The Imitation Game (2014)

the-imitation-game-posterLa de Alan Turing es una historia extraordinaria. Atraído desde una temprana edad por la ciencia, entró a estudiar en Cambridge, donde se especializó en las matemáticas, y se interesó por el potencial que tienen las máquinas para realizar complejas operaciones a una mayor velocidad que la propia mente humana. Sus invenciones, denominadas “máquinas de Turing”, sirvieron como base para las computadoras que usamos en nuestro día a día. Incluso ideó un test para determinar si una máquina es capaz de tener inteligencia, el cual ha sido utilizado en el debate en torno a la idea de la inteligencia artificial. Sin embargo, y pese a sus importantes contribuciones, la figura de Turing no fue lo suficientemente reconocida en vida, debido a su homosexualidad que fue condenada por los tribunales británicos, hecho que incluso lo llevó al suicidio.

Con una historia como esa, no es de extrañar que la vida de Turing haya sido adaptada al cine. La película en cuestión se titula The Imitation Game (El código Enigma) y está estructurada en torno a tres momentos en la vida del científico, pero se centra especialmente en la labor que tuvo durante la Segunda Guerra Mundial. Debido a sus conocimientos en el área de las matemáticas, Alan Turing (Benedict Cumberbatch) fue contactado por el gobierno británico para realizar una misión de carácter secreto, consistente en vulnerar el cifrado que los alemanes usaban en sus mensajes durante la guerra. Alemania empleaba una máquina llamada Enigma para codificar sus comunicaciones con tal eficacia que era considerado prácticamente imposible descifrar lo que decían.

El protagonista es puesto a trabajar con un grupo de científicos liderados por Hugh Alexander (Matthew Goode), en una tarea que parece interminable dado que cada día Enigma renueva su sistema de cifrado. La solución, según Turing, no está ligada a un mayor número de personas trabajando en la misma tarea, sino que en emplear una técnica más eficiente. Es por esto que decide vencer a la máquina alemana empleando una máquina propia, que esté a la altura del desafío. Sin embargo, la personalidad arrogante del matemático hace que su relación con el resto del grupo sea áspera, dificultando su trabajo. La solución vendrá con la llegada de Joan Clarke (Keira Knightley), una mujer que no solo lo ayudará en los desafíos teóricos que debe enfrentar Turing, sino también en sus aspectos sociales, demostrando que por más inteligente que sea una persona, trabajando en equipo es como se logran las cosas.

No es difícil darse cuenta del paralelo que la cinta hace entre Turing y Clarke, quienes pese a sus méritos intelectuales, no fueron lo suficientemente reconocidos en su tiempo debido a cuestiones como su orientación sexual y género, respectivamente. La relación que ambos tienen durante la película es platónica, la que se caracteriza por un deseo de protección más que de pasión. Los personajes son conscientes de lo hostil que es el mundo en el que habitan, y deciden apoyarse mutuamente para poder salir adelante. Incluso llegan al punto de comprometerse en matrimonio con el fin de alcanzar una ansiada “normalidad”.

La cinta hace también un interesante vínculo entre la tarea de Turing ligada a la criptografía y su incapacidad para comunicarse con el resto de las personas. Pese a su gran habilidad para aplicar las matemáticas y los principios de la computación en la búsqueda de una solución para Enigma, el científico es representado en la película como alguien que no puede relacionarse con quienes lo rodean, ya que las sutilezas, los dobles sentidos y los códigos sociales escapan de su comprensión. Debido a esto, el protagonista está ubicado en algún punto del espectro autista, probablemente cercano al Asperger, lo que está representado por un trastorno obsesivo compulsivo y su afinidad por los números.

Benedict Cumberbatch hace una gran labor dando vida a este personaje, tomando elementos del Sherlock Holmes que interpretó para la BBC y mezclándolos con ciertos aspectos de Sheldon Cooper de The Big Bang Theory. El resultado es un Alan Turing petulante, que dice lo que piensa sin medir la manera en que sus palabras afectan a los demás. Aunque con estas características se puede caer en una simple caricatura o en un personaje despreciable, el actor emplea el suficiente tacto para evitar estos errores. Más que un ser caprichoso, Turing es retratado como alguien aquejado de problemas, cuya antipatía no es voluntaria. Cumberbatch recurre a tics faciales y a un tartamudeo para representar la constante lucha interna que está librando su personaje.

El personaje de Joan Clarke, si bien se puede categorizar inicialmente dentro de ese lugar común del cine de “mujeres que debieron cuidar de sus contrapartes masculinas más inteligentes que ellas”, adquiere durante el último tercio de la cinta una autonomía que se agradece. La actuación de Knightley es menos lucida que la de Cumberbatch, pero es capaz de entregarle una delicadeza y luminosidad nada despreciable a Joan. Habría sido bueno ver algo más de ella en la cinta, no solo como un complemento para el protagonista. Otro de los actores que destaca en la obra es Alex Lawther, quien encarna al joven Turing. El intérprete tiene una poderosa escena hacia el final del metraje, la que logra superar con éxito.

Uno de los aspectos que se ha criticado de The Imitation Game es el número de incongruencias que tiene la película con la historia real de su protagonista. El guion realizó ciertas variaciones para poder hacer que sus elementos sean más llamativos, acomodándolos a la lógica cinematográfica. Así, se recurre al cliché del genio solitario e incomprendido, con la enemistad que Turing demuestra con sus compañeros de trabajo, pese a que los antecedentes históricos demuestran que su relación con el resto de los científicos ligados al proyecto fue buena. Otro de los aspectos exagerados fue la mala relación que Turing tiene con los altos mandos del proyecto, quienes a lo largo de la película buscan excusas para poner fin a sus planes. De hecho, el comandante Alastair Denniston (interpretado por Charles Dance), fue quien en realidad puso a Turing al mando de la investigación.

La adición más cuestionable es la de las conspiraciones y espías soviéticos, que supuestamente habrían estado presentes durante el trabajo de Turing y su grupo. Es cierto que las películas basadas en hechos reales pueden tomarse libertades dependiendo de lo que requiera la historia narrada, pero en el caso de Alan Turing no era necesario agregar este tipo de intrigas. La tensión que logra la cinta es suficiente con la carrera contra el tiempo que deben realizar los personajes, que se basa en la muerte de miles de personas con cada día que pasa sin que descifren los mensajes alemanes. Cosas como informantes, confabulaciones y secretos de estado, llegan a desconcentrarnos de lo que realmente importa, que es el protagonista y su vida. La biografía de Alan Turing es lo bastante fascinante como para hacer una película basada en ella.

Debido a estos elementos innecesarios, hay aspectos de la trama que quedan poco desarrollados, como la muy trascendente orientación sexual del matemático. La condena que sufre Turing y la falta de un reconocimiento de sus logros es sugerido por la película como algo que surge debido a un complot político, más que a los prejuicios de una sociedad conservadora como la Inglaterra de los años 40 y 50. Esto le resta fuerza al último tercio de la cinta, donde los sucesos de mayor relevancia no son lo suficientemente explorados.

En términos técnicos, la película cumple de manera discreta. Pese a que la historia se encuentra fragmentada, saltando a través de tres momentos en la vida del protagonista, de vez en cuando se logran ciertos paralelos efectivos, demostrando que hay un hilo conductor que va dando forma el relato. Pero así como hay decisiones acertadas, también hay momentos donde el montaje parece poco prolijo. El director noruego Morten Tyldum hace su trabajo con correcta moderación, aunque careciendo de algún sello personal que lo distinga de los cineastas promedios.

Donde radica el verdadero valor de la cinta, además del hecho de dar a conocer la biografía de Turing y la gran actuación de Benedict Cumberbatch, es en la fuerza emotiva que se logra cuando se muestra al protagonista y a su primer amor. Este es precisamente el hilo conductor que une a todas las historias, las que tomando en cuenta el contexto donde está ambientada la trama, termina con una nota trágica, como todo amor prohibido. Es gracias a esto que la película se desmarca de cintas como The King’s Speech (2010), que parecen más calculadas y son incapaces de crear ese vínculo emocional con la audiencia.

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