Still Alice (2014)

Still_Alice_-_posterEn Still Alice (Siempre Alice) somos testigos de los devastadores efectos que el Alzheimer tiene en quienes lo padecen y en sus seres queridos. Como la enfermedad se expresa a través de una pérdida de la memoria, los pacientes comienzan a olvidar los hitos que fueron tan importantes dentro de sus vidas. El nacimiento de sus hijos, el nombre de sus amigos, los juegos de la infancia, todo se desvanece. La persona sigue estando allí, a vista de sus familiares, pero lo que los define como individuos, los recuerdos que los fueron modelando con el paso de los años, están perdidos. El mismo título de la película hace referencia a la manera en que la enfermedad va deformando la identidad de las personas.

Que en esta historia la enfermedad afecte a Alice Howland (Julianne Moore), una profesora de lingüística, tiene una doble significación, debido a la importancia que tienen las palabras en su quehacer diario. La vida de la protagonista parece no tener mayores sobresaltos, pero tras un par de breves episodios de pérdida de memoria, Alice decide visitar a un neurólogo. Pese a que tiene solo 50 años, el diagnóstico del médico es claro: la mujer tiene una rara forma de Alzheimer que se expresa a una temprana edad. Debido a la inevitabilidad del resultado, la película se centra en la manera en que la protagonista enfrenta la noticia, y cómo su familia la apoya durante el proceso.

Otro de los aspectos problemáticos con los que debe lidiar Alice es que su enfermedad posee un carácter hereditario, por lo que existe el riesgo de que sus hijos también puedan desarrollar Alzheimer. Pero incluso sin este elemento, la enfermedad también afectaría a la familia de la protagonista, ya que los expone al hecho de presenciar cómo la mujer inteligente y exitosa que aparece al comienzo de la película va perdiendo sus capacidades cognitivas hasta convertirse en un espejismo de la persona que era.

Los directores Richard Glatzer y Wash Westmoreland exploran los desafíos que debe enfrentar la protagonista, pero con una sensibilidad y honestidad suficientes para que la historia no se transforme en algo efectista. Se nota el respeto que tienen por el tema, lo que se agradece. La dirección de la cinta es correcta, aunque algo plana. La pérdida de la memoria ha sido explorada de diversas maneras por otros cineastas, ya sea con la lógica intrincada de Christopher Nolan en Memento (2000), con la creatividad visual de Michel Gondry en Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004), o con la desgarradora crudeza de Michael Haneke en Amour (2012).

Glatzer y Westmoreland recurren a algunas técnicas para tratar el tema a través del lenguaje audiovisual, ya sea jugando con la profundidad de campo, para enfocar solo algunos elementos dentro del plano, o con un montaje que intercala imágenes de películas caseras que representan los recuerdos de la protagonista; pero se trata de recursos tan sobrios que llegan a ser impersonales. Es difícil descubrir la visión de los directores, y qué es lo que los diferencia de otros cineastas que podrían haber asumido el proyecto.

Más que por el trabajo de sus directores, el gran mérito de Still Alice recae en su actriz principal, Julianne Moore. La interpretación que realiza es una muestra más de su talento, representando todas las emociones de la protagonista a través del proceso narrado en la película. Al comienzo la vemos radiante, pero a medida que la enfermedad avanza notamos el deterioro que se va produciendo sobre ella, lo que es expresado sobre todo a través de los ojos, que hacia al final ya han perdido la chispa que tenían durante los primeros minutos. La vemos atravesar diversos estados, desde la confusión cuando olvida algún nombre o una fecha, pasando por la frustración de no poder comunicarse como desea, hasta el pánico de no saber dónde está ni qué iba a hacer. Todo esto se logra con naturalidad, sin exageraciones.

El foco de la historia se encuentra claramente en Alice, siendo el rol de los personajes secundarios dependiente de lo que haga la protagonista. A pesar de esto, también entre el resto de los actores se logran unos buenos momentos, como los de Kristen Stewart, que interpreta a la hija menor de la protagonista. Aunque de vez en cuando se nota los tics que la han caracterizado, como esa constante manía de arreglarse el pelo en medio de una escena, Stewart es capaz de transmitir la preocupación de su personaje, que parte teniendo discusiones con su madre acerca de su futuro, pero que hacia el final de la trama se convierte en uno de sus familiares más cercanos.

Es curioso que una actriz como Julianne Moore no haya recibido un premio Óscar. Su trabajo en Still Alice se ha convertido en su quinta nominación, y por lo que se ha dicho parece estar entre las grandes favoritas para obtener el galardón. Que lo gane sería un justo reconocimiento para una carrera como la que ha ido forjando en todos estos años, pero no es algo esencial. Si ha logrado papeles tan emblemáticos como los de Boogie Nights (1997), The Big Lebowski (1998), Magnolia (1999), The Hours (2002), Children of Men (2006) o The Kids Are All Right (2010), se debe a su propia capacidad para encarnar a esos personajes, y no a un premio determinado. Con o sin Óscar, ella será por siempre Julianne.

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