casi a última hora al proyecto y, sin saber mucho de lo que se trataba, terminó convirtiéndose en uno de sus personajes principales. Su personaje es un humano ingenuo que se hace amigo de estos vampiros, pese al constante peligro de que beban su sangre. Las situaciones en las que participa son un buen ejemplo de la forma en que la cinta combina lo absurdo con lo mundano, creando un resultado muy efectivo.

El interés demostrado por los personajes incluso permite momentos algo más serios, los que si bien no llegan a convertirse en algo como Only Lovers Left Alive (2013), si sirven para ver con cierta perspectiva las implicancias de ser un vampiro. Estos temas incluyen la idea de la vida eterna, la pérdida de los seres queridos, y la soledad. La transición que se produce entre la comedia y el drama es realizada con naturalidad, e incluso en la escena más emotiva de la cinta se incluyen algunos chistes para levantarnos el ánimo.

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3 pensamientos en “What We Do in the Shadows (2014)

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