Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) (2014)

Birdman_posterAl escribir sobre Boyhood (2014), de Richard Linklater, es imposible hacerlo sin mencionar su proceso de filmación, que se extendió a lo largo de doce años. Algo similar ocurre con Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) (Birdman [O la inesperada virtud de la ignorancia]), la nueva cinta del mexicano Alejandro González Iñárritu, que se encuentra estructurada de tal manera que parece estar compuesta por un único plano secuencia. Una proeza que es alcanzada con una importante ayuda de las herramientas digitales, pero proeza al fin y al cabo. Destacar estos aspectos de los trabajos recién mencionados no es algo negativo, sino necesario, pero debemos además hacernos la pregunta de si es lo único que las hace destacar, o si hay algo más atrás de todo eso.

Los logros técnicos pueden ser extremadamente impresionantes, sin embargo, no son suficientes para dar forma a una película completa. Si lo único rescatable de Boyhood es su proceso de filmación, entonces puede ser apreciado por personas que se interesen por cuestiones como el casting o la producción. Lo mismo con Birdman, que puede ser analizada por aquellos que se sienten fascinados por la dirección de fotografía y los efectos digitales. El problema surge cuando el resto de las personas se paran frente a las obras, ya que si bien pueden apreciar la forma en que fueron hechas, lo más probable es que terminen con una sensación vacía de lo que acaban de presenciar. Afortunadamente, ninguna de estas cintas cae en ese error, ya que sus virtudes están definidas por algo mucho más importante que una nota al pie de página.

Nuestro protagonista es Riggan Thompson (Michael Keaton), un actor que tuvo su época de gloria durante los años 90, cuando protagonizó una trilogía de películas basadas en un superhéroe llamado Birdman. Ahora, con una carrera en declive, y siendo mero testigo del nuevo interés que surgió por las películas de superhéroes, Riggan decide dar un vuelco en su carrera dirigiendo y protagonizando una obra de teatro en Broadway. A lo largo de la película vemos sus problemas con el proyecto teatral, lo que incluye tanto conflictos con sus actores como dificultades técnicas, así como la complicada relación que tiene con su hija Sam (Emma Stone), que acaba de salir de rehabilitación.

Las similitudes metaficcionales entre la película y la vida de su actor principal han sido mencionadas hasta el cansancio, pero no por eso dejan de perder interés. Michael Keaton, al igual que Riggan, participó en películas de superhéroes hace veinte años –Batman y Birdman, respectivamente-, luego de lo cual su carrera pasó casi al olvido. Después de ser una estrella de gran relevancia dentro de la industria, sus roles pasaron a ser con suerte secundarios, siendo opacados por los talentos más jóvenes que afloraron durante los años siguientes. El regreso de ambos se produce a través de un proyecto sumamente ambicioso, donde actúan con tal determinación que vuelven a brillar y a ser reconocidos por el público que alguna vez los idolatró.

De las cintas del director González Iñárritu, ésta es la más sobresaliente, gracias al contraste que logra con obras previas como Amores perros (2000) o 21 Grams (2003). Mientras en esos trabajos predominaba un tono desalentador, sucio, en Birdman en cambio se opta por una energía contagiante y un tipo de comedia negra muy efectiva. Se trata de un cambio sorpresivo, ya que basado en los trabajos anteriores del cineasta uno perfectamente podría asumir que hacer reír no es lo suyo. Pero el mexicano logra un resultado satisfactorio, ágil, que es tan impresionante como los aspectos técnicos de la cinta. Además, la preferencia por un tono distendido tampoco lo aleja de los temas más serios, ya que igual es capaz de explorar aquellas nociones existencialistas que lo han caracterizado.

Como la trama se centra en la producción de una obra de teatro, el guion aprovecha de satirizar el mundo del arte y del espectáculo, haciendo hincapié en lo que ocurre tras bastidores. Luchas de egos, inseguridades, vanidad, superficialidad, son algunos de los problemas con los que deben lidiar los personajes. Dentro de esta área quien más destaca es Mike Shiner (Edward Norton), un actor que es tan talentoso como problemático, quien se une a la obra del protagonista en el último minuto. Sobre el escenario, Mike es un actor que da todo de si por entregar un resultado de enorme calidad, pero en la vida real se comporta como un verdadero imbécil.

Es también interesante la disyuntiva que debe enfrentar el protagonista, cuya carrera estuvo marcada por una enorme popularidad, pero no así de prestigio. La idea de hacer esta obra de teatro –basada en el cuento De qué hablamos cuando hablamos de amor, del venerado escritor Raymond Carver- obedece a un deseo por alcanzar ese reconocimiento artístico que le fue tan esquivo en años anteriores; pero su inexperiencia y audacia le jugarán más de una mala pasada. A pesar de sus buenas intenciones, Riggan se está adentrando en un mundo hostil, donde las reglas de admisión son muy estrictas. Dentro de este punto es especialmente importante el rol de una crítica de teatro del periódico The New York Times, que en una escena explica con cruel sinceridad la forma en que funcionan las cosas.

La energía que atraviesa el relato se encuentra potenciada por el hecho de que la película esté filmada como un gran plano secuencia. Esta fluidez hace que no haya tiempos muertos, y que todo avance sin mayores problemas. La cámara se mueve constantemente, pasando de primeros planos a planos medios, acompañando a los personajes mientras caminan por pasillos o suben escaleras, creando un gran dinamismo visual. La música, además, complementa todo esto gracias a la utilización de instrumentos de percusión, lo que le otorga mayor ritmo a la cinta. El logro del director de fotografía Emmanuel Lubezki y del camarógrafo Chris Haarhoff es similar al solo de un guitarrista virtuoso; impresionante, a ratos presuntuoso, pero aún así cautivante.

Esta decisión de recurrir a un plano secuencia puede ser vista como una materialización de otras ideas. Por una parte, la utilización de un plano secuencia parece ser una cita al teatro, y a la manera en que dentro de ese medio artístico no existen planos como en el cine, sino que las interacciones entre los personajes ocurren de manera ininterrumpida (al menos en la mayoría de los casos). Pero también puede ser visto como una representación de la mente del protagonista, la cual es cambiante, frenética, y está en constante movimiento. Su inestabilidad estaría entonces reflejada en la forma en que la cámara se mueve de acá para allá, siguiendo a los personajes de un lado a otro, sin un punto fijo desde el cual aferrarse.

Para aludir a los problemas mentales de Riggan, la película recurre además a otros medios. A lo largo de la película se puede escuchar la voz interna del protagonista, que representa al superhéroe que interpretó años atrás. La lucha constante que mantiene con esta voz se encuentra acompañada de momentos donde se muestra al personaje realizando trucos como mover cosas con su mente o incluso levitar en el aire. Michael Keaton, encargado de dar vida al personaje, basa su interpretación en una intensidad que lo muestra en una lucha interminable consigo mismo y con el resto de los personajes. Todo lo cual, como es de suponer, culmina con una especie de redención. Su actuación es poderosa, exagerada, errática, como la propia película. A pesar de algunos defectos que salen a relucir, el mérito de Birdman radica en su ambición y en los riesgos que decide correr. Es una cinta extraña, pero apasionante.

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5 pensamientos en “Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) (2014)

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