Mr. Turner (2014)

mr-turner-posterMr. Turner es una película biográfica poco convencional, centrada en la vida del pintor inglés J.M.W. Turner, considerado uno de los pintores más importantes en la historia de aquel país. Es poco convencional ya que no recurre a los lugares comunes que pueblan las biopics, donde se intenta llenar la película de hitos y sucesos “importantes”. En esta cinta el foco se encuentra en las situaciones del día a día, en el entorno cotidiano del protagonista. El motor de la película no recae en lo que ocurre durante el metraje; de hecho, la estructura no está claramente dividida en un inicio, un desarrollo y un desenlace, sino que estos actos son más difusos. Estamos más ante un estudio de personaje que ante una cinta dominada por la trama.

El centro de atención son los últimos 25 años de vida de Turner, que transcurrieron en pleno siglo XIX. El director Mike Leigh se encarga de adentrarnos en el mundo del protagonista poniendo énfasis en su quehacer diario. De esta manera, lo vemos preparando sus óleos, haciendo bocetos, asistiendo a reuniones sociales, conversando con posibles compradores de sus obras. Esta atención por los detalles hace que el entorno en el que se desenvuelve el protagonista sea creíble. Otra película biográfica podría haber optado por un tratamiento más superficial de la actividad, pero Mr. Turner tiene claro que una de las maneras de hacer que su personaje principal sea cercano es mostrándolo de manera natural.

La cinta evita además ese repetido cliché del artista incomprendido o del genio solitario. No hay ninguna escena en toda la película donde veamos a Turner en un momento de epifanía, donde esté absorto en su trabajo mientras suena música motivacional que le otorgue una excesiva importancia al momento. El protagonista hace su trabajo no guiado por la búsqueda de un reconocimiento vacío ni movido por una misteriosa fuerza que solo los genios pueden comprender. Su tarea es mucho más aterrizada que eso, y su objetivo consiste en transmitir la belleza que existe a su alrededor, capturando el carácter efímero del presente.

Si bien Turner fue un pintor ampliamente reconocido, incluso durante su vida, la película no deja de lado los momentos más complejos. De hecho, la elección de narrar sus últimos años de vida va acompañada de algunos de los hechos más difíciles que debió atravesar el artista, como la muerte de su padre o la hostilidad que recibieron sus obras más experimentales en la sociedad de la época. Uno de los pocos puntos de apoyo que tuvo el personaje durante esta época fue la relación que mantuvo con Sophia Booth (Marion Bailey), una viuda que conoció durante sus viajes a la costa del país. Durante sus primeras interacciones, la mujer no sabía que Turner era pintor, lo que liberó al artista de la carga de su fama. Quizás esto fue lo que atrajo al protagonista a Booth, una manera de escapar de la presión del prestigio que lo seguía constantemente en Londres.

A pesar de lo impresionante que resultan los palacios y los objetos mostrados en la cinta, la sociedad en la que está ambientada la historia no ha sido maquillada. Se le retrata como una época donde priman el estatus y las apariencias sobre el resto de las cosas, con la ostentación como pilar principal. La apreciación del arte obedece más a razones de moda y presión de los pares que a un análisis serio de las obras. Esto explica, por ejemplo, que las pinturas del último período del protagonista hayan sido desestimadas pese a servir posteriormente como base para lo que se transformaría en el movimiento impresionista.

Lo interesante de Mr. Turner es que el protagonista también está lejos de ser perfecto. Los buenos modales no son su especialidad, y la relación que tiene con las mujeres deja mucho que desear. Aunque tiene dos hijas, la interacción con ellas se limita a las visitas que su expareja realiza a su hogar, y cuando otros personajes le preguntan si tiene hijos, el pintor las niega. Timothy Spall interpreta a Turner como un hombre tosco, de caminar pesado. Al momento de comunicarse con otras personas recurre más a balbuceos, gruñidos y bufidos que a palabras, lo que le otorga un aire animalesco. Sus propias técnicas de pintura son poco tradicionales, llegando incluso a recurrir a los escupitajos para crear sus obras. Todo esto contrasta enormemente con el resultado de sus pinturas, que lograban transmitir una belleza y emotividad únicas.

A lo largo del metraje se juega con este contraste entre decadencia y hermosura. La fotografía de Dick Pope tiene una calidad innegable, utilizando planos generales que sacan a relucir el trabajo del diseño de producción y los vestuarios. La composición de estos planos, los tonos utilizados, el tipo de iluminación, todos estos elementos buscan recrear las imágenes que Turner capturó a través de sus pinceladas. El resultado se puede notar sobre todo en las escenas exteriores, donde la luz natural es aprovechada al máximo, con los distintos colores que se pueden apreciar dependiendo de la hora en que es filmado el momento. La idea de que el tipo de luz y los colores van cambiando a lo largo del día es un tema que también le interesaba al pintor, que escogía con cuidado el tipo de iluminación presente en sus obras.

Es necesario aclarar que estas imágenes que son placenteras a la vista no son lo único destacable de la obra. Las películas históricas pueden beneficiarse de los decorados y las vestimentas para crear un espectáculo que llame la atención, pero sin una historia o personajes llamativos se arriesga el caer en la monotonía. Mike Leigh evita esto gracias a la atención que demuestra por sus personajes, algo que ha caracterizado a su filmografía. Turner y el resto de las personas que vemos en la pantalla habitan ese mundo de manera natural, con diálogos que no resultan forzados ni artificiales. La cinta incluso cuenta con una pizca de aquel humor británico tan particular, que permite otorgarle al relato una mayor agudeza. A pesar de las dos horas y media de duración, el transcurso de los minutos resulta fluido.

El protagonista de Mr. Turner es mostrado con sincera humanidad, sin recurrir a la deificación ni a la demonización que a veces se ve en las películas biográficas. Se trata de un personaje complejo, tan hosco como sensible. En algunas escenas lo vemos demostrar una mínima atención por las personas que están a su alrededor, pero al tratarse de quienes realmente le importan refleja un enorme cariño. El Turner de esta cinta no puede ser reducido a un único adjetivo, y ahí es donde se encuentra el mérito de la cinta.

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