Selma (2014)

Selma_posterLa promulgación de la ley de derechos civiles en julio de 1964 constituye un verdadero hito dentro de la historia de Estados Unidos, al prohibir la segregación racial en lugares como las escuelas y el trabajo. Sin embargo, sin una aplicación correcta, una ley no es más que un pedazo de papel, un gesto simbólico que en la práctica no tiene mayor trascendencia. Si en la película 12 Years a Slave (2013) veíamos cómo los afroamericanos eran considerados meros objetos, pudiendo ser vendidos y obligados a trabajar en condiciones inhumanas, en Selma (Selma: El poder de un sueño) tienen la calidad de personas, pero están incapacitados de poder ejercer plenamente sus derechos.

La situación se generaba sobre todo en las zonas del sur del país, donde la esclavitud tuvo un mayor rol dentro de la economía y el racismo se encontraba impregnado en su cultura. Estados como Georgia, Louisiana y Mississipi formaron parte del bando perdedor en la guerra civil estadounidense, así que veían con recelo las reformas que emanaban desde Washington. Una ciudad en particular, Selma, perteneciente a Alabama, vivió algunos de los momentos más crudos durante este período, lo que adquirió notoriedad a nivel nacional luego de una explosión que mató a cuatro niñas afroamericanas en una iglesia. El atentado fue solo una demostración de la violencia que debía aguantar la población de raza negra en aquel lugar, donde no podían ni siquiera ejercer su derecho a voto, pese a que estaba garantizado en la ley. Sin sufragar, estaban a merced de lo que las autoridades blancas decidieran, ya que no tenían la opción de elegir a otros candidatos.

Esta película gira en torno a los hechos ocurridos en la ciudad, hacia donde viajó Martin Luther King (David Oyelowo), uno de los principales líderes del movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos. La cinta abre con la ceremonia donde King recibe el premio Nobel de la paz, después de la dictación de la ley de derechos civiles, con el fin de demostrar que pese a este importante reconocimiento, su lucha no había terminado aún. La idea de King y sus colaboradores consiste en presionar a las autoridades a través de protestas pacíficas, con el fin de que apliquen la ley como corresponde. El protagonista no solo debe lidiar con la oposición de las autoridades locales, como el gobernador de Alabama, George Wallace (Tim Roth), sino también con personas que se encuentran cercanas a su pensamiento, pero con quienes difiere en torno a los métodos a utilizar o a la forma en que se debe aplicar la ley, incluido el propio presidente Lyndon B. Johnson (Tom Wilkinson).

Con temas como la discriminación racial, las protestas y la brutalidad policial, Selma es una cinta tan relevante hoy como si hubiese sido estrenada hace cuarenta años. Las muertes de Michael Brown en la ciudad de Ferguson, o la de Eric Garner en Nueva York, sirven como muestra de que la tensión racial está lejos de haber sido resuelta. El estreno de Selma puede ser visto como algo que ocurrió en el momento preciso, pero a decir verdad la situación es de tal envergadura que cualquiera haya sido el año de estreno, sería siendo una cinta importante. La violencia racial no consiste en hechos aislados, sino que en un problema mucho más profundo. Antes de Brown y Garner estuvo Trayvon Martin, y antes de él hubo otros casos, y lo más probable es que sigan ocurriendo.

Al estar basada en hechos históricos, que involucran a una de las figuras más respetadas en Estados Unidos, el desafío de llevarlo a la pantalla no era sencillo. Martin Luther King levanta un aire de admiración que trasciende sectores políticos, y su carácter de ícono es conocido a lo largo del todo el mundo gracias a momentos tan emblemáticos como su discurso “I have a dream”. La oratoria del personaje es lograda con creces gracias al guion de Paul Webb, que tenía la tarea de escribir los discursos de King desde cero, ya que los derechos para utilizar los verdaderos discursos pertenecen a Dreamworks y Warner Bros. El guionista es capaz de cumplir con la tarea, la que es complementada por una gran actuación de David Oyelowo que transmite la pasión que King empleaba en aquellos momentos donde le hablaba a miles de personas.

Pero la reverencia a una figura histórica también puede convertirse en un obstáculo al momento de hacer una película, ya que limita las maneras en que será mostrado el personaje. La imagen de Martin Luther King, al igual que otras personas que tuvieron un rol importante dentro de la historia, ha sido simplificada con el pasar de los años, hasta convertirse en una visión simplista de lo que realmente era. La directora Ava DuVernay decide desmarcarse de la situación mostrando al personaje con los matices de una persona de carne y hueso, y no con la grandiosidad de una efigie intocable. El resultado termina siendo más efectivo que el de otra cinta basada en un personaje histórico de Estados Unidos, como es Lincoln (2012) de Steven Spielberg, donde el protagonista era tratado con tal veneración que llega a ser infalible; en todo sentido.

El Martin Luther King de Selma no es representado de esa manera. Durante sus discursos demuestra el ánimo que le es conocido, y hay ocasiones donde refleja una gran sabiduría al momento de enfrentar ciertos problemas, pero también se le puede ver confundido, aquejado por la carga que fue puesta sobre sus hombros. Debido al constante riesgo al que está expuesto, y a su calidad de figura pública, el protagonista debe buscar el equilibrio entre la lucha por los derechos de los afroamericanos y vivir lo suficiente para ver cómo sus hijos crecen. Esto le trae más de un problema con su esposa Coretta (Carmen Ejogo), quien debe aguantar las llamadas anónimas que recibe en su propia casa. Es en estas escenas más íntimas donde vemos al King cercano, al que está en un constante dilema acerca de su rol en este complejo proceso.

La cinta además destaca el lado más pragmático del protagonista, mostrando un aspecto de su activismo que no es tan conocido como sus discursos. Para presionar a las autoridades y generar conciencia entre la población no basta con marchar, por lo que King recurre al poder de los medios de comunicación y a la manera en que éstos influyen en la opinión pública. Durante estas secuencias se ve al King estratega, al que piensa en la forma en que las acciones del movimiento serán vistas por el resto de los estadounidenses y a los riesgos que asumirá para alcanzar su objetivo. Así, se demuestra que la no-violencia no se basa en la pasividad o en implorar al cielo, sino que a emplear de la mejor manera las herramientas que están a su alcance.

Los esfuerzos por mostrar a los personajes como personas, y no como caricaturas unidimensionales, también se notan en casos como el de Lyndon B. Johnson. El presidente, que se ha transformado en una figura casi tan respetada como Martin Luther King, es mostrado en la película como alguien inseguro, que ve las demandas del activista con cautela. No es que se sugiera que Johnson estaba en contra de poner fin al racismo, sino que sus prioridades estaban en otro lado, como en disminuir la pobreza. Es positivo que la cinta decida mostrar que las reformas históricas no se lograron con consensos inmediatos ni a través de procedimientos exentos de problemas. Cuestiones como la presión ciudadana y los poderes fácticos son factores de gran relevancia dentro de los cambios políticos que ocurren en un país, y omitirlos sería contar la historia de forma incompleta.

Otro de los puntos complejos que la cinta debía superar era la forma en que sería representada la violencia. Ava DuVernay realiza un buen trabajo en este aspecto, logrando un equilibrio entre el respeto que las víctimas merecen y la necesidad de transmitir la fuerza de estos actos. Así, se evita caer en un efectismo aparatoso, sino que se opta por crear imágenes que tengan la suficiente carga emotiva. Una técnica interesante que emplea DuVernay a lo largo del metraje es la utilización de extractos de informes del FBI, que de vez en cuando aparecen en la pantalla para reflejar la presión que recaía sobre King durante sus años de activismo. El constante escrutinio del que era objeto demuestra la desconfianza que provocaba entre las autoridades del país, y que su lucha fue más compleja de lo que creemos.

Selma merece los elogios que ha recibido por contar una historia potente, que resulta cercana incluso para aquellos que no vivimos en Estados Unidos. La cinta escapa de las convenciones más cuestionables de las biopics para centrarse en el lado humano de sus personajes, quienes no son mostrados como meras piezas dentro del engranaje de la historia, sino que como personas que tenían sus propias visiones y problemas. Pero además de todo esto, se trata de una película que entrega un mensaje de suma importancia, llamando a aquellas personas cuyos derechos son pisoteados a que se levanten y hagan saber su descontento. Ya sea el racismo, la desigualdad socioeconómica o el derecho a la educación, la película llama a continuar luchando.

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