John Wick (2014)

John_Wick_PosterAntes de morir producto de una grave enfermedad, la esposa de John Wick (Keanu Reeves) le dio una última sorpresa a su marido. Como sabía que su muerte lo dejaría completamente solo, decidió regalarle un cachorro que lo acompañara durante los siguientes años de luto. La llegada de esta mascota no buscaba reemplazar al amor de su vida, sino más bien consolarlo en sus momentos de tristeza, lo cual pareció funcionar. Sin embargo, este breve periodo de paz llega a un abrupto fin cuando un grupo de ladrones entra a la casa de John, roban su automóvil y matan a su perro. Los delincuentes son liderados por Iosef Tarasov (Alfie Allen), hijo de un temido mafioso ruso llamado Viggo (Michael Nyqvist). Como estamos en una película, la víctima del robo no puede ser una persona cualquiera, sino que un ex sicario que trabajaba para Viggo años atrás.

Aunque una coincidencia tan grande como esta resultaría inverosímil en otras circunstancias, el truco de la cinta consiste en aceptar su calidad de película, y su lugar dentro del género de la acción. Estamos ante una obra que reconoce su carácter cinematográfico, adoptando los códigos y clichés de este tipo de trabajos, pero no para burlarse de ellos, sino más bien para homenajearlos. En John Wick se notan las fórmulas de cintas actuales como The Bourne Identity (2002), Taken (2008), Haywire (2011) o Jack Reacher (2012), combinadas con ciertos elementos de películas de los años 80 y 90. Tenemos al protagonista que es una verdadera máquina de matar, entrenado por los mejores, quien se debate entre la idea de continuar o no en este violento mundo al que perteneció durante tanto tiempo. También están las infaltables escenas donde el protagonista mata a decenas de enemigos como si se tratase de un videojuego, venciendo uno por uno a sus anónimos contrincantes.

Lo destacable de esta película es que si bien utiliza pautas provenientes de otras cintas, el resultado no cae en el terreno de lo genérico. Se nota un esfuerzo por darle al mundo donde está ambientada la historia una atmósfera propia, con unos rasgos que la caractericen del resto de las cintas de acción. Y es que entre todo lo inverosímil que ocurre en la película (que no es poco), de todas maneras hay una lógica interna que restringe las posibilidades de aquello que pueden hacer sus personajes y la manera en que estos se relacionan entre sí. Esto se puede ver en la manera en que está organizado el imperio criminal de Viggo, con sus reglas y rangos, así como la existencia de unos muy llamativos servicios creados exclusivamente para John y sus pares: un servicio de eliminación de desperdicios, encargado de deshacerse de cadáveres, y un lujoso hotel donde se alojan los sicarios, el cual tiene un exclusivo reglamento sobre lo que se puede y no se puede hacer dentro de sus inmediaciones.

Esta cinta es además cinematográfica desde el punto de vista semántico de aquella palabra. Logra combinar de buena manera la imagen y el movimiento. Iniciar una matanza a gran escala porque te robaron un vehículo y te mataron a un perro puede parecer excesivo, incluso si se trata de un Ford Mustang del año 69 y de un cachorro que te regaló tu fallecida esposa. Pero lo importante acá es cómo algo tan simple como el robo que ocurre al comienzo de la película es capaz de poner en movimiento todo lo que ocurre con posterioridad. De esta manera, se necesita un simple empujón para que el protagonista inicie su travesía, en una constante persecución que no se detendrá hasta que él o sus enemigos hayan muerto.

Otro de los elementos aprovechados por la película es su aspecto visual, ya que se logran entregar detalles acerca de los personajes sin necesidad de demasiado diálogo expositivo. Simplemente mostrando un par de elementos dentro del encuadre podemos entender qué es lo que está pensando el protagonista. La combinación entre imagen y movimiento logra su punto alto en las secuencias de acción, que son mostradas de manera clara, sin un montaje confuso ni planos demasiado estrechos. Esto se debe a que los directores de la película, Chad Stahelski y David Leitch, han trabajado como dobles de acrobacias durante dos décadas aproximadamente, así que saben que la mejor manera de reflejar la difícil labor que requieren estas escenas es mostrándolas de la manera más clara posible.

Si bien han pasado 15 años desde el estreno de The Matrix (1999), Keanu Reeves todavía es capaz de lograr unas impresionantes coreografías de peleas, lo que es aprovechado por los directores con algunos planos extensos que demuestran su talento en todo su esplendor. Estas secuencias también son aprovechadas para demostrar la falta de práctica del protagonista, quien se había retirado de su labor como sicario hace algunos años para llevar una vida normal junto a su esposa. De vez en cuando se nota su cansancio o su falta de agilidad cuando se enfrenta a rivales más hábiles. La película incluso utiliza la característica expresión rígida de la cara del actor para darle a su personaje un aire intimidante, acorde a lo que requiere la trama.

Sin llegar a ser una experiencia tan frenética como The Raid 2: Berandal (2014), John Wick logra un buen trabajo demostrando qué es lo que se puede alcanzar cuando una película es hecha por personas que saben.

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2 pensamientos en “John Wick (2014)

  1. Pingback: Run All Night (2015) | sin sentido

  2. Pingback: John Wick: Chapter 2 (2017) – sin sentido

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