Fury (2014)

Fury_posterEn Estados Unidos, la Segunda Guerra Mundial ha sido apodada “la guerra buena”, para distinguirla de guerras como la de Vietnam o Irak. A diferencia de esos sucesos, donde los ideales de los combatientes norteamericanos eran más ambiguos y las victorias menos notorias, la Segunda Guerra tenía a la Alemania Nazi como el enemigo perfecto. El hecho de enfrentarse a un país que había cometido las atrocidades de la nación liderada por Adolf Hitler, convirtieron la participación de Estados Unidos en una gesta que es vista como algo heroico y noble. De hecho, con el pasar de las décadas la maquinaria propagandística hizo que el país norteamericano fuese visto como el principal responsable de la victoria aliada en la guerra, pese a la importante –y más trascendente- labor de la Unión Soviética.

Pero incluso un conflicto bélico que ha sido visto de esta manera no puede escapar del lado más oscuro que caracteriza a las guerras. En ese enfrentamiento también se mataron a civiles, se torturó, y se infringieron las normas del derecho humanitario. Para los soldados que participaron de la Segunda Guerra Mundial, las penas de las batallas son tan reales como en cualquier otra guerra, y eso es lo que se quiere demostrar en la película Fury (Corazones de hierro). El aspecto bélico de la cinta no es embellecido, sino que mostrado con una honesta crudeza. Los principios que supuestamente inspiraron a Estados Unidos a participar en esa guerra se encuentran diluidos, y los personajes tienen más dudas que certezas al momento de preguntarse por qué están haciendo lo que están haciendo.

El director David Ayer continúa con la línea que ha marcado su filmografía, contando una historia donde predominan personajes masculinos haciendo alguna tarea peligrosa y la manera en que interactúan entre ellos a medida que avanza el metraje. Así lo ha hecho en cintas como Training Day (2001) y The Fast and the Furious (2001), que escribió, y con sus trabajos como director, tales como End of Watch (2012) y Sabotage (2014). A partir de estos ejemplos se puede notar una preferencia por las historias protagonizadas por policías, pero Ayer decidió variar esto con Fury, aprovechando su experiencia como miembro de la armada estadounidense, y el hecho de que sus abuelos participaron en la Segunda Guerra Mundial.

Ambientada en abril de 1945, cuando la guerra se desarrollaba en pleno territorio alemán, la historia sigue a un grupo de soldados de Estados Unidos que comandan un tanque durante los últimos albores del conflicto bélico. Pero que el enfrentamiento esté cerca de su término no significa que sea menos peligroso que antes, ya que a esas alturas Hitler decidió emplear todos sus recursos, apelando al fanatismo de sus ciudadanos. El grupo de soldados es liderado por Don “Wardaddy” Collier (Brad Pitt), un severo sargento que ha participado en la guerra desde el norte de África, pasando por Bélgica y Francia, hasta llegar a Alemania. De manera similar a su personaje Aldo Raine en Inglourious Basterds (2009), el Wardaddy de Brad Pitt es impulsado por un ferviente odio contra los nazis, aunque sin llegar a pedir sus cabelleras como trofeos.

En su misión es acompañado por un puñado de leales soldados, que lo seguirían en cualquier tipo de misión: Boyd “Bible” Swan (Shia LaBeouf), Trini “Gordo” Garcia (Michael Peña), y Grady “Coon-Ass” Travis (Jon Bernthal). La relación de camaradería que existe entre ellos es reflejada en la manera en que deben operar el tanque, que requiere el esfuerzo de todos ellos para poder funcionar de manera eficiente. Luego que uno de los miembros fallece durante un enfrentamiento, un nuevo integrante se une a ellos, un inexperto joven llamado Norman Ellison (Logan Lerman). Debido a que no tiene destreza en el campo de batalla, la presencia de Norman será peligrosa no solo para él, sino también para el resto del grupo. Es a través de sus ojos que seremos testigos de los horrores de la guerra.

La figura de este personaje novato no puede ser más distinta a la de Don y su grupo. Norman es introducido a este mundo con la misma falta de certeza que nosotros los espectadores, y veremos cómo irá cambiando a lo largo de la película. Uno de los temas explorados en Fury es cómo la guerra va modelando a sus combatientes, transformándolos en personas totalmente opuestas a las que eran al comienzo de ella. Es en situaciones como estas donde sale a relucir el lado más salvaje del ser humano, donde se puede hacer cualquier cosa con tal de sobrevivir un nuevo día.

Norman es un soldado que no tiene experiencia en el campo de batalla, por lo que se convierte en nuestro punto de referencia. A medida que la cinta avanza, vemos cómo ciertos rasgos de su humanidad se van diluyendo, llegando a acercarse al estado del resto de los personajes. Esta evolución no es brusca, sino que paulatina, por lo que sigue manteniéndose como el soldado más “humano” del grupo. En el extremo opuesto se encuentra Grady, un personaje más impulsivo y violento, cuya constante experiencia con la muerte lo ha dejado así. El resto del grupo se ubica entre ambos límites, dependiendo de qué lado prevalece sobre el otro. Don, por ejemplo, si bien tiene un aspecto duro, de vez en cuando entrega destellos de una sensibilidad que ha ido quedando cubierta por sus cicatrices.

El guion toma una buena decisión al no entregar demasiados detalles sobre el pasado de sus personajes. Dentro del tanque se ven algunas pistas, como fotografías o adornos, pero lo importante no es eso, sino que conocer a las personas que son en la actualidad. La idea de Ayer consistía en abrir una ventana hacia las vidas de estos soldados, acompañándolos tanto en sus batallas como en los momentos más íntimos. Aunque se nota una falta de desarrollo en ciertos personajes (como el interpretado por Michael Peña), la película hace una labor correcta dando forma a estas personas, lo que hace que nos interesemos por ellos.

En la cinta se nota la influencia de películas como Saving Private Ryan (1998) de Steven Spielberg, donde también se mostraba la dinámica de un puñado de soldados a través de lo desoladora que puede llegar a ser la guerra. El director toma esta visión y la adapta a su manera, aumentando incluso la atmósfera cruda de la cinta, sin temor a mostrar gore cuando las balas alcanzan a los personajes. Pero más allá de las cabezas que explotan y la carne desgarrada en pantalla, lo interesante de Fury es que muestra la confusión y el miedo que deben enfrentar los soldados en los conflictos bélicos. Visualmente, Ayer hace un trabajo llamativo con la decisión de mostrar los disparos de manera devastadora, como si se tratasen de los rayos láser de una nave de Star Wars. Esto es complementado con la banda sonora de Steven Price, que recurre a unos coros sombríos para otorgarle una mayor severidad a las escenas.

Quizás el aspecto más problemático de la película es la manera en que retrata a los enemigos. Por la manera en que Don se refiere a los nazis, y debido a la forma impersonal en que son filmadas sus muertes en las escenas de batallas, se puede notar esta recurrente dicotomía que se ha ido repitiendo en las cintas bélicas de Estados Unidos: ellos contra nosotros. Al deshumanizar al enemigo, se puede caer en el error de ver el conflicto de manera incompleta, e incluso se pueden llegar a justificar acciones que si vinieran del otro bando serían furiosamente repudiadas. Al comienzo no queda claro si esto se hizo porque representa lo que piensa el director, o si busca reflejar el punto de vista de los personajes para entregar una crítica indirecta a esa visión del mundo.

Hay momentos donde los personajes reconocen que los civiles o los niños que fueron obligados a combatir no tienen la culpa, mientras que en otros se demuestra una actitud inmisericorde en contra del “verdadero enemigo” (representados por los miembros de las SS). Contra estos últimos se permiten toda clase de cosas, tales como ejecuciones una vez que se han rendido. Con escenas como esa, lo que se está criticando no es tanto la guerra en sí, sino al enemigo que les tocó enfrentar.

Pero a pesar de eso, creo que la película no es una muestra de chovinismo barato; creo que hay algo más valioso que eso. Ayer se limita a mostrar las acciones de Don y sus soldados, sin ampararlas, sino que mostrándolas tal y como son, con todas sus imperfecciones, dejando que sea el espectador quien decida si las reprocha o no. Esta conclusión surgió en una escena que ocurre hacia el final de la cinta, con una muestra de solidaridad que descarta los prejuicios y las caricaturas, demostrando que no importa el bando, la guerra nos afecta a todos por igual. Ya sean estadounidense, alemanes, japoneses, franceses, o que el enfrentamiento ocurra en el Medio Oriente o en Europa, las consecuencias serán las mismas que han ocurrido a lo largo de la historia.

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