The Theory of Everything (2014)

the-theory-of-everything-posterA simple vista, The Theory of Everything (La teoría del todo) contiene todos esos elementos que forman parte de una “carnada de Óscar”. Es decir, de aquellas películas que son diseñadas para llamar la atención de las ceremonias de premios cinematográficos, buscando desesperadamente un falso reconocimiento artístico. Estos trabajos generalmente cuentan la historia de un personaje histórico, lo que le da veracidad a los hechos narrados, quien debió lidiar con circunstancias extraordinarias pero no obstante pudo vencerlas, entregando de esta manera un relato inspirador que nos hable sobre la fortaleza del espíritu humano. Si bien es cierto que estos y otros lugares comunes se cumplen, la película también logra entregar algo más, lo que evita que sea totalmente desechable.

La trama narra la vida del famoso cosmólogo Stephen Hawking (Eddie Redmayne), comenzando en 1963, cuando estaba estudiando en Cambridge. Una noche, mientras estaba en una fiesta, el protagonista conoce a una joven llamada Jane Wilde (Felicity Jones), que estudia poesía. A pesar de las diferencias que tienen, que van desde sus áreas de estudio hasta la visión que tienen sobre la existencia de dios, ambos comienzan una relación sentimental. Sin embargo, la alegría de Hawking se ve interrumpida drásticamente cuando descubre que padece una grave enfermedad motora que va a afectar a sus músculos hasta dejarlo incapaz de moverse por si mismo. Si bien el funcionamiento de su cerebro no se verá afectado, si lo hará su capacidad para expresar lo que piensa, por lo que cae en una depresión que lo aleja de sus investigaciones. Será Jane quien lo convencerá de seguir adelante, y de hacer que el tiempo que le queda sea productivo.

La película demuestra una clara preferencia por la vida personal de Hawking sobre su labor profesional. Si bien se hacen algunas referencias a sus teorías que involucran agujeros negros, la naturaleza del tiempo, y la búsqueda de una ecuación que logre explicar todos los fenómenos del universo, estos momentos se encuentran en un segundo plano. Para conocer más sobre el trabajo del físico tenemos documentales y los libros que él mismo escribió (su Breve historia del tiempo ha vendido más de 10 millones de ejemplares a lo largo del mundo). Lo que la película busca destacar, en cambio, son los detalles más cotidianos de su vida, como la lucha que ha debido realizar contra su enfermedad o la manera en que se desarrolló su matrimonio.

Como Hawking es un personaje tan famoso, más de algún espectador sabrá que la relación que mantuvo con Wilde es solo el primer de los dos matrimonios que ha tenido. Sin embargo, aún cuando sepamos estos detalles sobre su vida, lo importante en esta cinta es la manera en que ocurrieron. Más allá de saber que su matrimonio terminó en 1995, a la película le interesa explicar que ocurrió durante esos más de treinta años de relación, y cómo las dificultades los afectaron a cada uno. Estos aspectos son logrados gracias a que el guion está basado en la autobiografía de Jane, titulada Travelling to Infinity: My Life With Stephen, lo que nos da una visión más personal de lo que ocurrió.

En cuanto a su estructura, la cinta es contada de manera cronológica, siendo su primer tercio el menos logrado. La manera en que los protagonistas se conocen es narrada de manera algo superficial, casi como si se hubiesen enamorado a primera vista. Durante estas escenas, el director James Marsh recurre a unos innecesarios filtros que tienen por objeto emular la atmósfera de la época donde están ambientadas las escenas, pero involuntariamente le dan a la imagen una apariencia empalagosa, similar al de un telefilme barato. Durante estos minutos el cineasta además recurre a unos primeros planos a ratos asfixiantes y a un montaje que no deja que los momentos fluyan con naturalidad, lo que incluso termina afectando a las actuaciones, ya que no se les da el espacio para brillar.

Lo mejor ocurre durante las escenas posteriores, donde vemos la vida matrimonial de Hawking y Wilde, logrando algunos momentos íntimos de gran potencia. La enfermedad del astrofísico es conocida por la mayoría de las personas, pero en la cinta se demuestran las verdaderas dificultades de vivir con una condición como esa. Cosas que nos pueden parecer tan simples como subir una escalera o vestirse, adquieren un mayor peso cuando vemos lo que significa tener una enfermedad como la del protagonista. Se trata de escenas poco favorecedoras para alguien que tiene un intelecto tan grande como Hawking, pero a cambio de eso le entregan al personaje una cercanía que es bastante efectiva.

La interpretación de Eddie Redmayne ha sido tan alabada que a estas alturas destacarla sería simplemente repetir lo que ya se ha dicho, pero aún así es necesario recordarlo una vez más. El actor realiza un enorme trabajo, sobre todo desde un punto de vista corporal, al captar el lento deterioro físico de su personaje. Tras meses de preparación, el resultado es increíble, y en momentos uno incluso olvida que estamos viendo a un actor y no al verdadero cosmólogo. El mérito de Redmayne también radica en que su interpretación no es una simple caricatura ni una imitación, sino que busca darle vida a un personaje de carne y hueso, con sus miedos y alegrías. Una transformación de este tipo es muy apetecida por los votantes en las ceremonias de premiación, pero en el caso de este actor los galardones que ha recibido se deben además a una labor de enorme calidad.

Aunque la actuación de Felicity Jones no es tan vistosa como la de Redmayne, no se puede pasar por alto su trabajo, que opta por aspectos más sutiles. En una película como esta existe el riesgo de relegar al personaje femenino a un rol de mero acompañante, quien está constantemente preocupada del bienestar de su pareja. Pese a que la cinta parte con esta idea, el personaje de Jones adquiere poco a poco una mayor autonomía, llegando a convertirse en uno de los más complejos dentro de la cinta. Es cierto que Hawking es quien padece la enfermedad, y que su esperanza de vida se limitaba solo a un par de años, pero Jane Wilde debió lidiar con sus propios problemas. El hecho de estar en un constante segundo plano, descuidando su desarrollo profesional con el fin de cuidar de su marido, son algunos de los conflictos que el personaje debe enfrentar, muchas veces en silencio.

Quizás el gran mérito de The Theory of Everything es que sus temas más interesantes surgen de las relaciones entre los personajes, y no de la identidad de éstos. La crisis matrimonial que sufre la pareja protagonista puede existir en esta o en otra familia, con diferentes circunstancias, claro, pero por razones similares. Cuestiones como el rol que cada miembro del matrimonio tiene dentro de la familia, el cansancio que surge de una relación desgastadora, los sacrificios que se realizan al momento de estar con otra persona, no son algo que haya ocurrido exclusivamente en esta historia. El punto fuerte de la cinta radica en su manera de representar estos aspectos para que se desenvuelvan de manera natural, entregando unas reflexiones más generales que no quedan restringidas solo a la particular historia del astrofísico.

Llama también la atención la forma en que es narrado el quiebre matrimonial de Hawking y Wilde, el que es contado de manera bastante equitativa, sin inclinar la balanza hacia uno de los involucrados. Paradójicamente, lo respetuosa que es la cinta en este punto puede llegar a jugarle en su contra, ya que opta por irse a la segura, sin molestar a nadie. Como ya se mencionó, la historia está basada en la autobiografía que escribió Wilde, y el propio Hawking fue consultado por los realizadores para que le diera el visto bueno a la adaptación, con el fin de usar su famosa voz artificial en la película. No hay, por lo tanto, demasiados riesgos que correr, lo que le quita algo de estímulo al resultado final.

Con esto no estoy diciendo que lo mejor habría sido contar una historia sensacionalista, que apelara al escándalo, sino más bien que hubiese sido más transparente y no tan políticamente correcta. De todas maneras, The Theory of Everything logra salvarse gracias a sus actuaciones de primer nivel y a unos momentos emotivos de gran intensidad. Es un trabajo convencional, sí, pero uno lo suficientemente bien hecho.

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2 pensamientos en “The Theory of Everything (2014)

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