Into the Woods (2014)

Into_The_Woods_posterDisney es un estudio de cine que se encuentra íntimamente ligado a los cuentos de hadas. Si bien ha producido películas sobre otros temas, es innegable la relevancia que estas historias han tenido en su filmografía. Es cosa de ver su primer largometraje, Snow White and the Seven Dwarfs (1937), que está basado en el cuento homónimo publicado por los hermanos Grimm. Como el tiempo ha pasado, hacer cintas con la misma fórmula utilizada en esos primeros trabajos sería anacrónico, ya que los principios morales o de género presentes en aquellas obras no son los mismos que existen en la actualidad.

De esta manera, las nuevas películas de Disney que se basan en cuentos de hadas buscan ya sea deconstruir o parodiar sus elementos clásicos; para entender esto se puede tomar como ejemplo lo que hicieron en Enchanted (2007) o en Tangled (2010). En la película más reciente del estudio, Into the Woods (En el bosque), se sigue explorando esta idea de analizar lo que representan los cuentos de hadas desde una perspectiva distinta a la que estamos acostumbrados. La historia está basada en un musical de Broadway que combina varios cuentos clásicos, otorgándoles un trasfondo más maduro, aunque conservando la energía de los musicales del estudio.

En la película vemos a un matrimonio de panaderos (James Corden y Emily Blunt) que durante varios años ha intentado de manera infructuosa tener un hijo. Esto se debe a una maldición que una bruja (Meryl Streep) levantó contra la familia del panadero, luego que su padre robara verduras de su huerto. La hechicera también fue víctima de un encanto, así que decide ayudar a la pareja a tener un hijo a cambio de que consigan unos determinados objetos antes de tres días, con los cuales podrá dejar sin efecto la maldición. En su camino, el matrimonio conocerá a diversos personajes, como una niña (Lilla Crawford) que va a visitar a su abuela en el bosque; un niño (Daniel Huttlestone) que debe vender a su querida vaca por orden de su madre; y a una joven (Anna Kendrick) que desea asistir a una fiesta en el castillo del príncipe, pero su cruel madrastra se lo impide.

La influencia de Broadway se nota de inmediato en esta adaptación, ya que se trata de uno de los musicales de Disney donde más predomina el canto. No se llega al nivel de trabajos como Les Misérables (2012), donde casi todos los diálogos son expresados a través de canciones, pero existe una clara preferencia por la música al momento de decir las líneas de los personajes. La cinta parte con una secuencia musical que dura 15 minutos, en la cual participan la mayoría de los personajes involucrados en la trama, y donde se pone en movimiento la aventura que deben emprender. La energía de esta presentación nos introduce de lleno en la película, y sirve como muestra del tipo de canciones que veremos a lo largo del metraje. Además, si no teníamos claro cuál era el título de la película, la secuencia nos ayuda ya que lo repiten como 30 veces.

Si bien durante estos primeros minutos el tono es jovial y liviano, la historia no se demora demasiado en ir presentando sus temas más complejos. De manera subyacente a la magia mostrada en pantalla se ubican ciertas ideas que le dan a Into the Woods mayor sustancia, las que finalmente se convierten en el pilar de la cinta. Así, resulta curioso ver cómo la relación que existe entre Caperucita Roja y el lobo feroz (interpretado por Johnny Depp) presenta tintes sombríos si la vemos como la persecución de un adulto contra una niña. La manera obsesiva en que el lobo desea al personaje de Caperucita despierta varias inquietudes, y confirma que no estamos ante una película dirigida al público infantil.

Es muy valioso que un estudio como Disney, caracterizado por sus productos de corte familiar, sea capaz de expandir sus horizontes a temáticas más complejas. Si bien una película como Maleficent (2014) es irregular y no termina de convencer, los temas que sugiere la convierten en algo más interesante que si estuviésemos simplemente ante una película promedio. Y así como es capaz de examinar cuestiones como la traición y la sexualidad en aquella película, el estudio hace lo propio con este musical. Se tratan, por ejemplo, temas como el individualismo, la superficialidad, la relación entre padres e hijos, la moralidad, y las consecuencias de nuestras acciones.

El bosque, que tiene un rol fundamental en la historia, no es solo un lugar físico, sino que sirve también como elemento simbólico. Cuando los personajes ingresan al bosque, se ven enfrentados a decisiones de suma importancia. Los panaderos, por ejemplo, descubren que ser padres implica consideraciones que no habían tomado en cuenta, lo que los lleva a analizar su propia relación y la manera en que enfrentarán la llegada de un hijo. Cenicienta, por su parte, se da cuenta de qué es lo que el príncipe ve en ella, y se cuestiona si vale la pena seguir con una relación que surgió tras un par de días de haberse conocido.

Si uno examina a los personajes de Into the Woods se da cuenta que es difícil encontrar entre todos ellos a un héroe o a alguien que tiene una claridad absoluta acerca de lo que debe hacer. Se trata de personas que tienen sus propios defectos, y en ciertos casos llegan a escapar de lo que esperaríamos de ellos. Es lo que ocurre con el príncipe de Cenicienta, que no tarda en mostrar su lado más aprovechador. Y también ocurre con algunos de los “villanos”. La propia bruja, que es de por si un arquetipo que ha representado tradicionalmente la maldad, también demuestra una complejidad moral que impiden categorizarla en áreas tan amplias como el bien o el mal. Su accionar obedece más a razones pragmáticas que a éticas.

Pero así como la cinta es capaz de ser analizada desde una perspectiva más profunda, examinando los temas subyacentes a ella, no podemos dejar de lado la forma en que sus personajes e historia son tratados, ya que es en esos puntos donde se notan más debilidades. A pesar de estar ante un relato coral, donde en teoría no existen personajes más importantes que otros, se nota que hay algunos de ellos que fueron menos desarrollados, quedando al margen de la historia. Además, la película pierde algo de fuerza durante su último tercio, ya que no logra transmitir de manera efectiva la carga emotiva que debería primar durante esas escenas. Durante esos minutos ocurren cosas de suma importancia, pero no son mostradas con la solemnidad que se merecen.

Tampoco se nota un manejo cinematográfico destacable por parte del director. Rob Marshall tiene experiencia con los musicales, gracias a trabajos como Chicago (2002) o Nine (2009), pero se nota en ellos un aire demasiado teatral, que no logra aprovechar al máximo las herramientas que entrega el cine como medio artístico. Hay ciertos elementos que no pueden ser replicados en Broadway, como la utilización de efectos digitales o algunas tomas panorámicas, pero más allá de eso el lenguaje cinematográfico es bastante restringido.

Al final, lo que más sobresale de Into the Woods son aquellos elementos que ya formaban parte de la obra original: las canciones, los temas subyacentes, el deseo por explorar los cuentos de hadas desde una perspectiva diferente. Si nos detenemos a pensar en las innovaciones que esta adaptación hace, nos podríamos detener en algunas actuaciones, como la de Meryl Streep o Emily Blunt, pero más allá de eso, el mérito recae en lo que hicieron James Lapine y Stephen Sondheim cuando estrenaron el musical en 1986.

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